Ante la comedia de Fernán Mirás “Casi muerta”, vale recordar lo que decía el licenciado Péculo: “El problema con los muertos es que son impuntuales”. La frase sirvió de título a un lindo documental de Oscar Mazú donde el famoso empresario de pompas fúnebres oficiaba de guía culto, risueño y tranquilizador. En el caso que ahora nos ocupa, el ejemplo es evidentemente claro: una mujer sufre un grave infarto, le dan 30 días de vida, sus pocos amigos la rodean compungidos, ella aprovecha para reventar la tarjeta de crédito, y, ¿qué puede pasar? ¡Esta mujer es la impuntualidad personificada! Vamos a justificarla. Ya la primera noche en sala de terapia intensiva empezó a recibir un tratamiento especial: la besoterapia. Lo impuso ella misma, con entusiasmo sanador, al ver que la visitaba el postergado amor de su vida. Lástima que el tipo no supo manejarse. ¿Pero acaso esa misma noche debió decirle francamente “lo nuestro es imposible, ya estoy comprometido”? ¿O era preferible darle una ilusión que hiciera menos angustiantes sus últimos días? El problema es que van a pasar más de 30, el hombre nunca, ni siquiera in extremis, se anima a confesar que tiene novia, y, de nuevo, ¿qué puede pasar?

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