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Cóctel explosivo para suba de granos
Hace sesenta días podía advertirse que «si bien las reservas globales lucen razonables, no existe una certeza absoluta en cuanto a ellas». Las novedades llegaron por el lado menos pensado. El sorpresivo ajuste a la baja de las reservas de maíz realizado por el USDA en su reporte del jueves pasado puso al mercado en estado de pánico disparando una dramática suba de precios en este cultivo.
Claramente hay un componente especulativo, pero es muy difícil estimar cuánto del precio corresponde al accionar de los fondos. En este punto hay que destacar que las últimas cosechas mundiales de maíz han sido muy buenas y que la presión de precios está siendo generada por una fuerte demanda y no por problemas en la producción.
Vemos pues, que tanto la coyuntura de corto plazo como los fundamentos de largo plazo de los granos en su conjunto están gobernados por una demanda firme y sostenida cuya génesis pueden resumirse en tres grandes variables:
Efecto poblacional. La esfera azul que habitamos ha sido testigo del crecimiento exponencial de su población. Desde el 1900 a la fecha, el número de habitantes se ha cuadruplicado hasta cerca de 7.000 millones, con una proyección de 9.000 millones para 2050. Las estadísticas de Naciones Unidas muestran que China e India tienen actualmente una población conjunta superior a 2.500 millones de habitantes, cifra equivalente a la población mundial de posguerra. Este crecimiento está unido a un gran fenómeno de urbanización que conlleva cambios de hábitos alimentarios. En 1950, el 30% de la población mundial vivía en zonas urbanas, proporción que aumentó al 50% en la década pasada y que ascenderá al 60% en 2030.
Aumento de la prosperidad en los países de ingresos bajos y medios. La mejora en los ingresos de los habitantes de los países en desarrollo implica una mejora en su calidad de vida que se traduce no sólo en un aumento en el consumo de alimentos, sino también en una mayor sofisticación de su dieta con un incremento en la ingesta de proteínas de origen animal. Así, los países en desarrollo han incrementado su participación en el negocio cárnico del 35% en 1980 al 50% en la actualidad. En esta línea, China más que duplicó el consumo de carne per cápita entre 1980 y 2005, siendo en la actualidad el mayor productor de carne porcina del mundo.
Sustitución del petróleo. Según el BP Energy Outlook 2030, el consumo global de energía crecerá a un ritmo del 1,7% anual, pero los biocombustibles lo harán a una tasa superior al 8% contribuyendo a satisfacer un 30% del aumento de la demanda de energía en los próximos 20 años. En este período, los biocombustibles de primera generación, a base de cereales, oleaginosas y caña de azúcar, constituirán la mayor parte de la producción de éstos y llegarán a representar el 9% del consumo global en transporte. Los atractivos precios del petróleo y las políticas de subsidios de los países centrales hacen económicamente interesante derivar parte de la producción de granos a la producción de biocombustibles. Actualmente, un poco más del 40% de la producción de maíz de Estados Unidos se utiliza en la producción de etanol mientras que en la Unión Europea más del 60% de la producción de aceite de colza se destina a fabricar biodiésel.
En este punto, hay que sumar el efecto, no mensurado aún, generado por la crisis nuclear desencadenada en Japón que está llevando a países como Alemania y Estados Unidos a ser más cautelosos en el desarrollo de la energía nuclear y a focalizar más aún en energía renovable.
Este entrelazamiento de la matriz energética con la matriz alimentaria puede convertirse en un cóctel explosivo en el corto plazo como vemos en el mercado de maíz y en el largo plazo, para los granos en general.
Es deseable, que luego de la alarma inicial, los precios se estabilicen y se allane un equilibrio que incentive el aumento de la producción al tiempo de atender las necesidades alimentarias de los más desprotegidos.
Sin embargo y como decimos hace tiempo: «Sólo una gran cosecha en el Hemisferio Norte puede calmar a los actores del mercado» que estarán siguiendo muy de cerca la evolución del clima y de los cultivos en los próximos meses.


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