CEGETÉS: “Bandeja”, con el menú agotado

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El mes que viene se cumplirá una década del comienzo de la debacle de uno de los dirigentes sindicales más emblemáticos de la historia argentina. El 2 de marzo de 2003, Luis Barrionuevo fue en Catamarca el protagonista excluyente de una jornada que debía ser electoral y que terminó en un escándalo con quema de urnas. Los comicios debieron reprogramarse para agosto, cuando se impuso el radical Eduardo Brizuela del Moral. Pero el punto final para el gastronómico se concretó en abril de ese año, cuando sus simpatizantes arrojaron huevos contra la entonces senadora Cristina de Kirchner, que planeaba participar en un acto en respaldo de la postulación presidencial de su marido.

Desde entonces, la carrera de Barrionuevo entró en una pendiente descendente que jamás se detuvo. Este miércoles registró uno de sus picos más bajos: en el hotel Sasso de Mar del Plata, donde cada año organiza asados pantagruélicos con alto contenido político y sindical, debió conformarse con obsequiarle un escenario de campaña al gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota. Por lo demás, compartió la jornada alimenticia con sus pares de la recortada CGT Azul y Blanca. Pese a sus esfuerzos, Bandeja no logró que Hugo Moyano aceptara sumarse al convite.

El aislamiento de Barrionuevo contrasta con sus años de gloria. Como artífice central de la primera elección de Carlos Menem, en los 90 gozó de la protección del riojano y se enseñoreó de los recursos de las obras sociales sindicales. Lideró la Administración Nacional del Seguro de Salud (actual ANSES) y distribuyó a sus hombres de confianza en el PAMI. Su influencia sobre esas áreas también terminó hace exactamente una década.

El gastronómico recuperó algo de iniciativa cuando logró encaramar al frente de la CGT a Hugo Moyano, en los inicios de la gestión de Néstor Kirchner. Pero esa alianza terminó de romperse en 2008, cuando Barrionuevo terminó de constatar que el camionero no sería el títere que había imaginado y que, por el contrario, reservaría los beneficios de la cercanía con el santacruceño para sí y sus gremios más afines. Entonces fundó la CGT Azul y Blanca, en la que se jactaba de agrupar a más de medio centenar de sindicatos.

En la actualidad, poco queda de ese volumen. El reordenamiento interno de la principal central obrera, que el año pasado se dividió entre la de Moyano y la del metalúrgico Antonio Caló, privó a Bandeja de buena parte de sus principales colaboradores. Huyeron hacia la versión oficial de la CGT dirigentes como Omar Suárez (sindicato de marítimos), Alberto Roberti (federación nacional de petroleros) y Sergio Romero (docentes, UDA). En tanto que buscaron cobijo con Moyano otros como Abel Frutos (panaderos), Miguel Ángel Paniagua (espectáculos públicos) y el mandamás de los camposantos, Domingo Petrecca.

Hoy, el jefe de los camioneros lo ningunea luego de años de haber soportado las diatribas del gastronómico. Y los gordos e independientes de la CGT oficialista, que de manera unívoca se reivindican como sus amigos, lo eluden.

Demasiadas veces Barrionuevo les había prometido engrosar las filas de la nueva central obrera y hasta los había obligado a inventar esquemas colegiados para hacerle un lugar, hasta que ambas partes entendieron que sería inviable la presencia de alguien sindicado por el recordado ataque a huevazos.

Con una docena de sindicatos de mediano y pequeño porte que todavía le responden, y al frente de una organización gremial numerosa, pero con uno de los peores salarios de la Argentina (los gastronómicos promedian $ 3.500 mensuales), Barrionuevo aún confía en su histrionismo para mantener presencia mediática y en sus recursos económicos para volverse seductor para un candidato opositor. Y no mucho más.

@marianoemartin

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