17 de julio 2009 - 01:03

CGT: tensión con Moyano estorba al diálogo

Hugo Moyano
Hugo Moyano
El Gobierno teme que los tironeos en la CGT entre Hugo Moyano y el ensamble de los «gordos» y los «independientes» rebote negativamente sobre el Consejo Económico y Social (CES) que, según confirmó el jefe de Gabinete Aníbal Fernández, se citará la semana próxima.

El riesgo que la Casa Rosada comenzó a evaluar es que a la mesa de negociación con los empresarios y el campo llegue una delegación sindical diezmada, sólo representativa del moyanismo y sus aliados tácticos: la UOM de Antonio Ca-ló y la UTA de Roberto Fernández.

Si eso ocurre, el comercio que representa Armando Cavalieri, la construcción de Gerardo Martínez vía UOCRA, los estatales de UPCN de Andrés Rodríguez y, entre otros, sectores de servicios como Luz y Fuerza (Oscar Lescano) y Sanidad (Carlos West Ocampo) estarían ausentes.

Esa división se profundizó la semana pasada luego de que, por indicación expresa de Cristina de Kirchner, el tucumano Mario Koltan renuncie al APE -por la flojedad de papeles y la presión de Moyano- y regrese a manejar esa caja el doctor Hugo Sola, que tributa al camionero.

La salida de Sola, dispuesta por el ministro de Salud Juan Manzur, había sido festejada como un golpe a Moyano por los «gordos» y los «independientes». Cuando, por mandato presidencial, se dio marcha atrás, se comprobó lo obvio: el preferido K es Moyano.

En las últimas horas, por dos vías -Aníbal Fernández y el ministro de Trabajo, Carlos Tomada- se sondeó la postura de esos jerarcas. Hay voluntad, pero la prioridad es ordenar la interna de la CGT. «¿Ir para qué si después sólo negocian con Moyano?», se quejó, anoche, un dirigente.

Ese reproche tiene su lógica. El martes, en la cena en Casa Rosada con empresarios, hubo cuatro sindicalistas: Moyano, el taxista Omar Viviani, Juan Carlos Schmid (Dragado y Balizamiento) y José Luis Lingieri (Obras Sanitarias), todos socios del jefe de la CGT.

Del capítulo sindical de la reunión con la Presidente se encargó el ministro de Planificación Julio De Vido, que centralizó el contacto con Moyano. Conocedor de la disputa cegetista, no se preocupó por sumar a referentes que no responden al camionero.

Tomada, en cambio, abrió la agenda. Dialogó con dirigentes no moyanistas, entre ellos West Ocampo -al que ayer saludó por el triunfo de Estudiantes-, porque debe trabajar en tres frentes diferentes: el Consejo del Salario, el CES y la Ley de Riesgos de Trabajo.

El titular de Trabajo tiene que coordinar los tres capítulos y pretende que en las mesas esté la máxima representación sindical posible. Es más: también hablará con la CTA de Hugo Yasky, que así como tiene una butaca en el Consejo del Salario estará en ART y el CES.

Dificultades

Sobre la hostilidad con Moyano y el acuerdo de los «gordos» y los «independientes» deberá surfear Tomada para que no se aborte el diálogo.

No será una tarea fácil. En Gobierno interpretan que Martínez (UOCRA) y Rodríguez (UPCN), más componedores, se plegarán a las conversaciones. Entre los «gordos», en cambio, hay posturas muy duras contra Moyano -la voz más ácida es Lescano- y eso suele contagiar la mirada sobre Cristina.

Ayer, por lo pronto, ambos grupos faltaron a la reunión de consejo directivo convocada por Moyano donde estuvieron, además de los seguidores del camionero, la UOM y la UTA. El acercamiento con Fernández se tejió a través de Juan Pablo Schiavi, el nuevo secretario de Transporte.

Además de dejar solo a Moyano, los críticos también le vaciaron la cúpula al invitado de la tarde: Ricardo Echegaray, titular de la AFIP, que fue a explicar su iniciativa de actualización automática del Monotributo y a escuchar los planteos de los gremios sobre ese tema.

Para los sindicatos -que todavía esperar una solución con los fondos del APE- es un asunto capital: ahora, un monotributista aporta 37 pesos de cápita y puede pedir atención de las obras sociales. Con la reforma de Echegaray el porcentaje sindical se elevaría a 70 pesos.

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