14 de febrero 2013 - 00:00

Calidez y melancolía en San Pedro

Roma - Júbilo y emoción en la audiencia general y en la última gran liturgia oficiada por el papa saliente Benedicto XVI con motivo del Miércoles de Ceniza.

La explosión de alegría no se hizo esperar: despacio y con cuidado avanzaba Benedicto XVI a su asiento en la sala de audiencias vaticana al tiempo que extendía los brazos para saludar a los miles de fieles congregados, cuando se oyeron los primeros gritos: "¡Viva il Papa!".

Los fieles gritaban, ondeando banderas aplaudiendo y esperaban con tensión las primeras palabra públicas del líder de la Iglesia Católica tras el anuncio inesperado que conmocionó al mundo. Benedicto parecía liberado, pero no pudo ocultar su cansancio al inicio de sus dos grandes apariciones en un solo día.

Muchos asistentes se emocionaron y mostraron su agradecimiento al Pontífice con aplausos, música o simplemente a gritos. Y el Papa les devolvió las gracias con palabras que parecían salir del corazón.

Su discurso reflejó la carga que el poder significaba para Joseph Ratzinger, de 85 años, pero también el anuncio de su renuncia a fin de mes. Primero habló con voz fuerte y firme, pero en el transcurso de la audiencia general, de más de una hora, en la que se dirigió a los fieles en diversos idiomas, se lo escuchaba cada vez más bajo. Además tuvo que empezar de nuevo algunas frases y en algunos momentos incluso era difícil entender sus palabras.

Emocionado se mostró el Pontífice cuando un coro escolar italiano cantó en su idioma materno, el alemán, las canciones «Großer Gott, wir loben Dich» (Gran Dios, te alabamos) y «Lobe den Herren» (Alabado sea el Señor).

También la banda de música del municipio alemán de Ruderatshofen, de AllgTMu, en el sur de Alemania, acudió a la audiencia. "En el viaje a Roma conocimos la noticia de la renuncia y creíamos que se trataba de una broma de lunes de carnaval", contó el alcalde Johann Stich.

"Parece frágil, creo que su decisión es la correcta", afirmó también una peregrina procedente de Deggendorf, en Baja Baviera.

Pocas horas después le siguió la segunda gran aparición del día del Pontífice: con la liturgia del Miércoles de Ceniza ofició su última gran ceremonia en la Basílica de San Pedro. El interés era tal que la celebración tuvo que trasladarse allí, cuando originalmente estaba previsto realizarla en la Basílica de Santa Sabina, en el monte Aventino.

Miles de personas habían acudido horas antes para asegurarse un lugar. Decenas de equipos de televisión y cientos de periodistas siguieron también la liturgia. Los asistentes se mostraban emocionados, pero también reconocían el cansancio visible en el Pontífice.

Agencia DPA

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