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COMENTARIOS POLITICOS DEL FIN DE SEMANA
Carlos Reutemann
internas. Por ejemplo, la descalificación de todos los negociadores del sector (a De Ángeli lo llama «energúmeno» y de Buzzi afirma que es un oportunista politizado).
O la retrospectiva pelea con Alberto Fernández, a quien le reprocha nada menos que haber construido el pedestal político de los cuatro dirigentes de la Mesa de Enlace con sus argumentos de que Cristina de Kirchner se oponía a cualquier acuerdo.
Tampoco le place esa negociación que describe en detalle y por eso manifiesta la desconfianza en el ministro Julio De Vido como delegado del Gobierno en esta pelea que, como Néstor Kirchner, el vocero entiende es el eje de la política del Gobierno.
Tan confuso es el cuadro que termina describiendo que remata su relato con un hipotético final poco grato a la escenografía oficial: un eventual encuentro a solas entre el titular de la Sociedad Rural, Hugo Biolcatti y la propia Presidente. Lo más lejano de un debate de ideas y de intereses.
Pasa algunos datos con procedencia en Olivos que tienen interés como cuando dice que «Kirchner no está dispuesto a sacrificar a Agustín Rossi para complacer a Carlos Reutemann». Esta expresión es un epítome del voluntarismo. Reutemann no busca que lo complazcan sino que ha dicho que, con el nombre del diputado en la lista las chances de ganar del peronismo en Santa Fe están amenazadas.
Por otro lado, hay una larga lista de gente a la que Kirchner ha complacido con el solo propósito de ganar una elección, empezando por Eduardo Duhalde y los varones del conurbano. Se entiende esta inquina antilolista de Verbitsky, quien no quiere ver la verdadera trama del kirchnerismo, que está lejos de cualquier desvelo ideológico.
El resto de la columna es una síntesis de descalificaciones a los integrantes del frente peronista disidente en la provincia de Buenos Aires. No agrega nada a lo que los contradictores ya han dicho en campañas de Mauricio Macri, Felipe Solá o Francisco de Narváez, salvo cuando le atribuye al
ex secretario de Agricultura la moda de la soja, algo que muchos creen -como el Gobierno- que ha sido y es una de las panacea de la Argentina. También lo culpa de los efectos de un desinfectante que se aplica en beneficio del yuyito.
Es ingenioso el reproche que le hace a los tres cuando recuerda el estado civil de ellos y lo enfrenta con su voluntad de mantener las mejores relaciones con la antidivorcista Iglesia Católica. No tiene en cuenta quizás Verbitsky -que busca un lugar en el mundo como historiador eclesiástico- que la médula de la doctrina católica es el perdón. No se entiende, salvo por el interés que hay en Olivos por las relaciones matrimoniales (y no) de los políticos, esta intromisión del periodista en la virtud ajena. Se entiende menos que afirme que esa liga es «gay friendly», lo cual pone al cronista al borde de una investigación de la doc-tora María José Lubertino, encargada de que nadie discrimine a nadie en tierra argentina.
Aporta dos datos importantes la columna: confirma que hubo una amenaza de expropiación a Siderar si efectuaba despidos en una de sus plantas, algo que había contado también el domingo anterior Verbitsky. Agrega que el mensajero de la amenaza fue el diputado nicoleño José María Díaz Bancalari. También que Néstor Kirchner lo admitió pero como un «apriete» a la empresa para que cerrase un acuerdo con el sindicato respectivo.
También es un aporte de la columna el relato sobre la persecución en empresas privadas a dirigentes opositores al Gobierno como Jorge Maiorano, Javier González Fraga y Eduardo Amadeo. Es esperable que el periodista, o los damnificados, o los perseguidores empresarios den en las próximas horas alguna precisión sobre tan ominosa conducta.
En el renglón de los anuncios, Morales Solá se anota con el vaticinio de un cambio de gabinete para albergar a Agustín Rossi, fumigado por Carlos Reutemann de la lista de candidatos santafesinos. También se apunta a la profecía de que Elisa Carrió puede ser candidata a diputada nacional por la Capital Federal.


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