La primera gran noticia del fin de semana fue el masivo auxilio que recibió España de la Comunidad Europea. Sobre los efectos que tendrá esto para el resto del mundo no hay mucho para comentar, más allá de que por un tiempo alivia los temores por las repercusiones que podría tener una salida del euro o un default de los griegos, luego de las elecciones del próximo 17. Como es esperable, el Gobierno de Madrid declara que el apoyo obtenido es una «victoria», mientras la oposición lo tilda de «claudicación», pero nada de esto responde sobre si en un plazo algo más largo el dinero comprometido será suficiente para evitar que la península entre en una crisis más profunda (lo que está claro es que no está destinado ni alcanza para estimular la economía y que ata de manos a Rajoy). La segunda gran noticia, que más que noticia fue rumor, es que la idea de que el BCE emita eurobonos -algo a lo que Alemania venía oponiéndose firmemente- avanza y pronto podría salir a la luz. La contrapartida de esto es que también está avanzado el plan para instrumentar una auténtica Unión Fiscal Europea, donde los Estados miembros no puedan recurrir más a los mercados en busca de dinero.
En realidad, ninguna de las dos noticias -que alivian un poco, pero no eliminan la crisis europea- fue realmente inesperada. Pero más que a lo sucedido en el Viejo Continente, los inversores apostaron los últimos días a que la Reserva Federal implementaría una nueva batería de medidas de estimulo financiero/económico. Así, el Dow terminó avanzando en la semana un 3,6%, la mayor suba en lo que va del año (el viernes trepó el 0,75%, a 12.554,2 puntos, pero con un volumen un 14 por ciento debajo de lo habitual), de la mano del sector financiero, que ganó casi el 5% (1,6% el viernes).
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