21 de junio 2013 - 00:00

CIEN DÍAS DE FRANCISCO: Con un pie en San Pedro y otro en las villas

La ola de entusiasmo que generó la llegada de Francisco al Vaticano, hace más de tres meses, no se detiene. Las misas semanales en San Pedro siguen desbordando de gente y energía. El auge de un papa que combina ideas conservadoras, prácticas renovadoras y, por sobre todo, la concepción de una Iglesia humilde, llevó a referentes de la izquierda católica a oscilar entre un optimismo explícito y un silencio resignado. A cien días de su elección, Viernes fue a las parroquias villeras a las que el cardenal Jorge Bergoglio dio impulso y en las que hoy suena seguido el teléfono desde el Vaticano. La era Francisco se acerca a la hora de las definiciones.

CIEN DÍAS DE FRANCISCO: Con un pie en San Pedro y otro en las villas
La llegada de un argentino a la jefatura de la Iglesia Católica provocó conmoción, no sólo por su origen del fin del mundo, sino por un perfil político y pastoral que, si bien no es tan fácilmente clasificable, marca un cambio de aire después de décadas de papados de marcada ortodoxia.

Ante todo, la reacción del mundo católico fue de entusiasmo. El rostro de Francisco es, por lejos, el preponderante en todo tipo de merchandising disponible en las calles de la Roma de hoy, una ciudad desconcertada por la crisis económica y política. Es decir, en las calles próximas a la ostentación vaticana tan ajenas al estilo humilde de Jorge Bergoglio. También, claro está, las sonrisas bergoglistas se ven en las villas de Buenos Aires, donde los curas a quienes el hoy Papa dio status y recursos como nunca antes emiten un discurso de respaldo sin fisuras. Si hay críticas al Pontífice, no se dejan escuchar en público.

La elección de Francisco para la silla de Pedro, de la que se cumplieron cien días esta semana, desorientó los análisis esquemáticos. De formación conservadora y buenos vínculos con referentes políticos de centroderecha en la Argentina, Bergoglio era también el cardenal llano, el que dio respaldo institucional a las parroquias villeras, el del manejo económico pulcro. Era el jefe jesuita acusado de entregar a sus hermanos por importantes voceros del movimiento de derechos humanos y la izquierda, a la vez que el que hizo todo lo posible para salvar vidas, según otros referentes de la resistencia a la dictadura también muy representativos, que aportan ejemplos contantes y sonantes.

Se estima que en 2013 los católicos en el mundo llegan a 1.214 millones, un tercio de ellos en América Latina, según cifras del Anuario Pontificio 2012. Todo un mundo dentro del mundo.

El período que inaugura Francisco fue bien recibido hasta por el exsacerdote y teólogo de la liberación Leonardo Boff, quien fue condenado a un año de silencio obsequioso en 1985 por el entonces guardián del dogma Joseph Ratzinger. En una de sus columnas semanales, escribió Boff: El papa Francisco está llevando a cabo la intuición primordial de la Teología de la Liberación y secundando su marca registrada: la opción preferencial por los pobres, contra la pobreza y a favor de la vida y la justicia. Si de Teología de la Liberación se trata, debemos hablar del catolicismo en las villas, pese a que hoy casi nadie mencione aquella senda cristiana en auge en los setenta.



TERRITORIO BERGOGLISTA

Cuando el padre Gustavo Carrara camina por las calles de tierra de la Villa 1.11.14, recibe el saludo de los vecinos. Padre, la bendición, pide una señora. Carrara se detiene unos instantes, coloca su mano sobre la cabeza de la mujer y dice unas palabras, que son casi un susurro.

En la villa ubicada detrás de la cancha de San Lorenzo en el Bajo Flores viven alrededor de 50 mil personas, la misma cantidad que, por ejemplo, en toda la localidad de Lincoln, a 300 kilómetros de la Capital Federal. Pero en la villa los habitantes ocupan un territorio inmensamente menor, con los problemas que esta situación trae, como el hacinamiento o la falta de servicios públicos esenciales.

