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CFK, discípula de Durán Barba
Jaime Durán Barba
El miércoles, cuando se paró ante una multitud frente a Comodoro Py, Cristina pareció abrazarse a ese pasado perdidoso. Su llamado a construir un "frente ciudadano" -en el PJ se suele decir que los peronistas llaman "pueblo" a lo que el radicalismo llama "gente" y el centroderecha llama "vecinos" o "ciudadanos"- sugiere una instancia militante que prescinde de partidos y gremios.
En el ancho kirchnerismo, el plan de "la jefa" hace ruido. Fascina a propios y extraños su poder de convocatoria, la mística que contagia en sus seguidores y su oralidad estruendosa. Pero en el mismo proceso, parece dejar fuera de la cruzada vindicativa al buró político K y peronista.
En cierto modo, la Cristina que habló en Comodoro Py parece convertirla en discípula de Jaime Durán Barba. El afable gurú ecuatoriano, que conoce el atajo para convencer rápido a Mauricio Macri, militó contra la militancia y dirigió a Macri contra la dirigencia.
Durán Barba instituyó el teorema revista Gente: en vez de construir dirigentes en un territorio, impuso el mecanismo de detectar quién de ese lugar es conocido y popular, y tentarlo. Martiniano Molina, el eco-intendente de Quilmes, que en estos tiempos naufraga en la dimensión brumosa que es el conurbano, es uno de los emblemas.
Además de la funcionalidad de ahorrar el tiempo y el dinero que demanda "instalar" y "construir" un dirigente (que puede tropezar) Durán Barba buscó a aplanar al universo macrista: que sólo importe Macri y su carga simbólica. En la Biblia de Marcos Peña implica despolitizarlo, es decir, purificarlo.
Quizá por eso, o más probable es que jamás Macri convoque una multitud ni, mucho menos, genere la empatía que genera Cristina.
Manual
Como si aplicara el manual de recomendaciones de Durán Barba, Cristina copia a Macri en eso de prescindir de intermediarios, puntear a los dirigentes de los territorios y establecer un vínculo directo con sus seguidores y adherentes.
Con ese modelo, Macri ganó. Tuvo el beneficio de los múltiples errores que Cristina cometió como estratega electoral (bendecir a Aníbal Fernández, poner de mala gana a Daniel Scioli, el gobernador al que destrató y maltrató).
Pero tuvo, además, enormes dosis de picardía, malicia y roña política para, entre muchas otras maniobras, robarle la UCR a Sergio Massa, emboscar a Francisco de Narváez, fragmentar a peronismos como el tucumano, insuflar al cordobesismo de José Manuel de la Sota, conspirar y operar.
El "diario de campaña" que dictaron Peña y Durán Barba esconde, quizá más por subestimación y ombliguismo que por culpa republicana, esos procedimientos que fueron, todos y cada uno, validados por Macri.
El frente ciudadano que promete Cristina se asemeja, tal como lo enunció el miércoles, al modelo Durán Barba. Remite, incluso, a una versión criolla del Podemos español o parece una aproximación al "que se vayan todos".
Flotan, en beneficio de Cristina, dos factores. Por un lado, la promesa de Macri de instaurar en todo el país la boleta electrónica puede facilitar una eventual candidatura superestructural como la de Cristina, a pesar de que con los números de hoy, sólo le alcanzaría para ser una segunda (o tercera) minoría. El pulso de la economía es el elemento incierto.
Por el otro, Cristina está convencida de que anticipa una etapa de construcción, en la que Durán Barba sería un adelantado, sin dirigencias intermedias ni estructuras clásicas, hipermediática y transversalizada.
No es algo que haya craneado en estas semanas de despoder en el sur. Como contó ayer este diario, se lo anticipó en noviembre pasado a diputados a los que invitó a brindar en Olivos. Fue el mendocino Guillermo Carmona el que le preguntó si quería presidir el PJ. Y ella bosquejó lo que anteayer bautizó "frente ciudadano", algo más grande que el peronismo; "otra cosa, algo distinto".


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