César Paternosto, o el cambio del punto de vista en la pintura

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Su consagración se produjo con sus objetos escultóricos, basados en muchos casos en los principios del poco conocido arte andino.

En el marco de la exposición "Contrastes y fugas" de César Paternosto (1931), la galería MCMC organizó una charla a modo de despedida, con la historiadora del arte María José Herrera. Radicado en Nueva York en la década del 60, Paternosto vivió muy cerca de las Torres Gemelas tres años feroces, hasta 2004, cuando llegó para quedarse a la soleada Segovia. Durante la entrevista, Paternosto recordó una jornada de trabajo de 1969: "Despedí a mi hija que se iba al colegio y me quedé mirando una tela en blanco. Es un gesto ancestral encarar la pintura de frente, pensé. Y entonces pinté tan sólo los cantos del cuadro. Decidí dejar la superficie frontal totalmente en blanco".

Corrían en esos años los vientos innovadores y, con este recurso, Paternosto llevó literalmente al límite la pintura, la convirtió en un objeto. El espectador estaba forzado a cambiar el punto de vista para ver la obra, debía recorrerla, como si fuera una escultura. Así nació el punto de vista oblicuo de Paternosto. Los cantos se volvieron más anchos y los cuadros se tornaron objetos escultóricos. Luego, la superficie frontal netamente blanca genera un silencio que en los bordes se quiebra. Y así surge, espontánea, la analogía con la música. Una gran estructura de la estación Atocha en Madrid, ostenta estas cualidades inconfundibles.

Y justamente, gran parte de las series de obras sobre papel que presenta MCMC, están ligadas a la búsqueda de las tres dimensiones. Entre los papeles hay obras del año 1963, planas e incluso sinuosas, con los rasgos del Pop. Pero predominan los relieves configurados por los pliegues y las pestañas recortadas, pintadas y rebatidas. En el papel se reitera un fenómeno fácil de advertir en las pinturas, aunque, según observa el artista, "es simplemente un plus". Los colores del canto, según se los ilumine, irradia un tenue resplandor que desborda las formas y se proyecta sobre las paredes o los fondos blancos. La percepción de provoca cierto encantamiento, pero el valor dominante es conceptual.

Con sus objetos escultóricos Paternosto se consagró como artista, y con sus estudios sobre el arte andino -escasamente conocido, aún en la actualidad-, se convirtió en un prominente teórico. En el año 1977 viajó a Perú. Allí, en medio de los Andes, descubrió piedras talladas con formas cúbicas, geométricas. Halló, en suma, un arte constructivista. "Eran esculturas abstractas y ningún texto las mencionaba, quedaron asociadas a la arquitectura. Dicen que no hay escultura porque no hay figuración", aclara Paternosto. Y de este modo destaca la incapacidad de los historiadores del arte para valorar la abstracción. "En América todas las artes tienden a ser geométricas. La trama horizontal y vertical de los textiles lleva a la geometría y, el valor cultural, reside en que estos símbolos visuales reemplazan a la escritura". Hoy se cree que es posible recuperar el sentido de estos símbolos, decodificarlos.

"Todos tejían, hombres, mujeres y niños. La fortuna del Perú es que los textiles se salvaron gracias al clima". En los tejidos se advierte la complejidad matemática alcanzada para el cálculo y la matriz abstracta de los diseños. "El arte textil es un lenguaje", afirma Paternosto. Con premisas que trascienden el fin utilitario de las piezas, analiza la influencia que a través del tiempo ejercieron los textiles en las abstracciones modernas y contemporáneas.

Su libro "Piedra Abstracta. La escultura Inca. Una visión contemporánea", y los ensayos que le sucedieron, "La conexión Norte/Sur: Una abstracción de América" y "Abstracción: el paradigma amerindio", revelan el mestizaje y la fusión sincrética de un arte donde resuena un lenguaje ancestral. Su teoría, contraria a la historiografía tradicional y, desde ya, contraria también a la de aquellos que confunden con artesanías obras que consideran ornamentales y decorativas, cobró la potencia de un documentado testimonio. Paternosto presentó exposiciones con la fuerza de un manifiesto en la galería Cecilia Torres y en el Museo IVAM de Valencia. Allí reunió el arte andino con artistas modernos y contemporáneos, supo exhibir mensajes que durante milenios estuvieron ocultos.

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