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Chances en un mundo turbulento

Si analizamos el comportamiento de los indicadores macroeconómicos de nuestro país durante la crisis iniciada en 2008/9, vemos que en aquel entonces y pese al impacto que en algunos sectores tuvo la contracción internacional, la reducción del empleo fue relativamente baja y su recuperación razonablemente rápida. Frente a ello y dadas las circunstancias tanto económicas internas como el serio efecto de la caída de ciertas exportaciones a Brasil, el interrogante que cabe es si estamos frente a un fenómeno transitorio o una situación más compleja.
La experiencia indica que si el fenómeno es transitorio (si se puede esperar una recuperación durante el segundo semestre de aquellos sectores más afectados) la consecuencia inmediata es que también serán transitorias las medidas adoptadas en el campo laboral. Así, el impacto sobre el empleo no debería ser de magnitud y la contingencia podría administrarse con medidas como la no cobertura de vacantes que se producen por egresos, jubilación, etc; la no utilización de contratación de trabajadores eventuales sin afectar la dotación permanente; la reducción de horas extra y, aun, las suspensiones negociadas e incluso los llamados "bancos de horas" (es decir las fórmulas time-sharing que se utilizaron mucho en Alemania).
Más allá de las cuestiones de responsabilidad empresarial al respecto, hay dos argumentos que contribuyen a esa administración de la contingencia. La primera es que el empresario, al ver que los datos adversos de la coyuntura pueden remontarse, trata de preservar su mano de obra calificada, pues al igual que en muchos otros países, hoy hay sobreoferta de mano de obra sin calificar y carencia de recursos humanos con la formación técnica necesaria para las nuevas demandas. Por otro lado, el costo "de salida" o egreso, desde el punto de vista indemnizatorio, constituye en sí un freno, máxime en las pymes e incluso teniendo en cuenta los niveles del costo financiero actual.
Si, en cambio, la situación es previsiblemente más seria o de una duración que comprometa los planes de producción en el mediano plazo, habrá que ver la intensidad en mano de obra que afecta a dicha actividad o sector (dado que no estamos viviendo una situación general y transversal que comprometa a todos los sectores industriales) y el impacto sobre el empleo que pueda tener, eventualmente, así como las medidas o incentivos que se puedan diagramar como política gubernamental de emergencia para aminorar tal afectación de la producción y del empleo.
En definitiva, aun frente a la eventual contingencia del segundo escenario, entendemos que la posición a adoptarse en cada caso debe ser evaluada en forma lo más precisa posible, monitoreando la evolución de la situación no sólo general sino en particular del sector respectivo, para poder calibrar adecuadamente las respuestas desde lo gubernamental y desde lo empresarial. Una vez más, aquí en este campo, hay que evitar las autoprofecías cumplidas, pero articular rápida y eficientemente medidas que coadyuven a superar estas contingencias o minimizar sus efectos.


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