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Comentarios Políticos del Fin de Semana
Guillermo Moreno
Insiste la columna en una verdad de perogrullo: el matrimonio Kirchner tiene un problema de percepción de la realidad, que interpreta en base al voluntarismo político más que a los hechos empíricos, que los lleva a «detectar conflictos donde, tal vez, no los hay e ignorar otros que vienen desde hace rato socavando los cimientos del Gobierno». Los ejemplos por excelencia son el INDEC, la inflación y el campo.
El caso de Guillermo Moreno presenta, según Van der Kooy, aristas no sólo políticas sino también psicológicas. Es la figura del secretario de Comercio la culpable de los males que sufre el nuevo ministro de Economía, Amado Boudou, quien sufrió el éxodo de Miguel Peirano del BICE y el resquemor de Mario Blejer como asesor de su cartera. Todos, en apariencia, víctima de los Kirchner, como si el problema de percepción de la realidad afectara también a un gabinete incapaz de reconocer la metodología política y el arte de la negación con el que mortifican a sus propios colaboradores, a excepción de Moreno.
La columna identifica a Daniel Scioli como la principal víctima del «desencanto». ¿Acaso no intuyó el gobernador los costos que tendría su candidatura testimonial, ser la principal espada en la boleta de un Kirchner crispado, que acusaba de golpistas a opositores y dirigentes del campo y después ser obligado a heredar un PJ vacío y derrotado? El «nuevo» Scioli, según el analista, se habría hartado con la última acusación del ex presidente: «Perdí por la vieja política».
El gobernador bonaerense buscaría ahora abrazarse a esos intendentes del conurbano bonaerense y al campo para reinventarse políticamente. Mientras Kirchner se abraza a Hugo Moyano como el último sostén de envergadura del Gobierno de su esposa.
- JOAQUÍN MORALES SOLÁ. La Nación. El principal problema del Gobierno, más allá de los remanidos análisis sobre el INDEC, el campo, Guillermo Moreno y los superpoderes, es de índole casi metafísica: el tiempo muerto de Néstor Kirchner. Derrotado y desautorizado ante los ministros por la equívoca estrategia en la provincia de Buenos Aires, según este analista, ahora Cristina de Kirchner y Daniel Scioli deberán retomar el control de sus gestiones sin la voz omnipresente del ex presidente.
El primer síntoma de este cambio de época es escenográfico: los funcionarios ya no peregrinan a la quinta de Olivos para acudir al oráculo de Kirchner y ahora piden audiencia en el despacho presidencial para entrevistarse con Cristina de Kirchner. Un ejemplo del patetismo institucional, camuflado como mejora sintomática del Gobierno, a más de 25 años del regreso de la democracia.
Se presentan entonces en esta columna como símbolos de desacato que Scioli dialogue con la dirigencia agropecuaria, con dirigentes del peronismo como Eduardo Duhalde o José Manuel de la Sota o que la Presidente haya comandado el operativo para evitar la fractura de la CGT.
Pese a la progresiva eliminación de residuos kirchneristas, Morales Solá advierte que en organismos clave de control como el Consejo de la Magistratura persisten exégetas del pensamiento del ex presidente como Carlos Kunkel y Diana Conti. Y sugiere que más que un cambio de composición, un primer gesto del cristinismo podría ser remover a esos defensores a ultranza del ex presidente.
El panorama de desconfianza descripto por el analista se completa con los anuncios de Ricardo Echegaray, de la AFIP, sobre el control en la compraventa de dólares y el insinuado temor de los dueños de YPF a sufrir una expropiación del Gobierno.


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