- ámbito
- Edición Impresa
Charlas de quincho
Conspiraciones, juramentos de sangre y otros compromisos políticos de cara a las elecciones hallará el lector en los quinchos de hoy. En primer lugar, en Mar del Plata, la sabrosa disquisición oficialista sobre una cifra áurea: ¿cómo conquistar el vaporoso 15% que definiría un triunfo en primera vuelta? De allí nos fuimos al opíparo banquete de los gastronómicos en La Rural, con el opositor Macri como invitado central, y al sarao del industrial massista De Mendiguren en San Isidro. Con abundante vino de su bodega, también estuvimos en el festejo del 70 cumpleaños del embajador en Chile, Ginés González García, y entre quinchos judiciales nos encontramos con una historia que sorprenderá al lector: el concurso de canto en el que se enfrentaron Carlos Gardel y Ceferino Namuncurá, con resultado aun más sorpresivo. Veamos.
Julián Domínguez, Eduardo Valdés y el rector mayor de los salesianos, Ángel Fernández Artime, recuerdan cuando Ceferino le cantó a Gardel. Convivencia multipartidaria en el quincho de José Ignacio de Mendiguren en San Isidro, macristas como Patricia Bullrich, Marco Lavagna del massismo y Gustavo Marangoni del sciolismo.
¿Quiénes son ese 15%?, preguntan los candidatos. Seguramente independientes, pero que han votado antes al peronismo, el mismo tramo que temieron siempre Macri y Ernesto Sanz que quedaría suelto si se evaporaba la chance Sergio Massa, y que unos quieren, y otros temen, que vuelva a votar peronismo. ¿Y el resto de los independientes? Responde del lado del jefe de Gabinete Pérez, que lleva las carpetas con los números: el resto son los peronistas. Si simplificamos con el 46% que no votó a Cristina-Scioli en 2011, y ésos no van a votar nunca al peronismo. Para ellos no hay nada, que los cultive la oposición y que intenten retenerlos. ¿Y para ese 15% que vamos a atacar, qué tenemos? Para ellos está el sciolismo de la última semana, es decir Cristina haciendo anuncios de gestión, pero por ahora con menos actos partidarios -permanece hasta hoy en Santa Cruz- y sólo apariciones homeopáticas. Para ellos, sigue la mesa de esa noche en el Hermitage, la venida de Lula esta semana para prometer que habrá UPA (unidades ambulatorias de emergencia) para todo el país, con mensaje de apoyo de pertenencia a la región, que completan los brindis del brasileño a través de los medios, que los operadores esperan que repitan Evo Morales -que está por venir-, Tabaré Vázquez y Michelle Bachelet. Del uruguayo hay compromiso de mensaje de apoyo, respuesta a los dos viajes que hizo Scioli a Montevideo, uno para el cierre de su campaña y el otro el mismo día de la elección. De Bachelet no se sabe todavía el formato, pero el trámite se confía al embajador en Chile -Ginés González García-, que es uno más de la mesa chica del candidato. Para ese público también las fotos con los sindicalistas descongelando el debate sobre el Impuesto a las Ganancias y la exhibición de ese nuevo animador en que se ha convertido Miguel Bein, de moda como el intérprete del proyecto desde algún escalón de la ortodoxia. Para ese paquete de campaña, la mesa festejó que les deja espacio la provocación de algunos dichos de la vice de Macri, que en dos oportunidades dijo que si volviera en el tiempo votaría de nuevo contra la estatización de YPF y de Aerolíneas. Eso, juzgó la mesa, trabaja para el público que no queremos, lo nuevo es aprovecharlo para trabajar sobre el 15% con el que capturemos un tercio de esos votos para que vuelvan al peronismo, ya ganamos.
