- MORALES SOLÁ, JOAQUÍN. La Nación. No innova el columnista en las dudas que expresa sobre la verdadera dimensión de la convocatoria al diálogo que lanzó Cristina de Kirchner en Tucumán. Tampoco en considerar que Néstor Kirchner y Julio De Vido poco «entienden» de diálogo, o que el ministro de Planificación haya renovado la cosecha de Hugo Moyano dentro del Gobierno.
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Vale la mención en el análisis sobre cómo se tomaron las decisiones para cambiar el gabinete: «Todo se resuelve entre ellos. Ningún gobernador recibió ofrecimientos para ocupar cargos...», dice, siempre sobre los mismos protagonistas. De ahí que la figura de Jorge Capitanich y su acercamiento o alejamiento de los Kirchner se vuelve clave, junto con el salteño Juan Manuel Urtubey, para entender el proceso en que entró el Gobierno.
Otra cuestión evidente del recambio de ministros es la ausencia de gobernadores ganadores en los cambios. Siempre, y no sólo para los Kirchner, es peligroso para un perdedor sumar triunfadores al equipo.
Viene luego un repaso de las relaciones políticas y familiares de Amado Boudou con De Vido, al que obviamente Morales Solá sigue ubicando como uno de los dos hombres del Gobierno que aún conserva poder. Todo está condimentado con otro clásico del poder kirchnerista: los consejos de De Vido sobre cómo tratar a los Kirchner.
Por lo demás, discurre Morales Solá sobre la pregunta del momento: ¿seguirá o no Moreno en su cargo? Es obvio también que la Presidente y su marido nunca recibieron la presión política que soportan ahora para apurar su desplazamiento. Pero el problema sigue siendo el mismo que en el Gobierno evalúan desde hace meses: «¿Está dispuesto Kirchner a reconocer que su Gobierno y el de su esposa desfiguraron los datos de la economía durante más de tres años?».
- VAN DER KOOY, EDUARDO. Clarín. Arranca un panorama político que nada agrega a lo que ya se conoce como efecto de las elecciones sobre el Gobierno. Para empezar, el cronista se plantea una media docena de interrogantes y hasta finaliza con otro, dando cuenta de lo poco que puede aportar. Pasea sobre «la serenidad» de Cristina y Néstor Kirchner y aduce que el ex presidente, con los cambios en el gabinete nacional «se habría garantizado, sobre todo, el control del circuito económico y financiero del Gobierno» y que ésa sería «una herramienta necesaria cuando el peronismo ha entrado en una diáspora y un tiempo de incertidumbre». Después repasa las designaciones y la posición de Hugo Moyano a quien «le desbloquearon 900 millones de pesos que el ministro Juan Manzur, por ingenuidad, le había sitiado en Salud». Finaliza entonces con la pregunta «¿Convicción o recursos para salir del paso?», que califica como que «ese dilema se plantea cada vez que los Kirchner salen de su encierro y empiezan a actuar. Con un golpe y una caricia. Con un palo y una zanahoria. Al fin, con la fórmula de siempre».
- VERBITSKY, HORACIO. Página /12. Comienza navegando el columnista en medio de la pelea que imagina entre el matrimonio Kirchner y la oposición vencedora en las elecciones del 28 de junio. Y en esta lista incluye a los mismos protagonistas del «ánimo destituyente» que demarcó Néstor Kirchner y hasta un Francisco de Narváez sediento por verlo preso al ex presidente.
Lo une al resto de la oposición en el armado de una agenda de leyes destinadas a «asfixiar» financieramente al Gobierno. Pierde el equilibrio, entonces, con un plan que imagina desestabilizante, pero que inclusive algunos kirchneristas ven como lógico.
No incluye en esa lista de proyectos golpistas a la eliminación de los superpoderes (los considera inútiles y hasta un costo político demasiado alto por haberlo utilizado sólo para manejar un 5% del Presupuesto) y a las reformas en el INDEC, que considera razonables. Como vocero de otros tiempos de la Casa Rosada quizá pueda leerse allí la confirmación de algún adelanto.
Demoniza demasiado Verbitsky a De Narváez y pierde el equilibrio cuando teoriza sobre complots que incluyen a toda la oposición. En realidad, debería ocuparse más De Narváez en vigilar la forma en que muestra sus cuentas ya que no es Verbitsky quien habla de su fortuna no declarada sino que el diario Perfil se dedica a un problema, que hoy parece trivial, pero puede complicarlo en el futuro.
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