27 de septiembre 2011 - 00:00

Candela: ¿detienen a autor intelectual?

Un hombre quedó ayer detenido por el crimen de Candela Rodríguez y se investiga si fue el autor intelectual de ese secuestro y posterior homicidio.

Según indicaron fuentes judiciales, el móvil del asesinato habría sido una «venganza» contra alguna persona relacionada con la familia de la niña, probablemente contra el padre de Candela, Alfredo Rodríguez, quien nombró en una lista de posibles o potenciales enemigos al hombre detenido ayer.

El nuevo apresado es Héctor Horacio Moreira, alias «el Topo», quien según su abogado, Sergio Doutres, se negó ayer a la tarde a declarar en su indagatoria ante el fiscal de Instrucción Marcelo Tavolaro en los tribunales de Morón.

Fuentes judiciales y de la investigación señalaron que este nuevo detenido está acusado de haber sido el autor intelectual del crimen de la niña y que el motivo sería una venganza. Estos mismos informantes señalaron que, además de la declaración del padre de Candela, surgieron elementos que apuntaron a Moreira del análisis del entrecruzamiento de llamados telefónicos.

«Moreira conoce a Rodríguez porque su hermano convivió con una hermana del padre de Candela, pero se trata de una relación de hace quince años aproximadamente», explicó el letrado. Doutres señaló que su defendido asegura no conocer a ninguno de los demás detenidos que hay en la causa, a Candela ni a la madre de la niña, Carola Labrador.

Doutres informó que su defendido fue aprehendido el domingo por la Policía en su casa de la localidad de Villa Ballester, partido de San Martín, en el noroeste del conurbano, y que ayer fue notificado de que permanecería detenido formalmente por orden del juez de Garantías Alfredo Meade. Respecto del crimen de Candela, Doutres dijo que el fiscal le leyó una «acusación genérica» imputándolo de «formar parte de la organización» del hecho.

Por el caso permanecen detenidos el carpintero Néstor Ramón Altamirano, acusado de ser el «cuidador» de Candela en sus días de cautiverio; Gladys Cabrera, dueña de la casa de Kiernan 992 de Villa Tesei donde se halló el ADN de la niña; y el uruguayo Hugo Bermúdez, imputado como autor material.

También siguen apresados el albañil Alberto Espíndola, el fletero Guillermo López y el verdulero Gabriel Gómez, quienes están acusados de ser «partícipes necesarios», al igual que Altamirano y Cabrera.

Mientras que los torneros Alfredo Monteros, su hijo del mismo nombre, y el fletero Gustavo Valenzuela están acusados de «encubrimiento agravado» y se encuentran excarcelados.

Por otro lado, en la causa hay un prófugo identificado como «L.J.» que, según el acusado Espíndola, «se le hacía el novio» a la víctima para acceder a un dinero que tenía oculto la madre de la niña que terminó por ser asesinada en el marco de una «extorsión» para obtener ese botín.

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