En sobremesas informales, después de las ruedas coloridas del «viejo recinto», Casado -especie un tanto exótica, porque sus bienes estaban en Paraguay-siempre era distinguida dentro de las «perlas» de las pizarras. Por aquel entonces productora de «tanino», el acento sobre ella siempre se colocaba en las enormes extensiones de tierras que poseía. El mundo siguió andando, la tierra ocupa hoy un sitial de bien muy preciado y la
ción aceleró su paso. La compañía desarrolló en ellas proyectos ganaderos, también agropecuarios, buscó asociaciones -como con Cresud-para ir ganando en importancia. Y teniendo en tales rubros muy buenas perspectivas, que aumentan año tras año. Pero el fuerte de Casado sigue estando en sus extensiones y el ritmo al que se están apreciando. Acaba de cerrar ejercicio y más allá de ingresos productivos, el cuadro brilla desde el renglón de «tenencias». Donde se anotan casi $ 78 millones y que al deducir impuestos -$ 25 millones-originan línea final en casi $ 51 millones de beneficios. En 2010 cerró con utilidad por $ 2,5 millones y el segundo mejor año, en el quinquenio había sido 2008 (cuando también «tenencias» había hecho fuerte aporte). Culminó con ganancias del 90 por ciento de su actual capital, el 34 por ciento sobre patrimonio neto, con liquidez muy holgada y valor libros de $ 2,34. En Cresca -la sociedad con Cresud-se realizaron inversiones (21 kilómetros de caminos, perforaciones para irrigaciones, etc.), dando robustez al segmento agropecuario. Su nuevo trayecto promete ser movido.
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