Charlas de Quincho

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Los quinchos de hoy son itinerantes, condición a la que obliga el oído atento a lo que importa: estuvimos en la superjornada peronista extendida entre Santa Teresita y la Cordillera, en la que fuimos testigos de una conversación entre Jorge Capitanich y Daniel Scioli antes de concurrir a la Fiesta del Sol en San Juan (el tema: los docentes), y luego de que el gobernador bonaerense, en la costa, despejara sombras sobre su candidatura para 2015. Del otro lado de la Cordillera asistimos -con novedad parrillera de bife de chorizo relleno con morcilla- a la cena convocada por el embajador González García con el futuro canciller chileno y representantes criollos: se habló de vías de comunicación olvidadas por la gestión Piñera. De allí viajamos al Vaticano para concurrir a la asunción, con gestos cuasiperonistas, del nuevo cardenal Poli, y cerramos con quinchos de arte. Veamos.

La itinerancia se instala ya como rasgo central de la actividad quinchesca, animada por la ansiedad de sus protagonistas por agotar las oportunidades de vidriera y de encuentro que dan las últimas fiestas del verano, que buscan aprovecharse además como ensayos de campaña para lo que viene más instalación de consignas que de candidaturas. Ir, por ejemplo, a San Juan el sábado como culminación de esa superjornada que se dio el peronismo entre las costas de Santa Teresita y la cordillera, permitió algún encuentro en donde se devanaron las expectativas para el principal conflicto que tienen las administraciones que es el arranque de las clases en clima de protesta docente. Fue el tema que conversaron, en rapidísimo encuentro, Jorge Capitanich y Daniel Scioli en el despacho de José Luis Gioja en la gobernación de San Juan, mientras hacían la previa para ir a la Fiesta del Sol en el autódromo del Zonda, junto a invitados de todo color, desde los diputados oficialistas Juliana Di Tullio, los ministros Enrique Meyer y Carlos Casamiquela, un puñado de embajadores y alguno que otro gobernador como el misionero Maurice Closs. El jefe de Gabinete y el bonaerense había coincidido por la mañana en Santa Teresita sin oportunidad para ninguna charla privada, algo que lograron en ese despacho sanjuanino que Gioja tiene como santuario porque allí ocurrió una de las últimas reuniones con Néstor Kirchner en vida, y fue allí donde nació la liga Gestar, la única agrupación interna del PJ avalada por el fallecido presidente y que tiene "chapa" como marca oficial del kirchnerismo -de hecho, se alimenta de los fondos que el Estado da a los partidos para la formación de cuadros.



El tema del encuentro "Coqui"-Daniel fue la paritaria que está en cuarto intermedio y cada uno resumió posiciones, las conocidas y las que se conocerán a medida que avancen las negociaciones. ¿Puede Nación mejorar la oferta del 22% más el "presentismo" de $ 1.000? Respuesta con gestos: puede subir, pero nunca admitir que sea de un solo saque. Que sea en cuotas a lo largo del año, se explicó en ese encuentro, es clave para el Gobierno porque lo último que podría hacer es fomentar porcentajes a la pelea por el aumento de precios. Dar un porcentaje total y en un solo momento fomentaría la imaginación de quienes buscan en cada cálculo del Gobierno un adelanto de números de inflación. ¿Resignar el "presentismo"? Para Scioli no, porque el incentivo de esas sumas es clave para disciplinar la negociación. En esto ,el gobernador se rige por el mismo método con el cual enfrentó el conflicto con la Policía en diciembre pasado: medir los efectos políticos antes que los números. En aquel conflicto, que navegaron los gobernadores en la noche fatídica del domingo 8 de diciembre, Scioli les impuso a todas las administraciones la consigna de que no había que hacer ofertas antes de haber aplacado la rebelión. En aquella madrugada a la que todavía le falta un cronista, Scioli además impuso el criterio de que tanto Nación como Buenos Aires tienen que tener en estos conflictos un juego aparte porque lo que digan o concedan, nieguen o rechacen, tiene un efecto de imitación en el resto de los distritos.