Al día siguiente, cuando había terminado la reunión masiva con intendente y había llegado Carlos Zannini, que se perdió la cena de la noche y lo que sigue, el candidato se distendió otra vez en el comedor del Hermitage, antes de tomarse el avión de vuelta a La Ñata. Junto a Diego Bossio, Alejandro Granados, Sergio Berni y Mauricio Mazzón, hijo del llorado "Chueco", para refinar algunas acciones en el tema seguridad que se van a reforzar en la campaña pero, más que nada, para insuflarle ánimo a este grupo que está más en la trinchera que en las alturas estratégicas. El dictamen de ese mediodía fue tener confianza y sostener la tranquilidad. ¿Tranquilidad?, indagó esa mesa empapada de ansiedad, quizás porque la mayoría no tiene la experiencia del candidato en estas peleas. "Sí, tranquilidad, porque nuestros adversarios están agitando las aguas, están haciendo campaña buscando la contradicción, y en esos momentos es cuando hay que estar más tranquilos". La mesa pareció admitir la lección, pero se levantó dispuesta a no estar muy tranquila porque el desafío del mes y medio que viene es retomar la iniciativa después de debates como las inundaciones y otros temas que aprovechó la oposición. Ahora esperan que los dardos vengan en torno al debate de candidatos. La presión de los medios y los dirigentes comprometidos con esa iniciativa les crea a los candidatos un escollo a superar. Ya corre la leyenda de alguna reticencia de Scioli a participar de ese debate, aunque nadie lo ha dicho de manera formal. Según los campañólogos del oficialismo la oposición busca aprovechar esa leyenda para decir que tiene miedo a debatir, y si al final sí debate, que se quebró en su idea inicial. Humos de campaña, pero de eso viven todos. El candidato apuró el regreso a Buenos Aires para dedicarse ayer a registrar notas para programas no políticos, que son los que cree mejor lo benefician para el último tramo. Postergó el fútbol para hoy y el punto más alto de la semana lo prevé con Lula, que rinde mucho.
Donde sí hubo humo fue en la noche del sábado en La Rural, donde Macri tuvo el escenario de nicho más grande que puede tener un candidato: la cena anual de los gastronómicos que le organizó el macrista de la familia que conduce esa organización, Dante Camaño. Esa cena rompe todos los años el récord de asistencia y es notable lo bien que se come -no sería de esperar lo contrario tratándose del gremio de las ollas y las sartenes-. Esta vez hubo 25 mil asistentes y la sala vip fue del tamaño acorde con esa dimensión porque albergó a 600 elegidos, entre ellos la plana mayor del Gobierno porteño: Macri, Horacio Rodríguez Larreta (junto a Bárbara Diez, que esta vez no organizó el condumio, que es su especialidad, estuvo a cargo de la firma Arte Catering), Hernán Lombardi, Guillermo Montenegro, el subjefe policial Ricardo Pedace, Ezequiel Sabor, secretario de Trabajo de la Ciudad, Sergio Abrevaya (del Consejo Económico-Social), y algunos artistas como Patricia Sosa, que cantó el Himno, el coiffeur Fabio Cuggini (autor de la célebre expresión "hoy cualquiera se dice peluquero"), y el artista Marino Santa María entre otros. Camaño cantó las loas de Macri, adelantó que será presidente y transitó por algunas de sus consignas de siempre, como que "no se pueden llamar peronistas tanto a los que alaban a los asesinos de Rucci, como a quienes repudiamos su asesinato". Macri siguió su campaña buscando el voto gastronómico, que todos saben está dividido, porque la hermana de Dante, Graciela, es uno de los escuderos del massismo, y su cuñado, Luis Barrionuevo, sigue sosteniendo que el mejor candidato era José Manuel de la Sota. "Salgan a convencer a sus amigos, a sus vecinos, a sus compañeros. Y a aquellos que aún están dudando les pido que no tengan miedo", ensayó el candidato, apostando a que este gremio puede aportar número. En la sobremesa, que se extendió cuando Macri se había retirado -ayer debía estar en Río Cuarto en la primera de dos visitas a Córdoba en una semana- y ya apabullaban los sones de la Banda XXI, hubo un debate sobre qué gremio es más simpático para el público, si los gastronómicos o los porteros. Para unos, los hombres de la bandeja dan de comer y tienen la simpatía de su público, para otros no es tan así y por eso siempre las propinas tiran a menos. Otro sector de la larga mesa principal rescató a los encargados de edificios, que es como llaman eufemísticamente a los porteros en el gremio del hoy kirchnerista Víctor Santa María. Otros dijeron que no hay vecino que no tenga una cuenta pendiente con su portero y que eso explica el bajo perfil de Santa María en la campaña. Para los que recogen estadísticas: en la cena se montaron 10 cocinas, actuaron 650 mozos para 1.240 mesas en las que se sirvió un menú de fiambres, dúo de pollo y bondiola con papas y batatas. ¿El postre?, helado.
