3 de marzo 2011 - 00:00

Cine en dvd: lo que Internet se llevó

Un símbolo de otros tiempos: la firma Blockbuster en EE.UU. era dominante en los 90, y a partir de los 2000 fue cayendo hasta pedir su concurso preventivo el año pasado.
Un símbolo de otros tiempos: la firma Blockbuster en EE.UU. era dominante en los 90, y a partir de los 2000 fue cayendo hasta pedir su concurso preventivo el año pasado.
En marzo de 2009, en ocasión del lanzamiento del sistema de alquiler online de la cadena Netflix en los Estados Unidos, el vicepresidente de la empresa, Steve Swasey, declaró que probablemente el ciclo de alquiler de DVD tendría unos 10 ó 15 años más hasta agotarse. Un año más tarde, Blockbuster, la principal empresa dedicada al rubro, entraba en una debacle que terminó con un pedido de concurso preventivo en su país de origen y, hacia fines del año pasado desencadenó el fin de sus operaciones en la Argentina.

Si se analiza el proceso en el país de manera histórica, se constata que desde 2008, en ocasión de la crisis del campo, los números no hacen otra cosa que reducirse de manera dramática. Ese año, en concepto de «venta directa», por cualquier canal, se comercializaron 3,2 millones de unidades, es decir, 200.000 menos que en 2007, incluyendo una merma del 18% interanual respecto de los DVD vendidos a través de los videoclubes, pese a que se editaron un 22% más títulos.

Esa caída retrotrajo los números a la realidad de 2005, y en 2009, el descenso fue aún más marcado, iniciando un proceso que redujo los videoclubes a sólo 10% de la cantidad de este tipo de comercios en su momento de auge. El canal de kioscos de diarios y revistas, que fue inaugurado en 2006 con colecciones que en su lanzamiento vendieron más de 35.000 ejemplares, dos años después sufrió una merma marcada, comercializando un 15% menos que en 2007, panorama que se deterioró todavía más en 2009 -año signado por la desaparición de LK-Tel y Gativideo-, cuando AVH tuvo más de un millón de unidades en concepto de devolución, reduciendo las ventas en algunas colecciones a unos pocos cientos, pese a haber mantenido sus precios al público.

Aunque en 2008 los videoclubes representaban el 34% del mercado de la «venta directa», su debacle actual no explica la abrupta caída de la comercialización de DVD originales en todos los canales. El año 2010 es todavía una incógnita, ya que los escasos datos estadísticos disponibles -y provisionales- sólo reflejan el mercado a julio del año pasado, marcando una baja del 14% en los títulos lanzados para «venta directa», pero sin mención de la cantidad de unidades comercializadas.

Características

El cine hogareño tuvo un importante desarrollo en tiempos del VHS, una tecnología de difícil duplicación, que prácticamente no tenía competencia a la hora de elegir algún tipo de entretenimiento familiar puertas adentro, lo que también hacía funcional la práctica cuasi monopólica de los estudios propietarios de las películas -que se replica en toda la cadena de comercialización-, que impone que en cada lanzamiento de títulos nuevos se incluya un grupo importante de films de segunda y tercera categorías.

La cancelación del VHS en 2008 comenzó a generar problemas casi desde el comienzo, y la generalización del DVD como formato inició una práctica de copiado ilegal que no pudo ser controlada, ni siquiera bajando los precios a los videoclubes. La proliferación de la piratería afectó -y afecta- principalmente a las salas de exhibición cinematográfica y videoclubes, ya que por un valor muy inferior o uno similar, respectivamente, el público accede a todo tipo de películas, sobre todo si la calidad del producto no es determinante a la hora de decidir la compra.

Según las empresas dedicadas a la videoedición, el año pasado la piratería representó un volumen monetario de 1.000 millones de pesos, superando ampliamente la facturación del sector. Aunque es difícil plantear una traslación directa de los beneficios de un segmento al otro, sí queda claro que se produce una cierta transferencia de recursos, sobre todo en lo que a alquileres se refiere, teniendo en cuenta además que, en un intento por satisfacer la demanda de novedades permanente, los propios videoclubes iniciaron a su público en la práctica de acceder a las mismas a través de copias ilegales.

Otra particularidad a tener en cuenta es la propia mecánica de la industria del cine, que no pasa por su mejor momento en lo que a creatividad se refiere, ya que en su intento por minimizar las pérdidas en un segmento que aporta, en algunos casos, más del 60% de los beneficios de una determinada película, ha decidido realizar lanzamientos en formato DVD muy rápidos en algunos países, como China o Rusia, donde la piratería tiene una dinámica vertiginosa, lo que, Internet mediante, hace que esos títulos estén disponibles en cualquier lugar del mundo en menos de 24 horas.

Tomemos como ejemplo «El secreto de sus ojos»: mientras la película permaneció dentro de la Argentina, accesible únicamente en salas, no era posible conseguir copias ilegales, pero apenas se la exportó a Uruguay y España -después de que más de 1,2 millón de espectadores la vieran en nuestro país-, esas copias aparecieron en todo el circuito ilegal. Finalmente, el intento de reemplazar las ventas que antes se hacían a los videoclubes poniendo precios exorbitantes -en algunos casos, rondando los 80 pesos- a los lanzamientos que van a la «venta directa» en grandes superficies, está condenado al fracaso, considerando tanto que muchos de los títulos ofrecidos son paupérrimos, como que el canal está ya acostumbrado a otros «precios de corte», lo que lleva a los consumidores a ejercitar la paciencia. El cambio es una necesidad imperiosa.

Realidades

Toda la industria, tanto en el país como en el extranjero, tiene sus esperanzas cifradas en el formato Blu-ray, que no logra despegar en ningún lado -es apenas marginal si se lo compara con las ventas de DVD- y que no ha cumplido con su promesa de inviolabilidad. De hecho, en la Argentina se consiguen copias ilegales de este formato a una cuarta parte de su valor legal.

El otro canal que podría competir con éxito la debacle es el de los kioscos de diarios y revistas, porque son casi 6.000 bocas de expendio en todo el país, ampliamente distribuidas, aunque presenten algunos problemas no tradicionales. Para que ese canal pueda reactivarse, se deben cambiar algunos supuestos con los que parecen trabajar las videoeditoras, como por ejemplo que un precio considerado «bajo» va a permitir que se vendan más copias de una película que ya ha sido vendida hasta el hartazgo.

El canal de kioscos, que tiene la virtud de hacer visibles los títulos de catálogo que suelen desaparecer detrás de las novedades o directamente no editarse nunca, debería tener como principal objetivo llegar a los coleccionistas, que son los únicos decididos a pagar determinados precios para adquirir una película original. Y en este caso, lo novedoso tiene que ver con lo que no ha sido editado en el país y no con lo nuevo, ya que resulta en vano editar, en el marco de una colección, títulos ya comercializados por otros canales, porque quien está interesado, ya lo habrá adquirido oportunamente.

Hay que entender que el cine, si se colecciona, es un producto cultural, con un funcionamiento más cercano al mercado de los libros que al de las revistas de actualidad. Ese tiempo, para el DVD, ya está definitivamente en el olvido. La amplitud de la oferta de entretenimiento hogareño actual -videojuegos interactivos, redes sociales, películas vía Internet, etc. -, sumada a la falta de originalidad del cine en sí mismo y a la reiteración de lanzamientos para la venta por parte de las empresas locales, van decretar seguramente la defunción del DVD original en la Argentina en muy poco tiempo, y parafraseando a Albert Einstein, «locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados».

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