La presencia de la Iglesia Católica en el barrio se remonta al año 1960, comandada por los curas Jorge Vernaza y Rodolfo Ricciardelli. En 1975 fue reconocida oficialmente la primera parroquia sita en una villa.

Junto al padre Carrara trabaja su compañero Hernán Morelli, de 30 años. En su cuarto, con un cuadro y un banderín de Boca adornando el ambiente, el cura, que para no dejar dudas luce una campera del equipo xeneize, cuenta: En los últimos años la cantidad de curas en las villas aumentó, gracias al trabajo de Bergoglio al frente del arzobispado.

Morelli, quien vive en el lugar desde hace cinco años, señala que en los últimos tiempos la población de la 1.11.14 aumentó, y que especialmente en los años noventa, se repobló con inmigrantes de los países limítrofes. Pegados a la villa se encuentran los barrios Illia y Charrúa, este último integrado por una numerosa comunidad boliviana.

La mitad del barrio son chicos y adolescentes. La mayoría van a la escuela primaria, pero hay mucha deserción en la secundaria. Hay vecinos en situación de pobreza, que no llegan a fin de mes, y pibes que consumen. Gente que no tiene trabajo suficiente y que cobra planes. Vive gente sola, pero también familias numerosas, describe Morelli. En cuanto a las viviendas, que años atrás eran de chapa y ahora pasaron a ser construcciones de cemento con varios pisos, muchos pagan alquiler y otros, de alguna manera, justifican su propiedad.

No vas a encontrar gente que no tenga fe. Puede haber muchos problemas acá, pero no de fe, afirma Morelli. Y señala que la fe es una de las características que une a los vecinos, así como los encuentros en la zona comercial del barrio. El estilo de vida está vinculado a la fe. El vínculo es cotidiano, y lo hacen rezando, participando en procesiones, agrega Morelli.

La tarea de la parroquia es integrar a los vecinos con el sector urbano: No buscamos la erradicación ni la edificación, sino la integración. El Estado se acerca, pero no está presente mucho tiempo, al igual que los partidos políticos y las ONG, que ven sólo la coyuntura y no el largo plazo, comenta el sacerdote.

Si bien existen situaciones de peligro, algunas vinculadas al consumo de drogas, el delito bajó con la presencia de la Gendarmería. Pero el principal problema que experimentan los vecinos, algunos de los cuales vienen de generaciones que habitan el lugar, es la falta de posibilidades de acceso a la educación, la salud, la vivienda, los servicios básicos y al trabajo.

Varios vecinos, que pudieron hacer alguna diferencia trabajando en la construcción y la industria textil, llegaron a acumular bastante dinero. Sin embargo, aquellos que abandonan la villa son muy pocos, porque están acostumbrados al estilo de vida del lugar.



LA 31

Dame un segundo, repite ante cada pedido y saludo Eduardo Drabble, joven de 34 años, barba y ojos claros. Drabble es uno de los tres curas que viven en la Villa 31. La tarea en el lugar es constante, al igual que el contacto con los vecinos. A unos metros, en la entrada de la Parroquia Cristo Obrero, descansan los restos de Carlos Mugica, quien la inauguró en diciembre de 1970. En una caja de ladrillos, distintas placas recuerdan la tarea del cura asesinado por una célula de ultraderecha, entre ellas una firmada por Cristina Fernández de Kirchner. Mugica es un referente para toda la Iglesia, pero también para todos aquellos que se dedican al trabajo social y comunitario en general, afirma Drabble, que comparte el servicio religioso con los padres Guillermo Torre y Martín Canozza. Me apasiona servir a los demás. Elegí venir a vivir a la villa en los últimos años del seminario y acá confirmé mi fe, cuenta.

Dos mujeres baldean la capilla y limpian los bancos, mientras en la puerta espera el bebé de tres meses de una de ellas. Se llama Thiago, como el hijo de Messi.

