29 de septiembre 2009 - 00:00

Cine sin ficción: los científicos que el país dejó marchar

El argentino Enrique Gabriel y el español Javier Angulo presentaron en San Sebastián «La pérdida», estremecedor film sobre una penosa tradición nacional.
El argentino Enrique Gabriel y el español Javier Angulo presentaron en San Sebastián «La pérdida», estremecedor film sobre una penosa tradición nacional.
 San Sebastián - «Este no es un film sobre perdedores, sino sobre diez tamaños personajes que en su tierra perdieron todo, triunfaron afuera, y, por eso, hoy Argentina los ha perdido». Así definieron el argentino Enrique Gabriel (emigrado con sus padres en 1974) y el periodista español Javier Angulo (actual director del Festival de Valores Humanos de Valladolid) el documental que presentaron en el recientemente concluido San Sebastián, y que lleva el lógico título de «La pérdida». Aquí, el resumen del diálogo con ambos autores.

Periodista: ¿Cómo surge este registro de científicos exitosos que nuestro país se dio el lujo de expulsar?

Javier Angulo: Yo estaba en la Argentina en diciembre de 2001, y me pregunté cómo hacían ustedes para desperdiciar tantas posibilidades de bienestar y tanta capacidad humana formada en la educación pública. De regreso, hablé con Enrique para desarrollar precisamente ese aspecto.

Enrique Gabriel: Evitamos la tristeza encriptada del tango, el psicoanálisis y otros menesteres. Llevamos 30 años lamiéndonos las heridas. Por eso, ésta no es otra película sobre la dictadura o los 90. Ya la población está informada, politizada, y saturada. Además, está demostrado que la memoria no impide que cometamos los mismos errores. Pero al menos no es el camino directo para cometerlos.

P.: Igual dedican cierto espacio a los gobiernos militares.

G.A.: Había que mencionar la Noche de los Bastones Largos, que decidió la primera gran emigración de profesionales universitarios, la Triple A, que decía que el Hospital de Niños era un nido de marxistas, refiriéndose a los médicos que no iban con Bienestar Social (recordemos que el terrorismo de Estado se inició en democracia), y todo lo demás. Inclusive, el ninguneo de sucesivos gobiernos democráticos.

J.A.: Descubrimos un giro dramático inesperado. Ellos quieren volver y nadie los espera. Nadie les da el espacio necesario para seguir haciendo sus trabajos en su país. Ni siquiera se los reconoce. La película se concentra en diez casos, pero hay miles como ellos. Podríamos hacer una serie coleccionable de argentinos notables fuera del país que los formó.

P.: Recordemos quiénes son los entrevistados.

J.A.: Juan Carlos Chachques, cardiocirujano, creador del echarpe cardíaco y el primer corazón bioartificial, Cora Sadosky, matemática, autoridad mundial en análisis armónico y funcional, Daniel Goldstein, biólogo, catedrático de biología molecular, Marcelino Cereijido, también biólogo molecular, Víctor Penchaszadeh, especialista en biogenética, Enrique Oteiza, ingeniero, doctor en ciencias sociales. Desde otro aspecto, también aportan Juan Méndez, abogado, Osvaldo Bayer, historiador, Liliana de Riz, socióloga, y Cristina Rota, profesora de actuación muy valorada en España.

P.: ¿Por qué ellos?

E.G.: Porque, además de ser un ejemplo, aceptaron hablar. Los científicos no acostumbran hablar de lo que llevan dentro. Se pegan al microscopio, a sus trabajos. Para muchos sigue siendo doloroso recordar lo que sufrieron años atrás. Y en varios casos, reabrir en primer término el dolor de su propia autocrítica. Les entramos y tuvimos rechazos tajantes. Debimos insistir.

J.A.: Cuando estábamos entrevistando al cardiólogo en Paris, de repente se levantó, se fue de la sala. Nos quedamos sin saber qué había ido a hacer. Y había ido a llorar. Después nos quedamos horas hablando. Pero también Cristina Rota, que es una artista, se negaba a examinar públicamente su dolor. No quería exhibirlo. Vemos cuando, de pronto, se queda en un hipo. Y nada más.

P.: Su esposo, Diego Botto, es un militante desaparecido.

J.A.: Está su foto detrás de ella, pero no habla de eso. ¿Debíamos obligarla? Tampoco era el tema. No quisimos hablar de quienes debieron irse a causa de su militancia política, sino de los que fueron interrumpidos en su labor científica o intelectual. En el fondo, es la historia de unos tipos que de un día para el otro fueron tirados al universo, a empezar de cero en tierra extraña, y que se rehicieron por sí mismos, es algo heroico. Tienen calidad hu

P.: Por eso después el público español recordó tanto a sus propios emigrados.

J.A.: Quisiera hacer algo sobre la generación de los ausentes de Euzkadi, seguir la diáspora del 39, que conozco hasta de la familia (tras la Guerra Civil Española dos tías abuelas mías se rehicieron como maestras en Tandil). Varios de ellos dijeron «mientras viva Franco, no vuelvo a España». Y cuando volvieron, ya era otra España. De ahí el famoso dicho «Franco nos jodió dos veces».

P.: ¿Cuánto tiempo les llevó hacer este trabajo?

E.G.: Lo hicimos a lo largo de siete años. No vivimos de esto, de modo que fuimos por etapas, visitando a los entrevistados en sus oficinas de Harvard, Berkeley, etc. Además de todas las ayudas públicas ofrecidas, solo nos llegó la de Ibermedia. Pero ahora que está hecho, lo venimos dando por todas partes: Orense, Pamplona, Sevilla, Huelva, Washington, ahora San Sebastián. En Buenos Aires la mostramos en diciembre último, dentro de una muestra de cine sevillano para gente de la industria (es coproducción sevillano-argentina), pero supongo que en algún momento se estrenará en salas o, más seguro, por televisión de cable.

P.: En la primera función una mujer protestó que le faltaba «perspectiva de género». ¿Qué responden?

E.G.: No puedo tenerla. Nací varón, mi madre me hizo varón. Hablando en serio, en la película solo hay tres mujeres porque otras también muy importantes se negaron por falta de tiempo.

J.A.: Creo que los que están son suficientes para reflexionar. Yo digo, un país que se permite prescindir del cardiólogo, por ejemplo, cuando le ha dado tanto, es un país condenado a pagar por ello.

E.G.: No sé. Yo digo que la Argentina tiene un gran futuro, y siempre lo tendrá, quizá porque nunca lo alcanzaremos.

Entrevista de Paraná Sendrós

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