11 de julio 2014 - 00:00

Cienfuegos: el ballet como una forma de reacción

Coreografías de Roxana Grinstein, Ana María Stekelman y Yoshua Cienfuegos integran el nuevo programa del Ballet Contemporáneo del San Martín.
Coreografías de Roxana Grinstein, Ana María Stekelman y Yoshua Cienfuegos integran el nuevo programa del Ballet Contemporáneo del San Martín.
Desde hoy a las las 14.30 y hasta el 3 de agosto el Ballet Contemporáneo que dirige Mauricio Wainrot presentará en la Sala Martín Coronado del Teatro San Martín un programa integrado por obras de Roxana Grinstein, Ana María Stekelman y Yoshua Cienfuegos (España). Podrán verse "En cero" de Grinstein con música de Martín Ferrés, a partir de fragmentos y variaciones del trío con piano en la menor Op. 50 Chaikovsky, el trabajo de Stekelman sobre el "Bolero" de Ravel y "Claustrofobia", de Cienfuegos, con música original de Rut Quiles y Ximo Arias. Las funciones tendrán lugar los martes a las 20.30, viernes a las 14.30 y los sábados y domingos a las 16.30. Dialogamos con Cienfuegos:

Periodista: ¿Cuál es su evaluación de esta compañía, conforme al trabajo que ha realizado con ella?

Yoshua Cienfuegos
: Es una gran compañía donde me sentí muy bien. Cuando uno llega a un lugar desconocido con sus locuras y sus propuestas nunca sabe cómo va a ser recibido. He sido muy cómplice de los bailarines, del equipo, eso hace que la obra tome una dimensión diferente, que va más allá del coreógrafo, y es lo que me gusta. Generar esa complicidad es la base de mi trabajo

P.: ¿La obra fue modificada en este montaje?

Y. C.:
Es una reposición de un espectáculo llamado "Odeim", que habla sobre el miedo, y "Claustrofobia" es lo que se hará aquí. Habla igualmente sobre el miedo, pero sobre un miedo más del individuo, más intelectual. La obra fue estrenada con 5 bailarines y el equipo aquí es de 15 y eso supone cambios importantes en la pieza a nivel de volumen. Traje el esquema, lo multipliqué y profundicé en la pieza a través de ellos. No me interesó reproducir esa obra sino partir de él y generar esa claustrofobia que sobre el mismo concepto y el mismo esquema generara una obra nueva.

P.: ¿Cuál es el punto de partida?

Y. C.:
Nace desde una necesidad y un impulso, surgido del entorno social que estamos viviendo, no sólo la crisis ecosnómica sino de valores que estamos viviendo, que está desmontando un montón de cosas a nuestro alrededor. Ese posicionamiento se ve en "Claustrofobia", en ella se ve en cada uno de los intérpretes la necesidad de acción y reacción, desde la imposibilidad de asumir una resignación. Es una claustrofobia llena de dinámica, de acción, porque a nivel existencial lo que debemos hacer es ser creativos y nunca pasivos y resignados.

P.: ¿Cómo definiría su lenguaje?

Y. C.:
Yo preferiría que lo definieran los demás. Puedo definir el momento en el que estoy, o esta obra. Es un camino, y ha evolucionado. Ahora estoy en una implicación grande con el movimiento, un estudio a nivel muy artesanal, son obras muy dinámicas en las que el bailarín está por encima de muchas cosas, un lenguaje rico en contraste, en cualidades y en dinámicas, y muy en el movimiento y el bailarín. Mañana no sé.

P.: Como director de una compañía independiente, ¿cómo ve el panorama en España para ese segmento?

Y. C.:
Complicado con mayúsculas, y muy cruel. Hemos vivido un momento de facilidades, aunque no de bonanza, que no habíamos vivido hasta entonces, porque hubo más inyección de dinero para las compañías independientes y se les facilitó lugares de ensayo y de exhibición. Nunca llegamos a ser los mimados de la administración, nunca vivimos lo que es Europa. Esas cosas se truncaron de manera radical, proyectos independientes empezaron a caer y los formatos más incipientes fueron los primeros en desaparecer. Esto ha generado un sentimiento de desolación muy importante del que creo que las generaciones futuras van a ser víctimas. Yo pertenezco al mundo académico, y es desalentador que no hayamos sido capaces de generar un tejido profesional que pudiera absorber todo el talento que está surgiendo en el plano académico. Y es duro asumir que tampoco fuimos capaces de generar un público que consumiera y que absorbiera toda la producción que se hizo y que aún se hace. Es una autocrítica que debemos hacer. Lo que a priori iba a ser una selección natural ahora es una aniquilación. No me gusta ser negativo porque de hecho mi compañía sigue existiendo, pero es verdad que hay que cambiar los formatos, las perspectivas y los objetivos. Tenemos que generar un tejido profesional más unido, que aún no está.

Entrevista de Margarita Pollini

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