Esa noche, en lo poco que pudieron hablar, hubo coincidencia en que la trama de los docentes ha entrado en un ciclo de moderación, que los sindicalistas muestran en las reuniones una actitud de prudencia mayor que la que exhiben en público. Eso conviene a la patronal porque si el Gobierno puede ufanarse de haber dominado el debate en la opinión sobre precios y drenaje de reservas, apartando la mirada del tremendismo que se había impuesto en el último mes del año, hay una luz como para enfrentar la semana con más confianza. Del lado de Nación, en un balance de la noche sanjuanina, parece una fatalidad que el rechazo de los gremios del 22% termine en un decreto que puede mover la oferta algún puntito hacia arriba. Del lado de Buenos Aires, la oferta puede ser mayor que eso, pero pagando el costo de que haya algunos días de paro previos a un cierre de la negociación. En lo político, es decir lo partidario, hubo mejor ánimo en ese encuentro sanjuanino. Scioli se había puesto en Santa Teresita en el centro del escenario y de las fotos y desplazó la sombra que podía proyectar sobre sus pretensiones la competencia de alguno. En sus cuarteles celebran que se afirma la percepción de que es hoy el candidato con mejores posibilidades de encabezar una fórmula presidencial, que el resto deberá pelear por el segundo lugar. En Santa Teresita Scioli, sin embargo, dramatizó sus posibilidades y las del peronismo: no hay que minimizar 2015, dijo, sino trabajarlo en serio como él trabajó sus pretensiones en 2003 y 2007, y que nadie tiene ganado el futuro. La confianza que puede tener la mezcló de proselitismo básico cuando apareció antes que el resto en San Juan, se puso los cortos y jugó un partido de fursal con el equipo de La Ñata que le ganó 7 a 4 al seleccionado local, que integró el vicegobernador Sergio Uñac; fue al despacho de Gioja a regalarle el primer ejemplar del libro sobre Jorge Bergoglio y la provincia de Buenos Aires (un álbum que recoge textos y fotos de los "senderos" caminados por el actual Papa) y vigiló el despliegue de los camiones con vacunas, sillas de ruedas, colchones y otros elementos que llevaron dos ministerios bonaerenses para ayudar a los dañados por las inundaciones que ocurrieron en la semana. Una táctica basada sobre el rechazo de esa imagen que generó la provincia de Buenos Aires durante años del distrito alambrado hacia adentro y hacia afuera, angurriento y que le reclama todo al resto del país. Esa imagen lesionó las pretensiones de los dirigentes bonaerenses que quisieron ser presidentes y este giro busca mostrar al grandote ayudando a los más pequeños y en emergencia.



Poner la mirada en esos recintos como el despacho de Gioja permite conocer qué piensan y qué hacen los protagonistas fuera de los fogonazos que los siguen como perros fieles. Como también rinden otros quinchos itinerantes, como el que montó el embajador en Chile Ginés González García en la noche del miércoles en el comedor principal de la residencia que tiene en la avenida Vicuña Mac Kenna de la capital de ese país. Fue para albergar una cena a la que concurrió el canciller designado por Michelle Bachelet en el Gobierno que asume el mes que viene, Haroldo Muñoz, en la que sería, dijo, la única reunión con representantes de otros países antes de jurar el cargo. Los invitados eran el gobernador de Mendoza, Francisco Pérez, su ministro Marcelo Barg (un sanjuanino aquerenciado a Mendoza, quien en una vida anterior fue funcionario del Banco Mundial con sede en Chile), el ministro de Obras Públicas de San Juan, José Estrada, dos representantes del grupo América que controla el empresario Eduardo Eurnekian, Guillermo Francos y Eduardo Valdés y dos chilenos significados por su interés en mejorar las relaciones de su país con la Argentina, el exembajador en Buenos Aires Eduardo Rodríguez Guarachi y el excanciller Juan Gabriel Valdez, que preside un grupo de apoyo de dirigentes de su país a los reclamos criollos sobre las islas Malvinas. Con esos invitados, la charla tenía un tema dominante: buscar que el nuevo Gobierno de Bachelet le dé un impulso a las dos obras de comunicación entre los países que la gestión de Sebastián Piñera casi ignoró. Una es el paso de Aguas Negras que sale de San Juan y la otra es el túnel por Mendoza que incluye vías para vehículos y trenes, compromiso que empuja Eurnekian. Muñoz, que aún no asumió el cargo, avanzó lo posible, que fue afirmar que el interés del nuevo Gobierno es mejorar las vías de comunicación. Durante el mandato de Piñera la obra por Mendoza quedó casi congelada porque el Congreso chileno no aprobó los avales para tomar los créditos en organismos internacionales, algo que los chilenos decían se apartaba de la tradición local de no comprometer al Estado en esos emprendimientos. Los argentinos agregaron otras explicaciones a esa demora: una, la falta de experiencia en los vecinos en empresas binacionales, algo que la Argentina tiene en Yacyretá, Salto Grande y otros sitios. Otra, menos confesable, que esa obra ha sido víctima de la puja de sectores chilenos interesados en que ese paso transite por otras zonas más cercanas a ciertas propiedades con dueño cierto.