Desde hace tres años, funciona el Centro Barrial Carlos Mugica, que cuenta con un centro ambulatorio para chicos que se están recuperando de las adicciones, una casa para abuelos de la calle, un lugar para hacer deportes, y está organizado por un equipo de voluntarios que incluye a psicólogos, psiquiatras, estudiantes universitarios y gente del barrio. También se concentran en el apoyo escolar de los chicos y en actividades de catequesis. El Centro surgió como consecuencia de las palabras que dijo Jorge Bergoglio hace más de cinco años, cuando para Semana Santa planteó el trabajo cuerpo a cuerpo para tratar a los jóvenes adictos. Esto significa, para la interpretación católica, centrarse en el vínculo espiritual y místico, y crear una red de contención y confianza, y no recostarse solamente en una mirada médica del problema.

Para entender el propósito del cardenal Bergoglio en los barrios de emergencia corresponde escuchar a Drabble. El sacerdote estima que en la Villa 31 conviven cerca de 40 mil personas. El número fue creciendo en los últimos años, sobre todo con familias de Paraguay. Es gente muy trabajadora, la mayoría se dedica a la construcción, cuenta el cura.

La presencia con los vecinos es lo primordial del trabajo pastoral. A los chicos los orientamos para que puedan tener un plan de vida, que estudien, trabajen, que se construyan la casa, cuenta el religioso. Y agrega que el principal problema de la villa es la exclusión social: Son chicos sin oportunidades, y así entra fácil la droga. Se los discrimina mucho, y en esto juegan un papel importante los medios de comunicación, porque se estigmatizan estos barrios.

Cuando se le pregunta si el barrio es inseguro, Drabble reflexiona que el concepto de inseguridad es amplio y no hay que vincularlo sólo a los robos. Inseguridad es que no puedan ir al colegio o conseguir trabajo, que las ambulancias no entren al barrio sin la presencia de un patrullero, lo que provoca muchas muertes, una ocurrió hace muy poco. Entonces, funciona un sistema de exclusión. La sociedad elige ocultar a la gente de la villa. El 99% de los chicos que entran en la droga, principalmente consumiendo paco, están pidiendo ser escuchados. Arrastran historias de marginación, violencia y abandono, grafica. Sin embargo, destaca que la gente es muy solidaria entre ellos, se ayudan a construir sus casas, y son muy religiosos. Todas las villas son barrios pacíficos, con gente muy emprendedora y trabajadora, cuenta Drabble.

Fue una fiesta para el barrio, como si hubiéramos ganado el Mundial de fútbol. La gente venía y mostraba sus fotos con Bergoglio, describe Drabble sobre la jornada en que fue electo Francisco, el 13 de abril. Se ocupa mucho de los curas, es un tipo muy cercano. La Iglesia hace rato pedía un Francisco, un conductor con este perfil, que pida una Iglesia pobre para los pobres, que mire y aprenda de la pobreza que dignifica, sostiene este cura que conoció al hoy Papa mientras cursaba el seminario.



IDEOLOGÍAS

Morelli, de la 1.11.14, asegura que su ideología política está cercana al peronismo, y recuerda a Perón para justificar la idea de que más que hablar hay que acercarse a la realidad para solucionar los problemas de la gente. Para mí la felicidad es vivir acá. Es como un polirrubro, hay muchas posibilidades para desplegar. Es un estilo de vida, que necesariamente nos mantiene activos, por las necesidades continuas de la gente, dice con una seguridad que saca a la luz sus convicciones.

Este acercamiento acortó las distancias que separan a la villa del Vaticano. Morelli, el sacerdote de la 1.11.14, quien conoce al papa Francisco desde los ocho años, recuerda el impacto y la emoción que le causó cuando el Santo Padre llamó desde Roma para hablar con los curas de la 1.11.14 y mandar su mensaje a los vecinos: Llamó para ver cómo andaba la parroquia, para alentarnos. Nos tiene presentes, nos conoce con nombre y apellido. Cuando lo eligieron, la identificación de los vecinos fue total. Estaba acá, lo conozco, decían los más chicos con asombro infinito. Me genera mucha emoción que quien dirige la Iglesia a nivel mundial me conoce a mí, comenta Morelli.

