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Clave: la conexión Irán-Bolsa de Nueva York
¿Bye bye, los 100 dólares por barril de crudo? El acuerdo de Ginebra no es tan ambicioso. Es un hito, sin dudas, pero es sólo un primer paso. Es un abordaje preliminar y, eventualmente, reversible. Irán se compromete a detener su programa nuclear (y a dar marcha atrás en algunos tópicos sensibles) y a cambio recibe del grupo 5 + 1 (EE.UU., Gran Bretaña, Alemania, Francia, Rusia y China) una flexibilización de las sanciones en el margen. Este primer paso tiene una duración prevista de seis meses que servirá para congelar el plan nuclear mientras las negociaciones apuntan a una solución de largo plazo que le cierre a Irán el acceso al armamento atómico.
El acuerdo lo dice sin ambages: en los próximos seis meses, no se autorizará que las ventas iraníes de petróleo aumenten. No hay aquí ninguna concesión. El impac-to sobre la oferta esperada de crudo deriva solamente de disolver las expectativas de un incremento de las restricciones. El premio para Irán es una distensión del bloqueo financiero que la agobia. Mientras cumpla con sus compromisos, Teherán podrá gozar, en cuotas, de la libre disponibilidad de 4.200 millones de dólares de sus ingresos por ventas. Se estima que otros 15 mil millones de dólares que se generarán en el período engrosarán los saldos que mantiene inmovilizados en cuentas del exterior (y que hoy totalizan unos 100 mil millones de dólares).
La reacción del precio del crudo a los avatares del acuerdo -en alza la semana pasada cuando parecía que se truncaba; en baja ayer tras el anuncio- no son más que fintas y amagos. No habrá ampliación de la oferta de crudo si no se arriba a un arreglo diplomático de fondo. Y la experiencia medioriental indica que, de largo plazo, vale permanecer escéptico más allá de las idas y vueltas que prometen ser muchas. Es extremadamente arduo satisfacer a todas las partes de la negociación. Y cualquiera -sentado a la mesa o no- puede torpedearla. Aun si finalmente se gestara una solución exitosa, y se levantasen las penalidades, a Irán le demandará tiempo volver a producir a los niveles de 2011.
Instalar una luz de esperanza en un terreno donde no había ninguna debería, sin embargo, reducir la prima de riesgo geopolítico que forma parte de la cotización del crudo (con incidencia especial en la variedad Brent). Primero fue Siria. Ahora es Irán. Una coalición política internacional por fin puede mostrar avances en el logro de sus objetivos de seguridad sin tener que renunciar por ello al uso de medios pacíficos. Desde ya, se podrá discutir la calidad de dichos avances, si sustantivos o meramente formales, pero lo cierto es que han desplazado las perspectivas de choque por la visión más apacible de una negociación de escritorio. Si la alternativa para arreglar los entuertos es Libia, la vía propuesta también luce superior. Después de todo, la oferta de crudo era más fluida con Gadafi que con el hato de jefes tribales que hoy controla los suministros.
Un entorno más estable en Medio Oriente debería moderar el precio del crudo y, sobre todo, reducir su varianza. Y conste que los precios minoristas de la energía en EE.UU. cayeron el 4,8% el último año a octubre (en la eurozona, la merma fue del 1,7%). Para países que son importadores netos de energía se trata de una fuente de presión deflacionaria que resulta muy beneficiosa. Aumenta inequívocamente el ingreso nacional disponible. Libera poder de compra. Lo contrario a lo que sucedió cuando se lanzó el QE2 en 2010, la adquisición de bonos azuzó la suba rápida de los precios de las materias primas y buena parte del estímulo se exportaba. Hoy es al revés. La inflación no es un problema y podría disminuir aún más sin causar daño. Los planes de estímulo de parabienes. Se podrán mantener por más tiempo y sus efectos se refuerzan por el estímulo "importado" de la energía.


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