El embajador Ginés es, como otros varones argentinos, un luchador exitoso contra el sobrepeso, pero cuando tiene que agasajar ofrece menús que son de gordos. Esta vez su cocinero innovó emplatando una novedad gastronómica: un bife de chorizo a la parrilla relleno de morcilla. Impresionó al comienzo, como impresiona siempre la sospechosa morcilla, pero terminó festejada por los invitados, especialmente por Valdez, que es un gordo recuperado y tiene una parrilla en su quincho del barrio de Almagro donde ofrece también primicias a la que dijo incorporará este nuevo plato. Pérez celebró ese encuentro con entusiasmo: aquí están las patas de la mesa en la que debe basarse la solución de los problemas de los dos países. La mesa se entusiasmó cuando el futuro canciller dijo que el nuevo Gobierno quiere que Chile sea la puerta hacia Oriente del la región y que por eso promoverá la asistencia de empresarios de Brasil y de la Argentina a las reuniones del Foro Económico Asia-Pacífico (APEC), liga que su país integra con Estados Unidos, Canadá y los demás países del continente que miran hacia ese océano. Prendete que hay viajes, recordaría algunos de los presentes, citando la frase de Simón Lázara que registró Jorge Asís en uno de sus relatos sobre la vocación viajera del internacionalismo proletario de los años 70. Muñoz no abrió la boca sobre si el exsenador Jaime Gazmuri le gana o no la partida interna en el nuevo Gobierno al exasesor en temas internacionales de Bachelet José Goñi, que estuvo a un paso de quedarse con la Cancillería y que hoy está a tiro de un cargo consuelo. Los argentinos no movieron un músculo del rostro cuando se habló de esto porque saben que el arbitraje de esta decisión se hace en el territorio de las relaciones personales de Bachelet y Cristina de Kirchner, a quien no quieren desairar y que saben que hay más confianza en Buenos Aires con Goñi -que ha actuado como emisario discreto entre ambas más de una vez- que con Gazmuri.



Saber qué piensan en otras veredas también obligó a otros desplazamientos, como echar una mirada entre viernes y sábado a la gira de Mauricio Macri por Salta y Tucumán, para aprovechar un paso por la Serenata de Cafayate, fiesta musical tradicional que ofreció dos oportunidades para conocer qué piensa el jefe porteño de su futuro. Las dos fueron reuniones con empresarios: una en el salón Grace, de Cafayate, organizada por dos hijos de Juan Carlos Romero -aliado del PRO en esa provincia- y la otra en la estancia La Carreras de José Frías Silva. En esos condumios, uno de mediodía, el otro a la noche, Macri repitió las mismas consignas que pronuncia ante esos públicos: que si quieren que dejen de mandar quienes han gobernador durante 30 años hay que comprometerse para no tener después de qué quejarse. Junto al armador nacional Emilio Monzó -ministro porteño- y el comisario regional del PRO, Pablo Walter, explicó además sus percepciones sobre 2015. Primero, que cree que en ese año la disputa por la presidencia va a ser entre él y Daniel Scioli. Con números en un papelito desechó la posibilidad de que el factor Massa modifique nada en el peronismo, que la liga radical-socialista no está en condiciones de entrar en un balotaje en el cual él disputará el poder a Scioli. La confianza en este dictamen la basó sobre encuestas que dijo tener en las cuales un tercio de los consultados manifiesta un rechazo hacia los partidos tradicionales y que esa franja es la que tienen que tratar de representar quienes quieran un cambio. Como se trataba de un encuentro regional se dijo más que confiado en la suerte allí de su proyecto porque se trata de una mayoría de provincias que tienen la elección local desprendida de la naciona por imperio reglamentario. Eso pasará, dijo, en Salta, Tucumán, Catamarca y Santiago del Estero y es la mejor oportunidad porque una candidatura nacional del peronismo no tendrá el apoyo de postulantes que se jueguen en la misma fecha la suerte en la provincia.



