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Cameron arriesga la economía en su pelea imprudente con Europa
El primer ministro, David Cameron, intensificó su campaña en los distritos con mayor número de indecisos. Ayer ayudó a construir casas en Lancaster.
Los pronósticos son concluyentes: el Brexit (la salida británica de la UE) será negativo para la economía de Reino Unido. "Los estudios económicos sugieren que el impacto negativo sería grande: estamos hablando de puntos porcentuales del Producto Bruto Interno (PBI) por las pérdidas derivadas del comercio", explicó a Ámbito Financiero, Simon Wren-Lewis, economista y profesor de la Universidad de Oxford.
De acuerdo con el think tank Open Europe, el costo ascendería a 56.000 millones de libras esterlinas (76.060 millones de euros) hasta 2030, lo que equivale a un descenso del 2,2% del PBI. Los principales afectados serían las empresas exportadoras de bienes y servicios, que representan el 30% del Producto Bruto Interno británico, y que venden el 40% de sus productos a los miembros de la UE. "Sin duda los efectos serán negativos", agregó Wyn Grant, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Warwick, en Conventry, quien no obstante aclaró que "mucho dependerá de qué tipo de acuerdo de asociación pueda ser negociado para dar acceso al mercado interior". En esa línea, los analistas consideran que un tratado de libre comercio reemplazaría la pérdida de algunos puntos del PBI por un crecimiento del 1,6% de ese indicador. Sin embargo, los pasos burocráticos para alcanzar un TLC serían extensos y demoraría años en hacerse efectivo.
Para Cameron, jugarse miles de millones de libras en la ruleta electoral es un precio que está dispuesto a pagar con tal de lograr un triunfo que, hasta el año pasado creía asegurado, y que hoy es incierto debido al empate técnico con Ed Miliband, del Partido Laborista.
Con un clima cada vez más euroescéptico dentro de las fronteras británicas y el UKIP de Nigel Farage (tercero en los sondeos) enarbolando esa bandera, echar mano del histórico recelo de Reino Unido con la UE fue una estrategia que el premier creyó, en principio, simple pero que podría terminar por arrinconarlo. Pese a prometer el referendo, Cameron dijo estar en contra de la salida de la UE y sí a favor de un reforma del bloque, y proyectó que su posición ganaría la consulta. Pero la historia reciente, con el referendo independentista de Escocia que casi pierde, le enseño que la seguridad absoluta no existe en política.
"Para Farage es una cuestión de principios. Cameron en cambio cree que puede ganar un referendo, pero es un gran riesgo", afirmó Grant.
En la misma línea, Wren-Lewis advirtió que el premier conservador "tiene una opción mucho más difícil: parece que quiere permanecer en la UE, pero una gran parte (tal vez la mayoría) de su partido cree firmemente que debemos dejarla".
La sombra de la Brexit ya planea sobre el mercado británico generando incertidumbre y, para muchos analistas y consultoras, amenazando el exitoso balance económico del premier: sacar al país de la recesión (el país es el que más crece del G7, 2,8% en 2014), bajar el desempleo al 5,6% (el menos en seis años) y mejorar los ingresos reales.
La mayor agrupación de fabricantes británicos, EEF, mayoritariamente apoya la permanencia (85% de sus integrantes) mientras que la Confederación Británica de la Industria (CBI, por sus siglas en inglés) cifró entre 62.000 y 78.000 millones de libras anuales (entre el 4 y el 5% del PBI) el beneficio de pertenecer al bloque europeo. Deloitte, tras una encuesta a líderes de las principales compañías británicas, calificó a las elecciones como la mayor amenaza para hacer negocios a raíz de las promesas de los candidatos mientras que la calificadora Moody´s advirtió que una mayor probabilidad de que el Reino Unido deje la UE podría dar lugar a calificaciones negativas a mediano plazo.


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