Hubo también encuentros convivenciales que merecen la atención quinchesca porque amortiguan el nervio que le pone la campaña a la colectividad política. Son encuentros en los que comparten visiones, y a veces alguna información, hombres de partidos cuyos candidatos se destrozan en público, pero que entienden que, como los hombres de negocios, cada cual defiende su interés y eso es respetable, Una de esas convivencias fue la promisión en su quincho de San Isidro, en la noche del viernes, del diputado massista y dirigente empresario José Ignacio de Mendiguren. El pretexto fue reunir al grupo que hace algunos meses viajó a Washington en un viaje de "estudios" organizado por el Centro de Estudios Argentinos, para que los políticos argentinos pudieran tener contactos con funcionarios del Gobierno de los Estados Unidos y grupos empresarios y de inversores que tienen intereses en la Argentina y que se mueren por saber qué puede pasar. El asado juntó a massistas como el dueño de casa y el candidato Marco Lavagna, con macristas como Patricia Bullrich y Laura Alonso, y a inocultables sciolistas como el presidente del Banco Provincia, Gustavo Marangoni. Nadie apostó a dar un resultado de las elecciones y prefirieron imaginar cómo será la cohabitación de sus fuerzas después del 10 de diciembre, gane quien gane. "Va a haber un Congreso más fragmentado en más bloques y más chicos y todas las leyes van a tener que conversarse", dijo el "Vasco" dueño de casa. "Se termina eso de los últimos años de que los proyectos del oficialismo salen igual que como entraron, sin cambios ni discusiones". Levantaron las copas, además, el poeta Guillermo Yanco -estratega de su mujer, la diputada Bullrich-, el diputado provincial Marcelo D'Alessandro del massismo, como Sergio Solmi, quien prometió repetir la algarada en sus pagos de Pergamino, Pablo Cianciarollo (jefe de Gabinete de Marangoni), Anastasia Beccar Varela, de la Fundación Americana, y otros asistentes a aquel viaje que se recordaba como los empresarios Francisco do Pico (Coca- Cola), Alejandro Cerviño (del Citi) y José Pappo (Nike), que no podían creer cómo estos políticos se trataban tan amablemente, por lo menos durante algunas horas.
Otro ejercicio del mismo tipo fue el cumpleaños del embajador Ginés González García, que cumplió 70 y lo festejó en uno de los salones de la Universidad Isalud, que lo tiene como inspirador, adaptado para una fiesta con tangos y otras extravagancias, como rociarlo con los mejores caldos de la bodega que tiene al embajador como socio, Tierra Mayor, que produce varios rangos de vinos pero que esta vez presentó "Guapo", una etiqueta premium que se prensa y guarda en San Juan, que es donde está esa bodega. Hubo, como no ocurría desde los legendarios cumpleaños de Antonio Cafiero, mentor de este embajador, una colectividad en la que convivieron durante más de seis horas desde Héctor Timerman al duhaldista Daniel "Chicho" Basile, pasando por el radical Aldo Neri, el "Tano" Abruzzese, mano derecha de Gerardo Zamora, Fernando Boulin, Gildo Insfrán, Julio Alak, el vicecanciller Eduardo Zuain, Carlos Tomada, Daniel Filmus (que partió de allí rumbo a Río de Janeiro como estrella de la delegación criolla a la Bienal del Libro), Alicia Pierini, Roberto Perfumo, Lisandro Bonelli (un massista que es sobrino de Ginés), Carlos West Ocampo, Rodolfo Daer, Naldo Brunelli, Enrique Albistur, Miguel Gallardo, Jorge Remes Lenicov y tanto más. Hubo música como el show de "Los amados", que fue un regalo de los amigos políticos, como la actuación de Ariel Ardit, un cantor de tangos que venía de actuar en homenaje a Carlos Gardel acompañado por una orquesta sinfónica en el aeropuerto de Medellín, y que está esperando que lo contraten en el Colón. La noche se extendió hasta la madrugada con pastas a la bagna cauda, y vino y más vino. Hubo sorpresas como la foto que acercó un nieto de Ginés en el cockpit de su Minicooper en el que corrió varias carreras en Chile siendo embajador. Ginés recordó anécdotas del pago chico en San Nicolás, como la estancia de Subiza, donde Perón y Eva habían vivido días felices. Le reprocharon, y no tuvo respuesta, que aún no haya terminado la novela de amor y misterio que está escribiendo sobre una historia real de San Nicolás. "No me da tiempo la política", se lamentó Ginés. También hubo cuentos más viejos, como cuando Ginés debutó como actor junto a Jorge Asís en un filme de Nicolás Sarquís. "Eran tiempos de militancia", admitió Ginés, quien recordó que no fueron los únicos, porque Felipe Solá, la exdiputada solanista Alcira Argumedo y hasta el apoderado del PJ, Jorge Landau, actuaron en el film "Los hijos de Fierro", de Pino Solanas. Ginés terminó la jornada apabullado por llamados esa noche de quienes de disculparon por no acercarse, como Scioli, que tenía un acto en La Plata, su colega Carlos Bettini y el diputado Julián Domínguez.
