- ámbito
- Edición Impresa
Bush va por su última batalla: salvar su legado
George W. Bush dedicó ayer parte de su último día en el poder a despedirse telefónicamente de los colegas del mundo con los que tuvo mejor relación. Se va con niveles de popularidad similares a los de Richard Nixon tras el estallido del escándalo Watergate.
Los obamistas que recorren las extensas calles de Washin-gton están pensando más en lo que viene que en culpar al republicano de todos los males. Quizás por desprecio, apenas lo nombran, aluden a él como «estos ocho años», «la administración anterior». Su nombre genera gestos amargos, risas cómplices, suspiros.
Seguramente exacerbada por las características políticas de la ciudad y el momento que vive, a horas de la histórica asunción de Barack Obama, la opinión pública local magnifica la encuesta de The Washington Post-ABC que señala un 66% de desaprobación para el presidente saliente, lo que equipara al republicano con su colega Richard Nixon en el momento previo a ser desalojado de la Casa Blanca. Como planea hacerlo Bush, el hombre del Watergate también emprendió una batalla con la historia debatiendo públicamente, hasta crear finalmente el Nixon Center poco antes de morir.
Nancy, de más de 50 años, empleada estatal, llegó a Washington desde California. En medio del Mall que será ocupado hoy por multitudes, mira el horizonte cuando escucha la palabra «crisis». Prefiere hablar de Obama para criticar a Bush. «Va a encarar el Gobierno como la administración anterior no lo hizo, que puso en marcha una maquinaria de guerra. Ahora existe un apoyo público para una solución humanitaria para las guerras. Hay que cambiar el tono, la gente ha sido muy materialista estos años».
Más allá de la influencia atribuida a halcones como Donald Rumsfeld, Dick Cheney o Condoleezza Rice, lo cierto es que Bush ha reivindicado pública y privadamente, según recogió la prensa local, las grandes líneas de lo hecho por su Gobierno.
Algunos datos concretos permiten enmarcar su legado. La caída de la economía se siente en datos tan ciertos como el desempleo del 7,2%, la cifra más alta en 16 años, y en los centenares de miles, hasta millones, de afectados por las hipotecas impagables. Mientras, se mantienen los 50 millones de estadounidenses sin asistencia sanitaria, el segmento más vulnerable de la población. La crisis se tragó a gigantes financieros y podría llevarse consigo, a un costo social gravísimo, a actores centrales de la industria, con la automotriz en primer lugar.
No bien asumió, el republicano revirtió el superávit dejado por Bill Clinton en torno a los u$s 240.000 millones. Desatada la guerra de Irak, el déficit merodeó los 500.000 millones, que luego comenzó a bajar, y ante el descalabro económico, podría alcanzar cifras aún más siderales. Hoy, antes del próximo cambio, ya se lo calcula en 1,2 billón de dólares.
La otra catarata de números proviene de las guerras desatadas. Al día de hoy, 150.000 soldados estadounidenses combaten en Irak. Según cifras de organizaciones humanitarias, allí murieron más de 100.000 iraquíes, en tanto que 5.000 militares de EE.UU. cayeron desde que comenzó la guerra en 2003. En el otro frente abierto en Afganistán, 35.000 efectivos combaten contra el resurgimiento de los talibanes. Mientras, Osama bin Laden graba mensajes. Bush sostiene que la presencia estadounidense en ambos países «liberó» a 50 millones de personas.
Se estima que las guerras le cuestan anualmente al país 160.000 millones de dólares. Más allá de los números, hay que mencionar el limbo jurídico de Guantánamo que mantiene en sus celdas a más de 200 sospechosos de terrorismo, las torturas masivas en la cárcel iraquí de Abú Graib, el deterioro de la situación en Medio Oriente y la avanzada sobre derechos civiles que eran considerados sagrados para los estadounidenses.
Haciendo uso de su habitual frescura para comunicarse con el pueblo y la capacidad para ironizar sobre sí mismo, Bush definió hace pocos días que el mega think tank que construirá, que incluirá una biblioteca y el Freedom Institute con el que «promoverá la democracia en el mundo», no será el «Centro George Bush Es Una Persona Maravillosa».
Sus ejes, según un vocero, serán «la libertad, la compasión, la oportunidad y la responsabilidad individual». No sólo será una usina de debates, sino que tratará de influir en las políticas públicas, aclaró Mark Langdale, citado por The Washington Post.
Bush se dedicó ayer a despedirsede los colegas con los que se llevó bien, como el italiano Silvio Berlusconi y el ruso Dmitri Medvédev, entre otros. También saludó a Luiz Inácio Lula da Silva, quien lo invitó a pescar.
Tras la entrega del mando, se refugiará en su pueblo de Midland, Texas, donde lo homenajearán, y luego irá al rancho de Crawford. Ya invirtió u$s 2,1 millones en una vivienda en el barrio hiperexclusivo Preston Hollow de Dallas, a poca distancia de la Southern Methodist University y de la oficina que le será asignada como ex presidente.
Se sumará así a la lista de activos ex mandatarios, como Bill Clinton, que cobra fortunas por conferencias, o Jimmy Carter, que promueve mediaciones en conflictos.


Dejá tu comentario