Parte del viaje a esas dos provincias la dedicó Macri a poner a prueba la una iniciativa de sus campañologos: atender en persona a algunos vecinos de Tafí del Valle y Amaicha que pidieron conocerlo. El había ofrecido las reuniones mediante su página de Facebook y se anotaron cerca de 3 mil vecinos. Eligió a dos o tres y se les apareció en la casa junto a Juliana Awada y conversó sobre proyectos, ideas, aspiraciones con esos espontáneos. Había que probar el método porque esa exposición a corazón desnudo encierra sorpresas que pueden ser riesgosas, pero el sistema funcionó. Es una forma cibernética del timbreo, hábito de campaña que empleó el macrismo en la Capital Federal en las últimas elecciones, y nadie puede decir que no las ganó por esas tácticas de apelación vecinal, sin actos masivos ni concentraciones como hacen los otros partidos. Alquimias quinchescas que hay que registrar porque hoy tienen el carácter de vaticinio y prueban el olfato de los protagonistas. Para coleccionar y leer en el 2015.



Había que seguir viajando para estar a la altura de la información, y dimos un sobrevuelo sobre El Vaticano siguiendo a los argentinos que se acercaron a acompañar al arzobispo porteño Mario Poli en su asunción como nuevo cardenal, gesto que el nuevo purpurado festejó en la basílica de San Pedro de forma casi peronista. Cuando el papa Bergoglio le impuso el capelo y el birrete y le entregó la bula decreto de designación se dio vuelta y agitó el documento señalando hacia la delegación argentina. "Había que desacartonar", les explicó después a Guillermo Oliveri, Juan Carlos Molina (enviados de Nación, son secretarios de Culto y el sacerdote es el único funcionario cura que tiene el gobierno; está en el Sedronar), Marcos Peña y Fulvio Pompeo (secretario de gabinete macrista y, respectivamente, canciller de bolsillo del jefe porteño) y el embajador Juan Pablo Cafiero, el único del grupo que estaba vestido de etiqueta, con un coqueto moño blanco, un atavío sólo comparable con el más que competitivo sobretodo de paño blanco que usa el Papa Francisco, algo tan impresionante en elegancia que llamó la atención del cronista de la revista Rolling Stone cuando hizo un perfil de su personalidad. El grupo fue recibido por el papa en un besamanos que no dio para mucha charla. El Papa estaba ubicado junto a la Pietá, escultura de Miguel Ángel que hoy está resguardada por un blindex y saludaba a todos quienes pasaban, dignatarios de todos los países que ponían cardenal ese día, entre quienes se destacaba Dilma Rousseff, una agnóstica que se resistió varias veces a ir a verlo al pontífice pero que sabe que los reyes magos son los padres y que hay dignidades a las que no hay que desairar si se buscan votos. Brasil, además, ese día ponía dos nuevos cardenales es el país del mundo con más fieles de esa confesión. Aunque algunos lo esperaban, no hubo recepciones de la embajada argentina a los viajeros. Por eso se repartieron en diversos quinchos; el más entretenido lo registramos en el restorán La Scrofa adonde llevó a almorzar Oliveri a algunos obispos como Marcelo Seca, de Tucumán, Agustín Radrizzani de Mercedes-Luján y Alberto Bochatey, auxiliar de La Plata, que saben tanto de fe como de comida italiana, explicable en una iglesia que es esencialmente italiana. El grupo se queda esta semana para acompañarlo a Poli en alguna actividad personal como visitar a sus parientes en el norte de la península, y estuvieron anoche en la primera misa que dio el nuevo cardenal en la parroquia romada de Sanm Roberto Belarmino. Cada cardenal tiene en Roma una parroquia propa asignada y la Argentina tenía desde la era Bergoglio a ésta adonde concurrieron los viajeros que se quedaron en Roma para escuchar la primera misa del cardenal (en el frontispiscio de esa parroquia figuran el escudo papal y el del obispo de Buenos Aires). En esa mesa se habló poco de novedades porque por ahora la Iglesia no tiene vacantes de obispos, salvo algunos auxiliares que llevará Poli en Buenos Aires. El año que viene, escuchamos, habrá vacantes porque el papa Bergoglio parece imponer la idea de que a los 75 años un obispo debe jubilarse, sin darle los dos o tres años de continuidad como se acostumbraba antes. Hicieron repaso de encuentros, como los que tuvieron algunos como Oliveri con Pietro Parolini, secretario de Estado del Vaticano, de quien es secretario el inglés Robert Murphy, que fue algunos años el segundo en la nunciatura en la Argentina, bajo la representación de Adriano Bernardini, y con el canciller del Vaticano, el francés Dominique Mamberti. Otros buscaron acercarse a otro argentino cn vara alta cerca del papa, su secretario de más confianza, Fabián Pelacchio que, junto al obispo Guillermo Karcher, integran el círculo criollo más íntimo.



