La situación en el Teatro Colón continúa siendo una olla a presión. Anteanoche, poco antes de iniciarse la función de la ópera «Falstaff», último título de la temporada, hubo una protesta pacífica aunque de impacto. Al apagarse las luces para dar comienzo a la representación, un pequeño grupo de empleados apareció sobre el sector derecho del foso de la orquesta, sosteniendo una bandera que decía: «Trabajadores del Teatro Colón en lucha», apoyada sobre el primer palco avant-scène. Un integrante del coro tomó la palabra y se dirigió al público para manifestar el malestar que vivían los traba-jadores, haciendo mención también a la falta de respuestas de las autoridades a sus múltiples reclamos. Acto seguido, solicitó un minuto de silencio. En la audiencia hubo un cierto desconcierto. Desde las localidades altas llegaron algunos aplausos que adherían al reclamo que ese sector de trabajadores viene llevando adelante desde hace tiempo, aunque también se oyeron algunos débiles abucheos aislados en la platea. Al término de ese minuto de silencio nadie aplaudió, y la función comenzó.
El público de ese sábado era el del Abono Nocturno Tradicional, que en esta misma temporada se quedó sin ver la «Katia Kábanóva» de Léos Janacek por una protesta mucho más grave sobre el escenario, que llevó a las autoridades a interrumpir la representación. Es evidente que, con los conflictos aún sin resolver, el futuro de la paz en el Colón sigue cada vez más incierto.
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