Se trata de una nouvelle pornográfica (que en Francia se ha considerado una obra de vanguardia). Desde la primera frase hasta la anteúltima página es la pormenorizada descripción de las infatigables relaciones sexuales a la que somete un hombre maduro a una colegiala en un par de días de supuestas vacaciones. Hacia la mitad del relato se descubre que la chica tiene 16 años y que el hombre no le pide que le diga papito por un juego erótico sino porque es realmente el padre que ha decidido iniciarla sexualmente, conteniéndose apenas de abrirle todas las puertas.
Escrito en tercera persona, con lenguaje objetivista, y una mirada detallista y fría de película en blanco y negro, impide que la obscenidad lleve a alguna forma de excitación, a pesar de que lo que se cuenta podría ser el guión de una porno donde no hay escenas fuera del tema. Cuando a Christine Angot le otorgaron el Premio Sade por esta novela, lo rechazó porque era lo opuesto a lo que ella buscó con su relato: provocar repulsión por la violación, por el incesto, por toda forma sexual de dominación. "No busco ofrecer placer erótico, sino el doloroso placer de la verdad". Angot en "Una semana de vacaciones" volvía a decir la relación que había mantenido con su padre, algo que le había dado un cierto suceso en 1999 con su novela "El incesto", luego de varios rechazos y fracasos editoriales. Más allá de sus apologistas lacanianos que enfatizan su drástica forma de hacer visible lo más reprimido, en "Una semana de vacaciones" lo que se manifiesta es la relación entre un psicópata y su sirvienta. El hombre ordena, somete, fantasea, recuerda, impone, y la muchacha hace siempre lo que él le pide, no explica ni piensa su actitud, y sobre el final, cuando se ve abandonada, llora.
Christine Angot, novelista, dramaturga, priodista, comentarista en televisión, amplió su mundo a partir de su primer "succés de scandale", luego de aparecer como una transgresora que considera que "en literatura no hay moral ni responsabilidad". Hoy en el mundo intelectual parisino es tenida como "una de las figuras mayores y realmente mediáticas de la nueva literatura francesa". Debido a que cuenta cosas que ha vivido, es uno de los nombres clave del género literario de moda: la autoficción, la denominada "literatura del yo" (algo que acaso se podría remontar al siglo XIX, al "Diario íntimo" de Henri-Fredreric Amiel) . Frente a las críticad que le cuestionan su exhibicionismo, de la facilidad de girar en torno al propio ombligo, ella piensa que "pone a prueba la relación entre la verdad y la ficción en la novela autobiográfica", y que por eso ella hace otra cosa que autoficción. Angot ha logrado ser controversial, hacerse un lugar en su país, pero no ha conseguido con sus provocaciones atravesar la frontera gala a partir de donde las posibles interpretaciones del inconsciente pesan menos que la imaginación y la fantasía novelística.
| M.S. |


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