El padre destaca la fe sencilla que transmite Francisco y transmitía Bergoglio: Tiene que ver con la forma de rezar, con escuchar a la gente y actuar, no con enseñar, y recuerda que los primeros curas que se instalaron allí vivían como obreros, para mezclarse entre los vecinos.

Los curas de la villa y los vecinos afirman que esperaban la designación de Jorge Bergoglio al frente de la Iglesia Católica: No nos parecía una locura, por la necesidad que tenía la Iglesia a nivel mundial de una persona como él. Con más gestos que palabras. Sus gestos tienen contenido, señala Morelli.

Acerca de las denuncias que cayeron sobre la actuación de Bergoglio durante la última dictadura, es unánime el respaldo que se escucha de los curas villeros y de la comunidad de los barrios.

Cuando uno hace las cosas bien, no todo el mundo te quiere. Para mí es un tema ya acabado, y además los hechos denunciados no son ciertos, afirma Eduardo Drabble. Y cree que las sospechas forman parte de un revanchismo de ciertos sectores.

Lo mismo opina Morelli. Hablé con él de estas cosas. Nunca se presentó como el defensor de los derechos humanos. Además, las denuncias son infundadas. Ayudó a los que pudo a salir del país, e hizo lo que creyó para acompañar. Bergoglio fue acusado por dos sacerdotes jesuitas, Francisco Jalics y Orlando Yorio, quienes vivían en comunidad en un barrio humilde de Flores, de haberlos entregado a la dictadura. Estuvieron meses en la ESMA y luego fueron liberados, tras lo cual señalaron en varias oportunidades, al igual que otros militantes católicos y la familia de Yorio, al menos el dejar hacer a los represores por parte del hoy Papa, que como jefe jesuita se oponía en los setenta a la deriva tercermundista que crecía en la Iglesia Católica. Por el contrario, varios sacerdotes y la abogada Alicia Oliveira, cuya hermana desapareció por trabajar en un sector humilde de Flores, atestiguan actos valientes de Bergoglio para salvar a perseguidos por la dictadura.

De cara al nuevo pontificado de Francisco, son muchos los interrogantes que se abren en distintos sectores sociales y políticos sobre cambios en la mirada de la Iglesia ante temas de actualidad que fueron ganando espacio en la opinión pública: el matrimonio igualitario, el aborto y el papel de la mujer en el catolicismo, entre otras cuestiones.

Morelli cree que no habrá grandes cambios, porque la Iglesia cuenta con una médula ósea que no debe modificarse. La Iglesia va a empezar a recibir de hecho a las parejas del mismo sexo. En cuanto al aborto, yo comparto la posición de la Iglesia. Una ley por sí sola no va a cambiar la realidad. Además, hay situaciones peligrosas que deberían también tenerse en cuenta, como las condiciones en las cuales muchas mujeres corren peligro al ser madres, sostiene. El cura cree que las mujeres tienen su lugar en el catolicismo siendo monjas, y que el sacerdocio se pensó para los hombres porque está inspirado en los discípulos de Jesús. La Iglesia va a ir mejorando, afirma.

Todo en la Iglesia tiene sus procesos, tiene su tiempo y su porqué. Lo que buscamos es ayudar al ser humano a encontrar su proyecto de vida. Estas discusiones se van a ir dando solas, opina Drabble, quien piensa que Francisco significará una apertura: Viene a escuchar, a dialogar, a pensar, no a cambiar la fe. Y cree firmemente en que el Papa profundizará los lugares de encuentro entre las personas. El dogma hay que entenderlo como una forma de cuidar la fe y los espacios comunes. Respetar y valorar la vida de todos, sin ideologías. No dejar a nadie afuera. Y Francisco viene a eso, concluye.

@CMVeronelli

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