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Caciques en fuga: dispositivo K pierde otra pieza (suma Massa)
Alberto Weretilneck, Carlos Zannini, José Manuel de la Sota y Jorge Capitanich
Alberto Weretilneck, gobernador de Río Negro, dio en estos días su último grito de alerta antes de mudarse al Frente Renovador (FR) de Sergio Massa y convertirse en el primer gobernador que integró oficialmente el Frente para la Victoria (FpV) y migra a un campamento opositor. La decisión ya parece irreversible, pero para miércoles o jueves está pautada una reunión entre Weretilneck y el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich.
La cumbre está agendada hace semanas, pero se fue postergando, la última vez por pedido del rionegrino. Esta semana, si no hay cambio sobre la hora, Weretilneck volverá a Casa Rosada quizá con la peregrina expectativa de que Capitanich le prometa el escudo protector que reclama, o suplica, hace meses. Puede, quizá, que sea sólo un protocolo gentil, una visita para confirmar lo que intuye: que la apuesta del oficialismo en Río Negro, aun con grises y recelos, Miguel Ángel Pichetto y eso vuelve incompatible su permanece en el espacio K.
Desapego
El expediente del rionegrino explicita, una vez más, el visible desapego de Cristina de Kirchner a zambullirse en asuntos de política pura y dura, oficio que fascinaba, y además ejercía con ciertas destrezas Néstor Kirchner. En esencia, hace meses Weretilneck tira botellas al mar con reclamos de contención política que la Presidente ignoró sistemáticamente. Weretilneck, que llegó a la vice producto de la transversalidad K desde el Frente Grande y se convirtió en gobernador tras la muerte violenta del peronista Carlos Soria, profundizó una sangría que, por la negativa, empezó en marzo pasado cuando los gobernadores del PJ, con José Luis Gioja como puntal, planearon un paco que incluyera a tres peronistas enfrentados con la Casa Rosada: el cordobés José Manuel de la Sota, el puntano Claudio Poggi y el santacruceño Daniel Peralta.
La cena del perdón se organizó en territorio neutral, un quincho del Ejército en Las Cañitas, pero en pocas horas todo se dinamitó: la mesa familiar de los Rodríguez Saá se alteró y Poggi se bajó de la cena, y la irrupción de Carlos Zannini truncó -o sirvió como excusa- para que De la Sota entienda que no había posibilidad de acuerdo sin la intromisión de los ultra -K.
Por una lógica de pago chico, Peralta mandó una nota y aceptó permanecer, en estado de tensión permanente, dentro del dispositivo K. Con esas bajas, más la de Weretilneck, cuando en marzo se proyectaba un armado panperonista con 20 gobernadores, deriva cinco meses después, en una cofradía con 17 que aparece, además, cruzada por incertidumbre y alertas.
De la Sota, Poggi y Weretilneck engordan, además, el espacio opositor de matriz peronista que se para, competitivo, delante del kirchnerismo: el massismo. El resultado del fallido pacto de Las Cañitas todavía se siente: aunque el peronismo normalizó los mandos del Consejo Nacional, en estos tiempos resulta impensable armar una juntada de gobernadores sin que se convierta en una jornada de diván grupal con lamentos y reproches.
Weretilneck tendrá, si la cita no se detona, la chance de desahogarse con Capitanich y a la vez blanquear las razones de su fuga, además de repetir el despecho que siente de que fue víctima por parte de Olivos, tal como contó hace tiempo, en la fiesta de cumpleaños de un empresario petrolero, donde se cruzó con Massa.
Petróleos
Un argumento formal del gobernador es que Pichetto, jefe del bloque de senadores oficialistas y declarado candidato a gobernador en Río Negro, frena la sanción de una ley para renovar una licencia de explotación a Petrobras, que está congelada en la Legislatura por el rechazo explícito de los parlamentarios que reportan a Pichetto.
La ley asoma, para el gobernador, como un Santo Grial. La renovación le otorga al Gobierno rionegrino un fondo de casi 100 millones de dólares anuales que pueden servir para relanzar la gestión de Weretilnek pensando en 2015. Para Pichetto, que argumenta cuestiones contractuales, sería un golpe porque daría al gobernador un instrumento para proyectar, con recursos frescos, su reelección.
Weretilneck tiene, a la vez, otro elemento para tirar sobre la mesa de Capitanich: Pichetto aparece como el exponente de Daniel Scioli en Río Negro mientras que los ultra-K, vía Los Oktubres que esponsorea Julio De Vido, incorporaron a Martín Soria, el otro candidato a gobernador. Con ese mapa perfilado, Weretilneck entiende que no le queda cancha para jugar por adentro del oficialismo, y enfila hacia Massa que registra buenos índices de intención de voto en Río Negro.
Aunque Massa dialoga con el grueso de los gobernadores del PJ, no puede vencer una objeción básica: aunque entre los caciques es sistemático el malestar sobre cómo se maneja la Casa Rosada, se amparan en que la división del peronismo implicaría facilitar el triunfo de candidatos no PJ por lo cual prefieren apostar a la unidad aunque sea, a esta altura, sólo un recurso para ganar tiempo y esperar que se aclara el panorama.


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