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Casi en subasta, el PJ busca protagonismo y brindar cúpula

En 2008, después de varios años de apática intervención judicial y de la batalla bonaerense entre los Kirchner y los Duhalde, el peronismo se estabilizó con la entronización del patagónico como jefe del Consejo Nacional y de Balestrini, vicegobernador, como ordenador del bonaerense.
En esos meses, además, como jefe de Gabinete, Alberto Fernández administraba el peronismo porteño con lo cual tres de las franquicias más sensibles del partido estaban alineadas con la Casa Rosada. Kirchner, en un intento por reunir las mayores porciones de dirigentes, negoció hasta con antiguos enemigos.
Pero se precipitó la secuencia de imponderables. La 125 hizo implosionar el Consejo Nacional y varios dirigentes, entre ellos Mario Das Neves, Jorge Busto y Felipe Solá, tomaron distancia del Gobierno y se alejaron del partido que por aquellos meses se convirtió en la usina política y de movilización para defender a Cristina de Kirchner.
La muerte de Kirchner, el 27 de octubre de 2010, terminó de paralizar al partido: aunque Daniel Scioli asumió formalmente la presidencia, el Consejo no tuvo prácticamente actividad. En paralelo, dejó de ser una tribuna de visibilidad y desapareció como la instancia en que se convirtió durante la 125.
Los mandatos vencen en mayo próximo y son ambiguas las señales de Cristina de Kirchner, aunque es claro que la Presidente no quiere encerrarse en el PJ, también lo es que como jefa «operativa» del peronismo debe tener algún nivel de incidencia. Semanas atrás, admitió que si había un pedido global de los gobernadores, aceptaría presidir el partido, pero de manera simbólica.
Antes, a fines de 2008, el patagónico había decidido darle una nueva configuración al PJ bonaerense y desplazó a José María Díaz Bancalari y propuso a Balestrini, que había puesto, para ser el vice de Scioli, esa butaca como condición: presidir el peronismo de la provincia. Asumió en diciembre.
Pero a principios de 2010, el matancero padeció un ACV que todavía lo tiene postrado. El episodio tuvo una consecuencia política potente: Hugo Moyano, a quien Balestrini ubicó como su segundo para desplazar a Hugo Curto, quedó como presidente interino y empezó una etapa profusa en operaciones y complots.
Esa novela terminó en diciembre pasado, cuando Moyano, tras fracasar en su intento de administrar el PJ bonaerense, renunció a la jefatura con el argumento de que es una «cáscara vacía». En su lugar quedó Cristina Álvarez Rodríguez, que unos días antes pasó del Ministerio de Infraestructura sciolista a la cartera de Gobierno.
El mandato de esa conducción caduca en diciembre próximo. En Gobierno se especula que Cristina de Kirchner, para evitar ruidos excesivos, podría unificar las votaciones. A pesar de que en 2008 Scioli se limitó a ubicar a una figura de su cercanía, Alberto Pérez, en la mesa chica, se da por hecho que este año no quedará al margen del partido.
Salvo que por alguna razón tenga un rol central en el PJ nacional, Scioli buscará instalarse en la jefatura del peronismo de Buenos Aires.
Con Alberto Fernández ocurrió algo parecido: como dirigente porteño, y a pesar de promover la creación de partidos transversales (como el Partido de la Victoria, donde estuvo, entre otros dirigentes, Graciela Ocaña), el exjefe de Gabinete fue designado al frente del PJ porteño, secundado por el ladero de un aliado: Juan Manuel Olmos, patrocinado por Víctor Santa María, del gremio del SUTERH.
El caso porteño viene con demoras. En diciembre pasado debieron elegirse las nuevas autoridades que reemplacen a Olmos, que a su vez reemplazó a Alberto Fernández cuando éste fue corrido del PJ -era secretario general a nivel nacional y presidía el porteño-, tras dejar su cargo en el gabinete nacional.
El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, aparece en una terna, que para otros se amplía a cinco o seis nombres, de posibles presidentes donde figuran también Juan Cabandié y hasta el vicepresidente, Amado Boudou.


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