Ya que se menciona a Gardel, lo volvimos a encontrar en un quincho legislativo que se registró a mediodía del viernes en el salón Delia Parodi de la cámara de Diputados. Allí el embajador en el Vaticano, Eduardo Valdés, y el presidente de la Cámara, Domínguez, le entregaron una distinción a la máxima autoridad de los salesianos en el mundo, el español Ángel Fernández Artime, por los 200 años de creación de esa orden. Este Artime estuvo destinado en la Argentina hace dos décadas y allí lo conoció al entonces obispo Jorge Bergoglio quien, apenas fue Papa, lo nombró rector de la orden, el máximo cargo en el mundo. En ese acto hubo revelaciones de historias viejas pero jugosas, como la que dice haber recopilado Valdés -que se formó con los salesianos en Neuquén- sobre el día en que Ceferino Namuncurá le cantó a Carlos Gardel y le ganó. Esa historia dice que Ceferino y Gardel convivieron como internos en el colegio Pío XI de la calle Quintino Bocayuva, donde el cantor, de niño, estaba inscripto como estudiante del oficio de linotipista. Se conocieron con Ceferino y ocuparon la misma habitación, entre 1901 y 1902, antes de que Namuncurá se fuera al Vaticano, donde murió de tuberculosis. Los dos, cuando eran compañeros de colegio, cantaban en el coro del establecimiento bajo la dirección del maestro Lorenzo Spadavecchia, que organizó en 1902 un concurso de solistas a cuya final llegaron Gardel y Ceferino. El premio era el título de "Digno de Alabanza en Canto" y en esa disputa ganó... Ceferino, aunque no se crea. Valdés dice tenerlo certificado y documentado. Es tan salesiano que nadie deja de creerle, porque además es un experto en Don Bosco y domina hasta la lista de sus sueños. "El sueño 87 le dijo que tenía que venir a la Patagonia, y por eso la orden fue la pionera en esa región". También evocó en esa charla, a la que asistió el delegado personal del Papa en Buenos Aires, el cura Carlos Accaputo, a su mentor de juventud, el obispo Jaime de Nevares, convencional del chachismo en 1994 en Santa Fe, que era primo de Adolfo Bioy Casares y que fue compañero de Liceo Militar de Alejandro Agustín Lanusse, con quien confrontó sobre la construcción de la represa del Chocón. Los salesianos hicieron ayer un festejo de su aniversario en su nuevo santuario, que es el Luna Park, heredado de la tía de Tito Lectoure a medias con la diócesis de Buenos Aires que conduce Mario Poli. El arzobispado y los salesianos son los nuevos propietarios del predio en trámite que encendió alguna pelea sucesoria.
Parada ineludible, en plena temporada de quinchos judiciales, fue el viernes el cumpleaños del exprocurador del Tesoro Joaquín "Chango" Da Rocha, abogado de consulta permanente en las últimas semanas por su cercanía a los avatares del peronismo bonaerense. Se acercaron hasta el Club Hípico de Palermo el embajador en Chile, Ginés González García, el ministro de Justicia bonaerense Eduardo Casal, la integrante de la Corte provincial Hilda Kogan, las juezas Karina Perilli (figura rutilante porque integra el segundo juicio por el caso AMIA) y María Victoria Pérez Tognolla, el abogado extitular del Colegio Público porteño Eugenio Cozzi, la también abogada Lucila Larrándar (prestó sus servicios al actual secretario de la Presidencia Eduardo De Pedro), Miguel Gallardo, que es junto a Jorge Landau el apoderado de la fórmula Aníbal-Sabbatella, el académico de la liga Justicia Legítima Mario Costa y el juez Alfredo Ruiz Paz. Da Rocha invitó con pinchos, tapas y diversas cazuelas en un formato living que se está imponiendo en este tipo de saraos porque permite mayores facilidades para conspirar e intercambiar datos ya que ofrece la ventaja de la movilidad permanente.
