CGT: señales de unidad con Venegas y "gordos"

Edición Impresa

• Plan ambicioso que contempla la CTA y organizaciones sociales

Empujadas por el clima hostil con el Gobierno, las principales corrientes de la central obrera empezaron a desandar un camino que promete desembocar en el reingreso de sectores críticos a la conducción de Hugo Moyano. Se trata de una estrategia de seducción que lanzó el camionero y que contempla desde el jefe del sindicato de peones rurales, Gerónimo Venegas, hasta los «gordos» de los grandes gremios de servicios.

Desde antes de las elecciones de octubre y mucho más luego del triunfo de Cristina de Kirchner, se multiplicaron las razones para que los gremialistas comenzaran a analizar la necesidad de llevar a los hechos la proclamada unidad del movimiento obrero. El plan prevé al menos la vuelta de los críticos al Consejo Directivo de la CGT, pero de máxima incluye una estructura superadora, quizás bajo el paraguas de un nuevo partido político, con sindicatos de la disidente CTA y con organizaciones sociales como las que lideran Luis DElía y Emilio Pérsico.

«Hay una necesidad imperiosa de llevar a cabo la unidad del movimiento obrero. Creo que el Gobierno va a venir a buscarnos uno por uno para dañar nuestros sindicatos y frente a eso tenemos que estar todos juntos», le dijo a este diario Venegas, que no descartó volver en el corto plazo a su cargo de secretario de Interior de la CGT. Venegas había dicho la semana pasada que Moyano debía quedarse al frente de la organización hasta la finalización de su mandato, en julio próximo.

El diagnóstico es compartido tanto por los aliados de Moyano como por sus mayores enemigos sindicales: con la quita de subsidios, el Gobierno dio inicio a una nueva etapa económica que tarde o temprano impactará en los gremios, ya sea a través de una desaceleración de las negociaciones salariales o bien la captación por parte del Ejecutivo de fondos que las obras sociales reclaman como propios.

La presunción generalizada es que Cristina buscará atenuar el eventual impacto inflacionario de la quita de subsidios, con un acuerdo riguroso de precios y salarios que pondrá límites al margen de acción de los sindicatos.

En el plano político también hubo señales de todo tipo que llevaron preocupación a los dirigentes. En esa línea se inscriben la detención del ferroviario Rubén «Pollo» Sobrero; el pedido a la Justicia de quita de la personería gremial al sindicato de técnicos aeronáuticos (APTA), que lidera Ricardo Cirielli; la confirmación por parte de la Secretaría de Derechos Humanos de que Gerardo Martínez (albañiles de UOCRA) integró durante la dictadura el Batallón 601 de Inteligencia, y el listado de causas judiciales que amenazan a Moyano.

La sumatoria de episodios generó las coincidencias necesarias para que la palabra más escuchada en los últimos días en los diversos sectores fuese «unidad». Incluso en la trinchera más hostil al camionero bajaron notablemente los cuestionamientos. Oscar Lescano, jefe del gremio de Luz y Fuerza, dejó de proclamar la necesidad de una salida anticipada de Moyano.

Parte de la distensión fue provocada por la muerte de Emiliano Moyano, uno de los hijos del camionero, pero los signos de concordia eran previos. Como había hecho ante la detención de Sobrero, la jefatura de la CGT salió a respaldar a Cirielli frente a la amenaza del Gobierno. El gesto fue llamativo por tratarse de un dirigente alineado con la CGT Azul y Blanca, de Luis Barrionuevo, enemigo declarado de Moyano.

Cerca del líder sindical mencionan otros puentes tendidos en los últimos meses: en la CTA anotan al jefe formal, el docente Hugo Yasky, como un aliado estratégico, y al jefe del gremio de educadores bonaerenses, Roberto Baradel, es número puesto en los actos de los que participa Facundo Moyano, otro de los hijos del líder de la CGT.

Cerca del camionero se entusiasman con el renovado clima de concordia y hasta imaginan una estructura en la que podrían desembocar, además de los rebeldes de la CGT, los gremios más afines de la CTA y algunas organizaciones sociales, como la Federación de Tierras y Vivienda, de DElía, y el Movimiento Evita, de Emilio Pérsico. Ambos dirigentes ya habían manifestado su adhesión a la Corriente Nacional del Sindicalismo Peronista (CNSP) que lanzó Moyano.

Como anticipó este diario, en las reuniones de la denominada «mesa chica» de la central sindical algunos dirigentes ya propusieron la creación de una suerte de Partido Laborista con la idea de salirse del corralito político impuesto por el Gobierno a los gremios. Cerca de Moyano creen que ésa podría ser la estructura que terminara por contener a todos los sectores hasta ahora kirchneristas que prevén cuatro años de distanciamiento con el Ejecutivo.

Dejá tu comentario