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Comentarios Políticos del fin de semana
Elisa Carrió
Tamaño descubrimiento le sirve para describir lo que considera son los «espasmos», las «atrofias» y la «imaginación» que surgen de las maniobras políticas de Néstor Kirchner. Le atribuye, como los demás colegas del oficio político, actuar «por arrebato» en todos los temas.
Aporta un buen dato cuando reseña las peleas internas que se dieron entre los obispos cuando se conoció la declaración del vocero del Episcopado, Jorge Oesterheld, con críticas al campo y al Gobierno, y a la necesidad de proteger la «paz social» quebrada en el país. Los obispos tienen varios voceros; este Oesterheld y también el vinculado a Jorge Bergoglio, el sacerdote Guillermo Marcó, a quien algunos le atribuyen promover inquinas contra Oesterheld. Revoleo de sotanas en el análisis de la crisis con el campo, algo que siempre anima el escenario, a veces muy saturado de los mismos personajes.
Señala con acierto Van der Kooy el terror que le produce al Gobierno la posibilidad de que la oposición logre el quórum para aprobar una baja de las retenciones. Para impedir esa eventualidad que puede echar abajo todas las picardías gubernamentales frente al campo, Cristina de Kirchner le pidió a Agustín Rossi, jefe de los diputados peronistas, que se quede en el país y no la acompañe en el viaje a Qatar y a Londres.
Más descaminada resulta la atención que le presta a una oferta que le haría Elisa Carrió a Gabriela Michetti para compartir «un espacio común»; puede haberlo hecho la jefa del ARI, cuyo paraguas político cree ella puede ampararlo todo. Pero la vicejefa porteña jamás abandonaría su militancia macrista que se nutre de sectores del peronismo que ven en Carrió a su principal adversaria.
Imagina, del lado del Gobierno, a un Kirchner presumido porque nunca conoció una derrota electoral hasta que se la propinaron los dirigentes del campo el año pasado. Debió tener en cuenta que el santacruceño perdió las elecciones de 2003 ante Carlos Menem y que, ya gobernando, debió enfrentar el rechazo del público cuando intentó imponer una política de seguridad que le volteó Juan Carlos Blumberg; cuando no pudo abrir los puentes al Uruguay de los quejosos de Botnia; cuando no pudo retener en el puesto a dos gobernadores de Santa Cruz, ni al de La Rioja, ni al socio principal que tuvo en la Capital Federal, Aníbal Ibarra, destituido luego de la tragedia de Cromañón. Si de algo sabe Kirchner es de derrotas. Tampoco parece cierta otra afirmación del columnista, que «le es imposible entonces imaginar una solución acordada con el enemigo que triunfó». Kirchner designó en 2005 a su esposa senadora nacional por Buenos Aires en alianza con sus adversarios del duhaldismo; la hizo presidente en 2007 con la misma ayuda. En estas elecciones irá como candidato con la misma ayuda de quienes él más combate y de quienes dicen resistirlo más. Hace años se llamaba «excéntrico» musical a un artista que tocaba, de manera circense, varios instrumentos. Kirchner es un excéntrico del acuerdo.


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