Casal fue uno de los más consultados por integrar el gabinete de uno de los candidatos más taquilleros a la presidencia. Recordó que está en proceso de la búsqueda del último guiño legislativo para que se vote la autarquía financiera del Poder Judicial bonaerense. Esto es, esencialmente, que los jueces puedan disponer del presupuesto sin tanta burocracia del Ejecutivo. Ese debate es seguido de cerca porque es uno de los pedidos recurrentes del titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti. Casal espera los votos para convertir en ley ese proyecto así como también para instalar el modelo de paritaria judicial porque actualmente en Buenos Aires los empleados de tribunales discuten su sueldo con el Ejecutivo. El académico Costa pasó, en los diversos livings que frecuentó, el aviso parroquial de que este jueves Justicia Legítima arma otro encuentro en la Facultad de Derecho, con una tónica especial porque en el mismo, Eugenio Zaffaroni se explayará largo y tendido sobre ideas para la reforma de la Corte Suprema. Una ocasión imperdible para aquellos que asesoran a los candidatos en temas cortesanos porque el exministro de la Corte es partidario de numerosas innovaciones que el relatará este jueves.
En el rubro del quincho cultural, que vale tanto como el político, no podemos obviar el sarao del martes en la Facultad de Derecho de la UBA, en rigor primer almuerzo académico del segundo cuatrimestre que reúne a profesores, graduados e influyentes de ese ámbito convocados por la decana Mónica Pinto, en esta oportunidad para recordar el bicentenario del Departamento de Jurisprudencia, antecedente histórico de esa alta casa de estudios superiores. La usanza es servir en sala de profesores un autoservicio de buffet frío y un plato caliente a elección (cazuela de lomo o pollo y ñoquis), suavemente regado con gaseosas y agua mineral -para evitar la modorra posterior- y finalmente café y masitas. Luego del almuerzo un orador se refiere al tema del día, que en la oportunidad fue el aniversario de los doscientos años de la enseñanza del derecho en Buenos Aires, abordado por un reconocido especialista en la materia, el doctor Tulio Ortiz, profesor emérito y coordinador del Seminario Permanente de Historia de la Facultad de Derecho, ámbito que tradicionalmente reúne memoriosos y nostálgicos de antaño. En la imposibilidad de resumir la totalidad de los avatares históricos de esa unidad académica a lo largo de dos siglos, Ortiz presentó una amena charla salpicada con flashes de episodios significativos de la presencia la misma en la vida nacional muy celebrada por el público, que luego hizo comentarios y preguntas sobre hechos que pasaron por alto y que la mayoría de los asistentes conocía muy bien por haber sido protagonista o testigo. Como para tener un panorama de la concurrencia, vale el comentario de una de las más significativas personalidades presentes: "Acá está todo el gorilaje". Cabe mentar la presencia del exdecano Eduardo Pigretti, el actual vicedecano Alberto Bueres, José O. Casás, miembro del Tribunal Superior de la Ciudad, Jorge Reinaldo Vanossi, Horacio J. Sanguinetti, Bartolomé Tiscornia, Lucía Gálvez, Emilio Gibaja, Jorge Garlan, Juan Carlos Villalba, Rómulo Zemborain, Hortensia Gutiérrez Posse, Hebe Leonardi de Herbón, Jorge San Martín, exjuez de la Suprema Corte bonaerense, Héctor Sandler, María Isabel Siritto, María Rosa Pugliese, Eve Rimoldi de Landmann, Beatriz Alice, Eduardo Conesa, Juan Antonio Travieso, Marcelo Alegre, Edgardo Costa, Diego Barovero, Alejandro Gómez, Luciana Scotti, entre otros.