Y final con arte, en el único quincho porteño apreciable, porque en el tradicional bar de hotel Plaza, el galerista Alberto Sendrós contó que habían pasado algunas décadas desde su fundación, en 1009, cuando de allí mismo retiraron un cartel donde aclaraban que las mujeres tenían prohibido el ingreso. Ese espacio estuvo durante años reservado para los hombres, en exclusividad. El joven artista Martín Legón escuchaba atónito la historia casi reciente, de una fiesta sofisticada que a partir de dicho cartel organizó el coleccionista Miguel Riglos. "Los hombres tienen todavía sus dominios, sostuvieron con cierto cinismo: el bar, el peluquero, la biblioteca y el gimnasio del Jockey Club son de ellos, pero el tiempo se encargó de que el cartel del Plaza pasara al arcón del olvido". Lo cierto es que la semana pasada, un grupo de señores y señoritas manejaban a la hora del cóctel información precisa sobre el mundillo del arte porteño. Para comenzar, se dijo que la feria arteBA 2015 en Punta del Este está planeada para el 3 de enero, fecha difícil para quienes tienen familia. Pero señalaron las virtudes de un proyecto pequeño y muy selectivo. Sólo se convocarán unas pocas galerías top, como londinenese White Cube, entre otras, que nunca aceptaron venir a Buenos Aires pero que se embarcarían rumbo a un destino glamoroso como Punta del Este.



Por lo demás, un coleccionista recién llegado de la feria de Madrid relató su paso por el comedor del Hotel Palace y por la mesa que presidía el magnate del real estate y coleccionista argentino radicado Miami con museo propio Jorge Pérez. Allí el comentario generalizado fue que Diego Costa Peuser, mentor de la feria Pinta de Nueva York, está en tratativas con la baronesa Thyssen para motivarla a abrir en Buenos Aires un museo dedicado al arte latinoamericano. "A la baronesa, ya viuda y fabulosamente rica, no le falta coraje", arriesgó el empresario Norberto Frigerio. Y se recordaron sus méritos: el más importante es haber llevado desde Lugano a Madrid la colección de su marido, una de las más importantes del mundo, que hoy exhibe el Museo Thyssen-Bornemisza en el Paseo del Prado. En el Plaza, un grupo de coleccionistas que prefirieron (modestamente) dejar su nombre en suspenso, confirmaron lo dicho acerca de la epopeya que planean Costa Peuser junto a la baronesa, más bella con el correr de los años.



El artista Martín Legón aseguró que su nuevo libro se publicará en setiembre. Por su parte, el galerista Alberto Sendros añadió que además de asociarse a una nueva galería, Barro, que abrirá sus puertas frente a la Usina del Arte, trabaja en un proyecto personal. "Se trata de un edificio de talleres para artistas con un espacio expositivo high tec en su planta baja, y ubicado en el recién creado Distrito de las Artes, a pocos pasos de la Bombonera", enfatizó Gabriela Urtiaga, funcionaria del Ministerio de Cultura porteño. Se sabe, los talleres son la gran carencia de los artistas argentinos y Sendrós, junto a los directivos de Fidusaires estarian apoyados por Francisco Cabrera y Carlos Pirovano, funcionarios top del Gobierno de la Ciudad. Según se afirmo entre bocadito y bocadito de salmón rosado, alcauciles y otros vegetales sabrosos, los diez talleres del edificio ya estarían reservados para un grupo de artistas, la selección tuvo en cuenta la interacción generacional. Los beneficios impositivos intentan favorecer el crecimiento de una zona oscura. Para la segunda ronda de champagne se comentaron las muestras que se verán este año del alemán Joseph Beuys en la Fundación Proa de la Boca, de los argentinos Antonio Berni y Julio Le Parc en el Malba y una nueva serie de pinturas de Jorge Macchi en la galería Ruth Benzacar.





Vamos a terminar con un chiste de suegras.

Un hombre va a una agencia de avisos fúnebres y le dice al empleado:

-Quiero poner un anuncio por la muerte de mi suegra.

-De acuerdo, señor. La tarifa son $ 20 por palabra.

-Muy bien, ponga entonces: "Murió Josefa".

--Discúlpeme, señor, pero eso es imposible. No se puede publicar un aviso fúnebre con esas características. Además, el mínimo que cobramos es por 5 palabras, o sea $ 100.

-Pero yo no quiero gastar más de $ 40.

-No puede ser.

-Perfecto, entonces ponga: "Murió Josefa. Vendo Toyota Corolla".

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