4 de abril 2012 - 00:00

Chile usó apoyos en favor de Pinochet

Entre los documentos que han reaparecido en ocasión de cumplirse los 30 años del comienzo de la Guerra de Malvinas hay uno de importancia histórica clave, cuyo contenido se conocía, pero que ahora consta completo. Se trata del «Memo Matthei», el escrito que le envió el exjefe de la Fuerza Aérea de Chile Fernando Matthei a Margaret Thatcher el 25 de marzo de 1999 para recordarle los favores que le había hecho su país a Gran Bretaña durante esa guerra. En ese momento estaba detenido en Londres el expresidente Augusto Pinochet, reclamado por España para juzgarlo por atrocidades durante su Gobierno, y el exmilitar logró conmover al Gobierno inglés, que terminó liberando a Pinochet. Ese documento lo ha publicado el economista chileno José Piñera, exministro de Trabajo de Pinochet -para quien creó el sistema de jubilaciones privadas- y hermano del actual presidente Sebastián Piñera. Lo consiguió de mano Robin Harris, exjefe del Gabinete privado de Thatcher, con autorización de ella. Piñera colgó hace un tiempo de su página web una traducción propia del documento, originalmente escrito en inglés. Aquí ese documento.

En los primeros días de Abril de 1982, poco después de la invasión argentina a las Islas Falkland, el Jefe de Inteligencia de la Fuerza Aérea de Chile me informó que un Comandante de Ala de la Real Fuerza Aérea (RFA) de Gran Bretaña había llegado a Chile con un mensaje personal del Jefe del Estado Mayor de la RFA y requería una reunión inmediata.

Lo recibí inmediatamente. Era el Comandante de Ala Sidney Edwards, quien me presentó de inmediato sus credenciales y me preguntó si estaría dispuesto a colaborar con Inglaterra en ese momento crítico. Ellos requerían ayuda, principalmente, en temas de inteligencia. Como nunca habían considerado a Argentina como enemigo potencial, carecían de información de inteligencia sobre dicho país. También me señaló que tenía poderes suficientes para negociar directamente cualquier requerimiento urgente de aviones, repuestos u otro equipamiento que la Fuerza Aérea chilena necesitara, con el objeto de fortalecer nuestras defensas ante la amenaza Argentina. Además, me señaló que deberíamos evitar los canales diplomáticos. Y me especificó que ni el Embajador británico ni el Agregado de Defensa tenían conocimiento alguno de él y su misión. Le señalé que antes de comprometer nada, tenía que, por cierto, conversar el tema con el General Pinochet y obtener su beneplácito respecto del tema.

Conversé con el General Pinochet quien no se sorprendió en absoluto del requerimiento Británico. Lo analizamos cuidadosamente y reflexionamos sobre sus posibles consecuencias. El autorizó la operación con la condición que bajo ninguna circunstancia los ingleses podrían montar ninguna operación contra Argentina que utilizara territorio chileno. En esa reunión no estaba presente ninguna otra persona. Nuestro equipo de inteligencia le dio un completo informe al Comandante Edwards sobre la Fuerza Aérea Argentina. Le dimos libre acceso a nuestro centro de operaciones en Punta Arenas, donde nosotros monitoreábamos todas las operaciones de la Fuerza Aérea argentina a través de nuestro radar de largo alcance y nuestro equipo de comunicaciones basado en tierra. El Comandante Edwards portaba una radio con comunicación satelital directa al Comando de la Fuerza Británica. Durante Abril de 1982, trabajamos mano a mano con los ingleses. Un avión Nimrod de la RFA voló a Chile para efectuar misiones electrónicas y de comunicaciones de mutuo beneficio. Como voló sobre territorio chileno, consideré que no estábamos violando la condición impuesta por el General Pinochet de no utilizar suelo chileno.

La RFA embarcó también a Chile seis aviones Hawker Hunter desarmados a bordo de un avión aerotransportado C-130. Otro C-130 trajo un radar militar de largo alcance que nosotros instalamos, de acuerdo con los ingleses, en frente de Comodoro Rivadavia. Me gustaría señalar que los aviones C-130 volaron vía Tahiti e Isla de Pascua, ya que en ese momento ningún país sudamericano permitiría que aviones británicos sobrevolaran su territorio.

No debemos olvidar que Chile fue el único país de América Latina que no apoyó a Argentina en la guerra contra el Reino Unido y que, en ese momento, el presidente de Chile era el General Augusto Pinochet.

Así, cuando la Fuerza de ataque británica llegó a las aguas australes, todo estaba funcionando correctamente. Cuando el 1° de mayo los británicos atacaron, nosotros fuimos capaces de proveer al Comandante de la Fuerza de Ataque con información, minuto a minuto, de la reacción Argentina. Eramos capaces de detectar los aviones argentinos al momento que despegaban y monitorear su vuelo y sus comunicaciones, ya que transmitían con voz clara. Seguimos la ruta de los aviones hasta 80 kilómetros mar adentro. De esta forma, la Fuerza de Ataque británica estaba tempranamente advertida de los ataques argentinos y, así, eran capaces de preparar sus defensas y poner en vuelo a sus aviones para interceptarlos.

Fui informado inmediatamente de todas las operaciones que se llevaban a cabo y pude seguirlas desde mi oficina. Toda información importante la entregué al General Pinochet. El constantemente revisaba lo que estábamos haciendo y estaba muy interesado en lo que estaba ocurriendo. El único yerro que tuvimos fue cuando un helicóptero británico que transportaba a fuerzas comando, aterrizaron de emergencia en territorio chileno a pocos kilómetros de Punta Arenas. Nosotros desconocíamos esta operación y como violaba uno de los principios que habíamos establecido, tuvimos una fuerte discusión con el Comandante Edwards quien prometió que esto no volvería a ocurrir más. Mientras se incendiaban los restos del helicóptero, todos en Punta Arenas y, después en Argentina, se enteraron del caso del misterioso helicóptero. Inmediatamente informé al General Pinochet. El me dio las instrucciones pertinentes en orden a negar cualquier conocimiento por parte de Chile sobre este incidente a nuestro propio Ministro de Relaciones Exteriores y se me dejó en libertad de acción para ayudar a la tripulación inglesa a salir de Chile. A través de sus propios canales de radio, se le ordenó a la tripulación inglesa entregarse a una instalación claramente especificada de la Fuerza Aérea chilena. Desde allí los embarcamos en un vuelo comercial con destino a Inglaterra.

Me gustaría mencionar otro evento de importantes consecuencias. El 8 de junio, casi al final de la guerra de las Falkland, dos barcos de transporte, «Sir Gallahad» y «Sir Tristam» fueron atacados y destruidos por bombarderos argentinos con gran pérdida de vidas. Ese día, después de varios meses de operación continua, nuestro radar de largo alcance había sido apagado para efectuarle una manutención indispensable. Uno sólo puede especular cómo le habría ido a la Fuerza británica si no hubiera dispuesto de los avisos, con media hora de antelación, provistos por la inteligencia chilena respecto de los ataques argentinos.

Para terminar, quisiera señalar que esta cooperación no ha sido nunca mencionada antes y no hubiera sido nunca mencionada si no hubiera sido por la injusta situación en que se encuentra el General Pinochet en el Reino Unido. Un país que él ayudó en un momento de necesidad y cuando ningún otro país de América Latina estaba dispuesto a hacer nada a favor del Reino Unido.

Fernando Matthei Aubel

Ex General y Comandante en jefe de la Fuerza Aérea de Chile.

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