La cofradía de las ostras y el champán tuvo su cónclave más opulento el martes pasado, cuando la Academia Argentina de Gastronomía celebró su 20° aniversario sin privarse de nada. Los salones del Hotel Alvear albergaron invitados amantes de los placeres, junto con los 42 académicos que, con orgullo, ostentaban en el pecho grandes medallones sostenidos por cintas de seda, como si fueran grandes lores del almirantazgo o nobles guerreros. La presidenta de la academia, María Modesta, enfundada en un vestido azul profundo, cumplió el oficio de anfitriona y prodigó sus saludos. Luego, justo es reconocer que la visión de las mesas cortaba literalmente el aliento. Había fuentes colmadas de ostras de diversos tamaños, grandes potes con caviar, pulpo español y salmón caramelizado; endivias, alcaparras y distintas copas con ceviche junto a los langostinos marinados y crujientes, el atún rojo, las centollas australianas y unas papas azafranadas con huevos de codorniz. Con los primeros bocados sirvieron sorbetes de tomate y pepino, además de torrentes de champán rosé. La concentración en la comida fue total. Hasta después de los postres nadie reparó en las figuras de hielo ni en el arte que los rodeaba. Luego de estos bocaditos y del jugo de pomelo rosado al champán que renovó el paladar, llegó el plato fuerte: una costilla rojiza de ternera con salsa limousine acompañada de crostines de polenta con queso brie. Legiones de mozos con guantes blancos y riguroso jaquet serpenteaban diligentes entre las mesas. Entonces sí, comenzaron a escucharse en voz muy baja, como en misa, las confesiones.
Entre los que se relamían con estas delicias estaban Rafaelito de Oliveira César, María y Charles Blaquier, Juan Javier Negri, Iván Robredo, Manuel Mora y Araujo, Alejandro y Bettina Bulgheroni, Norberto Frigerio, Guillermo Jaim Etcheverry, Claudia Stad, Jean de Ganay, Juan del Azar, Jorge Ortiz, Alejandro Macfarlane, Carlos Fontán Balestra, Jorge Aufiero, Martín Cabrales, Bruno Quintana, Tato Lanusse, Ramiro Otaño, Juan Pablo Maglier, Cristiano Rattazzi y Teresa González Fernández y, entre otros, embajadores de Suiza, Italia y la India, el infaltable Gino Bogani y José Urtubey, miembro de la UIA y hermano del gobernador salteño, que acaparó la atención de muchos. Acaso sin pensar demasiado, le preguntaban al empresario por el destino de las elecciones de octubre. Sirvieron cóctel con mesa de mar (caviar, langostinos, salmón, centolla, pulpo, torre de mejillones, ceviches), costilla de ternera en salsa limousine, crostini de polenta con queso brie untado con tapenade y vegetales de baby de temporada y postre soufflé de lima y jengibre sobre pan genovés de pistachos. Gracias a los vinos Malbec, Cabernet Sauvignon y espumantes extra brut reinaba una alegría inusual cuando llegó el postre: soufflé de lima y jengibre. Finalmente, para los premios y los brindis todo era una fiesta. Se recordó que "existe gracias al cielo en la Argentina esta academia", que no sólo protege lo genuino de las comidas regionales y cuida la calidad de los vinos, sino que además rinde honores a los mejores chefs, como lo hizo con el Gato Dumas y Francis Mallmann en su momento. "El pecado de la gula puede ser eximido de culpa si se comete con elegancia", sostenía un invitado al fin de la noche. Otro señaló las paredes del gran salón, decoradas con obras de arte de los dueños del hotel, los hermanos Sutton, y las esculturas de Curatela Manes sobre las mesas, entre las velas y la vajilla de plata.
Vamos a terminar con un chiste médico.
Un doctor y su paciente mantienen el siguiente diálogo:
-¿Qué tal se alimenta?
-Normal.
-¿Qué es para usted normal?
-Tres comidas al día, bajas en calorías y sin grasas.
-Muy bien. ¿Y qué tal el ejercicio físico?
-Normal.
-¿Qué es para usted normal?
-Fútbol una vez a la semana. Camino 20 cuadras por día, y me movilizo en bicicleta.
-Bien. ¿Y sexo?
-Normal.
-¿Qué es para usted normal?
-Cuatro o cinco veces al año. Seis o siete como mucho.
-Bueno, eso a su edad no me parece tan normal. Lo habitual es una o dos veces a la semana.
-Eso será normal para usted, que es médico. Yo soy sacerdote.


