3 de junio 2009 - 00:00

Clinton a empresarios: “Hoy el mayor peligro es Irán”

Gerardo y Adrián Werthein flanquean al ex presidente Bill Clinton antes de que éste comience a hablar frente a más de 1.000 invitados. Previamente había almorzado con 20 empresarios, a quienes les dijo que de la crisis se sale con «inversiones productivas».
Gerardo y Adrián Werthein flanquean al ex presidente Bill Clinton antes de que éste comience a hablar frente a más de 1.000 invitados. Previamente había almorzado con 20 empresarios, a quienes les dijo que de la crisis se sale con «inversiones productivas».
«El mayor peligro que enfrenta el mundo hoy es Irán y la posibilidad de que cuente con un arsenal nuclear. También es preocupante que extienda su influencia en América Latina». Evitando hablar de la Argentina y de lo que pasa en la región, el ex presidente Bill Clinton almorzó ayer con una docena y media de empresarios. Además de hablar de las posibles armas atómicas del régimen que comanda Mahmud Ahmadineyad, el esposo de la canciller del presidente Barack Obama aseguró que la crisis económica está comenzando a revertirse, pero acto seguido pidió un cambio notable, que implique reconfigurar el sistema financiero internacional. Eso significaría para Clinton -según relataron algunos de los asistentes al almuerzo- que haya menos inversiones financieras y más destinadas a los sectores productivos.

El ex presidente llegó al salón del octavo piso del Hilton Buenos Aires, donde se lo homenajeó, acompañado del embajador Earl Anthony Wayne. Sin embargo, y a diferencia de lo que se decía algún rumor, no concurrió el candidato a diputado Néstor Kirchner.

Los anfitriones eran Adrián, Gerardo, Daniel, Darío y Julio Werthein, que fueron quienes trajeron a Clinton al país para hablar de su Global Iniciative, una ONG que apunta a resolver los problemas mundiales a través de la acción de las empresas privadas.

Entre los convidados que compartieron la entrada de salmón con finas hierbas, el ojo de bife y el café con petit fours, se contaron Enrique Eskenazi (YPF), Eduardo Elsztain (IRSA), Jorge Brito (Banco Macro), Ernesto Gutiérrez (Aeropuertos Argentina 2000), Jorge Stuart Milne (Banco Patagonia), Carlos y Alejandro Bulgheroni (Pan American Energy), Daniel Sielecki (Laboratorios Phoenix) y Luis Gold (Sintyal).

Según le contaron a este diario algunos de los citados, el encuentro con Clinton se prolongó poco menos de una hora y media, y el ex mandatario no abordó los temas que expondría más tarde en la multitudinaria conferencia que brindó ayer para más de 1.000 empresarios y líderes de opinión.

En cambio, se dedicó a hacer un repaso por cuestiones de política internacional y a elogiar al embajador Wayne, que hoy cesa su gestión al frente de la representación diplomática de Estados Unidos en Buenos Aires. «Es un gran embajador; lo van a extrañar», habría afirmado Clinton, pero casi de corrido hizo un largo elogio de quien será su sucesora. Wayne fue uno de los primeros en retirarse, seguido del resto de los empresarios.

Clinton habló en términos muy duros de Irán, pero no se explayó -quizás como les habría gustado a algunos de los presentes- sobre lo que está pasando en Venezuela con el régimen chavista. Respecto de la cuasi perenne crisis de Medio Oriente, reiteró su conocida posición de la solución de dos estados: uno para los palestinos y otro que ya existe, Israel.

La conversación no fue un monólogo del ex ocupante del Salón Oval, sino -según relataron algunos de los comensales- «una charla de ida y vuelta: Clinton nos preguntó cómo preveíamos que se comportará la economía argentina, y nos pidió pronósticos para las elecciones de junio. Nadie se jugó...».

A la salida, Eskenazi afirmó que se trató de «un almuerzo muy agradable y amistoso. Clinton dio su visión de la política internacional y de la crisis financiera mundial, desde la perspectiva privilegiada que le otorga haber ocupado el lugar que ocupó». Agregó que Clinton aseguró ser «optimista» respecto de la recuperación de la economía global, porque -relató- «en Estados Unidos y en Europa se están tomando las medidas adecuadas en esa dirección».

Los comensales se fueron a eso de las tres de la tarde, con la difícil disyuntiva de dar por cerrada la «jornada Clinton» y retomar sus actividades o matar el tiempo hasta el inicio del «main event» a las seis de la tarde. Algunos se fueron con la promesa de volver; otros se quedaron en el hotel de Puerto Madero y atendieron sus asuntos a control remoto vía celular o notebook.

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