24 de diciembre 2014 - 00:00

Carmen Mesa: de Andalucía a la selva chaqueña

Carmen Mesa: en su espectáculo “Yo me lo guiso, yo me lo como”, que repondrá en enero, realiza una autobiografía cantada, actuada, y en la que también baila y cocina.
Carmen Mesa: en su espectáculo “Yo me lo guiso, yo me lo como”, que repondrá en enero, realiza una autobiografía cantada, actuada, y en la que también baila y cocina.
 Radicada en Buenos Aires desde 2007, la bailaora flamenca Carmen Mesa reparte sus actividades entre ambos lados del Atlántico. Sigue ligada a Andalucía por motivos familiares y a Europa por cuestiones artísticas, pero las muchas tareas que realiza en nuestro país como enseñar cante y baile flamenco a los niños de la comunidad qom, en el Impenetrable la selva chaqueña, la convencieron de no emprender el regreso.

En la primera mitad del año debutó como actriz en una sala del circuito off con el biodrama "Yo me lo guiso, yo me lo como" (texto de Erika Halvorsen y dirección de Gina Piccirilli). En esta suerte de autobiografía dramática, la artista canta, baila y cocina un pollo al ajillo, mientras comparte con el público los principales hitos de su vida y los entretelones del mundo del flamenco. Tras un breve receso, el espectáculo vuelve a escena el próximo 9 de enero a las 21, en el Teatro de la Comedia.

Como todo andaluz que se precie, Mesa habla rápido y con un acento pleno de gracia y musicalidad. Tiene la risa pronta y la capacidad de emocionarse a cada paso, sin perder en ningún momento su entusiasmo. Por eso hay que creerle cuando asegura que al público se le pasa volando el espectáculo: "Es un lindo piropo. Porque una hora y veinte escuchándome a mi solita con todo mi trapicheo... ¡Hay que tener ganas!".

Periodista: ¿Suspendió las funciones de este año para viajar a Europa?

Carmen Mesa:
Fui a visitar a mi familia, como todos los años y a dar varios seminarios intensivos en Lisboa y en la Isla de la Reunión, que es una colonia francesa cerca de Madagascar. Es la segunda vez que voy. Se mueve mucho el flamenco. Parece que no pero ya se lo está bailando en la isla.

Periodista: ¿Qué la motivó a contar su vida en un escenario?

Carmen Mesa:
Yo ante todo soy bailaora de flamenco. He hecho algunos papelitos pero no me formé como actriz y creo sinceramente que mi vida no es ni más ni menos interesante que la de cualquiera; sólo que sentí la necesidad de compartir con el público mi mensaje, esa parte del artista, o de la persona, que uno no ve: cómo es dentro de su casa, con su verdad, con su miedo, con sus ilusiones, con su derrota.

Se crea un clima tan íntimo con el público que todos somos yo. Hace diez años que tenía esta idea en mente, pero necesitaba un equipo profesional para poder concretarla.

P.: ¿De qué es ejemplo su vida?

C.M.:
Yo nací en un Encinas Reales, un pueblecito de Córdoba fronterizo con Málaga. Eramos muchos hermanos y con la muerte de mi padre, a mi madre le costó mucho mantenernos. Como yo era la más pequeña muchas veces me sentaba a su lado en la cocina y me cantaba coplas para tenerme controladita. Desde que tuve uso de razón quise ser artista y estaba todo el día montando el tinglado. ¡Era una pesada! (se ríe) Pero no tenía donde ir a aprender. Era Andalucía, sí; pero no en todos los sitios encuentras escuelas y tablaos. No es un "hola que tal" y todos bailamos, como aquí el tango. A los 23 años le dije a mi madre: "o me voy a intentarlo como sea, o si no, voy a ser la mujer más amargada del mundo. Y me fui a estudiar a Córdoba. Era como una esponjita, enseguida me metieron en el tablao y avancé muy rápido. Y luego, fu, fu, fu... de Córdoba me fui a Sevilla... Esa es la cosa: uno tiene que luchar por conseguir su sueño.

P.: ¿Por qué cocina en escena?

C.M.:
El juego está en que yo conocí a un argentino -por eso me vine en el 2007- y con el pollo al ajillo que le cociné, me lo metí en el bote. Con él estuve seis años y cuando nos separamos, él se fue pa'España y yo me quedé aquí. También hay un doble sentido en ese "yo me lo guiso". Es como decir yo lucho y salga bien o salga mal, me hago cargo de eso. Eso lo aprendí de mi madre que nos educó con mucha cosa positiva, de cuando hay mucho y de cuando no hay nada y de cuando hay que saber esperar. Esos sentimientos son los que yo quiero transmitir. Es como yo me veo y aquí hay mucha verdad y mucha honradez. Es una vida mía y de mi familia y un agradecimiento a este país que tanto me ha ayudado a liberarme, como artista y como persona.

P.: ¿Qué nos puede decir del flamenco?

C.M.:
Es una carrera de fondo, es largo, desde que tú empiezas a taconear hasta que mueves un dedito, una mano. Y, mira, hasta que esta mano (mueve su derecha), que no dice nada, te atraviese el alma.

P.: ¿No extraña a su tierra?

C.M.:
Por un lado la parte emocional me ha hecho decir: "¿qué hago yo aquí?". Pero sentí que por algo era: "No vas a tirar por la borda las cosas lindas que aquí estás compartiendo y descubriendo. Entonces, quédate. Algo pasa. Nunca la vida te ha regalado estar sola, tan sola de tu tierra". Y yo elegí quedarme un poco por eso, porque es un gran aprendizaje personal.

Entrevista de Patricia Espinosa

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