- ámbito
- Edición Impresa
Canta Parodi, y el peronismo pierde silla en el gabinete
• Decreto de necesidad y sorpresa: la cantante reemplaza al peronista Coscia en Cultura, que vuelve a ministerio
Cristina de Kirchner tomó ayer juramento como ministra de Cultura a la cantante folk Teresa Parodi, sin militancia partidaria. Va en lugar del cineasta Jorge Coscia, que venía de la era Duhalde.
Cuando Jorge Capitanich explica cómo mejoró su caudal de votos en el Chaco entre la primera y la segunda elección, suele contar que decidió atender la demanda de la burguesía urbana hacia las manifestaciones culturales. A eso obedece el énfasis que le da el Gobierno a la restauración del palacio de Correos -faena a cargo de Julio De Vido-, que aspira sea en la inauguración algo equivalente a lo que fue el Teatro Colón para Mauricio Macri en 2010, un salto de prestigio.
Parodi, a quien ayer le tomó juramento Cristina de Kirchner en el Salón Blanco, tiene público como profesional del canto, no tiene militancia partidaria, pero ha merodeado siempre la política desde una militancia de escenario, la misma que le hace a un León Gieco vestirse casi con un uniforme -lleva las armónicas en bandolera- y es, según el Gobierno, una mejor señal hacia el público porteño que Coscia. Ha tenido un cargo menor en el museo de la ESMA y pasó fugaz por la gestión de Jorge Telerman en la Capital. Severa, seria, militante, ha participado de algaradas políticas en escenarios del Gobierno, pero no se le conocen formulaciones partidarias. Esta cantante que ha emocionado con "Pedro canoero" o la bellísima "La abuela Emilia" no tiene facturas pendientes por esas apariciones más bien neutras, como tampoco habría que levantárselas porque Eduardo Angeloz usase su versión de "Se puede, se puede" para cerrar los actos de su campaña en 1989, o los partidos conservadores de Corrientes -su cuna- empleasen alguna de sus canciones para buscar votos.
El codirector de "Mirta de Liniers a Estambul", "Chorros" y "El general y la fiebre" -en estos títulos, los más conocidos de su filmografía, siempre tuvo el auxilio de un colega- es un militante del peronismo de aparato. Seguramente es el secretario de Cultura que más ha durado en el cargo, pero eso lo había convertido en un resto arqueológico de un país que ya no existe. Entró al gabinete con Eduardo Duhalde como subsecretario del actor Rubén Stella y como director del Instituto del Cine, en donde lo confirmó Néstor Kirchner en 2003. Como tantos de aquellos años se subió al trolebús de Alberto Fernández, que lo hizo diputado nacional en 2005. No terminó el mandato porque debió reemplazar a José Nun en julio de 2009, cuando Cristina de Kirchner soñó con que el sociólogo podía ser embajador en Londres.
Esa procedencia lo distanció de los nuevos aires que trajo la Presidente al escenario, más ligados a los grandes espec-táculos de lo que fue el festejo del Bicentenario, agenda de la cual a Coscia le costó participar. Tenía enfrente a Javier Grossman, el gerente de esas realizaciones y también de extracción no peronista, como que venía de organizaciones libertarias como el centro cultural Babilonia y de una estrecha relación con la gestión de Darío Lopérfido en los gobiernos radicales de la Ciudad y de la Nación.
El peronismo, de pie en la calle de Coscia, un orgánico del PJ porteño con cuyos dirigentes llegó a tener un programa de cable ("Café las palabras", que coanimó con Rafael Bielsa y Eduardo Valdés), se llevaba de patadas con esa nueva generación de la autodenominada La Cámpora, que le puso hombres propios en la cartera como Franco Vitali (hombre de una agrupación de hijos) y le reclamó posiciones en la delegación de Cultura en la Villa 21, que Coscia había cedido a Víctor Ramos, que lo acompaña desde el Instituto de Cine. Entre estos entuertos y su identificación con funcionarios que se fueron, como Enrique Albistur, su posición se debilitó más. No le sirvieron amigos de la otra ribera, como el "Chino" Navarro, otro productor, con Beto Devoto (del film "Néstor Kirchner, la película" dirigida por Paula de Luque, la ex mujer del saliente y doliente Coscia, cuya primera versióbn tampoco gustó mucho en Olivos).
En la noche del martes, Oscar Parrilli lo llamó a Coscia y le pidió la renuncia. No le dijo ni los motivos, ni que la cartera subía a ministerio ni que lo sucedería la Parodi (a quien Cristina había recibido en la tarde de ese día). Dice la leyenda que le ofrecieron una embajada pero que la declinó. El paso de Coscia por el Instituto del Cine le valió varias investigaciones de la justicia que podrían reflotar los senadores de la oposición si les regalaran la posibilidad de analizar un pliego diplomático. Tampoco le leyó uno de los considerandos del decreto de reforma del gabinete extrañamente una norma "de necesidad y urgencia" que parece tenerlo como destinatario, que dice: "la cultura juega un papel mucho más importante del que habitualmente se le atribuye"


Dejá tu comentario