Comentarios políticos del fin de semana

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- MORALES SOLÁ, JOAQUÍN. La Nación. Columna dedicada a los tejes y manejes del Gobierno argentino con Venezuela, tema reactivado la semana pasada a partir del testimonio del ex embajador en ese país, Eduardo Sadous, quien declaró ante la Justicia que funcionarios argentinos habrían pedido coimas a empresarios venezolanos para operar en el país. El periodista recuerda las ya conocidas irregularidades en la relación de los Kirchner con Hugo Chávez y ubica en el centro de ese esquema al ex director del OCCOVI Claudio Uberti, supuesto gestor de «una diplomacia paralela» en la relación bilateral, según asegura el columnista.

También hay material para atacar a Ricardo Jaime, ex integrante del núcleo duro del Gobierno reconvertido desde su salida en una María Julia Alsogaray kirchnerista. El ex secretario de Transporte es, hasta el momento, el único colaborador cercano a los Kirchner que está realmente complicado en la Justicia. El periodista enumera los bienes y propiedades por los que se lo investiga a Jaime y hace foco en uno de sus principales ex asesores y amigos: Manuel Vázquez, también investigado en Comodoro Py.

En la base de este esquema está el actual ministro de Planificación, Julio De Vido, sobre quien afirma el periodista que «fue siempre el canciller virtual con el gobierno de Chávez». Pero la columna no detalla más respecto del funcionario, el único ligado a aquella trama venezolana que permanece en el Gobierno,

A esta ya conocida descripción de los negocios de la Argentina con Venezuela el periodista agrega al final una defensa de la Corte Suprema de Justicia. En este punto, acusa al Gobierno de una ofensiva oficial contra el Poder Judicial y asegura que los integrantes del máximo tribunal «no tienen miedo», en una reivindicación algo ingenua y pobre de quienes son la cabeza de uno de los tres poderes del Estado.

- VAN DER KOOY, EDUARDO. Clarín. El cronista cree que Néstor Kirchner apuesta a su continuidad virando hacia un chavismo tardío y se pregunta hasta dónde puede llegar. Dice que su apuesta económica es frágil para promover su propio regreso a las urnas, que está obsesionado con sus adversarios y con las encuestas y que visita únicamente a quienes profesan su misma fe. Nada nuevo, como que vive un falso optimismo que llevó a Agustín Rossi a proclamar que el ex presidente será el candidato en 2001. Asegura que con eso hay quienes en el oficialismo prevén una posible hecatombe en la elección nacional.

La opinión pública sobre el matrimonio continúa siendo bajísima en los grandes centros urbanos. La aprobación no llega al 15%, por ejemplo, en Capital y Rosario. Las grandes ciudades son determinantes en cualquier elección. El incremento en el consumo se detecta, por otro lado, en sectores medios. Son los que votaron, en forma mayoritaria, en contra del kirchnerismo en las legislativas de junio de 2009. Cuando esos sectores se retiran difícilmente vuelven. Le ocurrió a Menem. Luego el periodista asegura que el Gobierno no tiene solución para la inflación y por eso se ocupa de una respuesta política. En ese sentido, ya se ocupó de Carlos Reutemann, quien, afirma, no deja de recibir mensajes intimidatorios para que no abandone su estado casi clandestino. Habla de la guerra a Julio Cobos y que para Macri podría esperarse un procesamiento por parte del juez Norberto Oyarbide, hombre de confianza para el kirchnerismo.

Especula con que el magistrado estaría siendo presionado (por la Policía Federal, según su fuente) para citar a declarar también a Alberto Fernández en la causa de los medicamentos.

Recorre reuniones políticas entre Felipe Solá y Francisco de Narváez. Los líderes de la oposición estarían empezando a tomar conciencia sobre algo, pero todo el tiempo que ellos dilapidan es aprovechado por los Kirchner para arroparse con herramientas del Estado, vaciar las instituciones (las trabas en el Congreso son un ejemplo) y llevar hasta la anemia a una oposición de origen heterogéneo y débil.

Termina con la relación turbia de estos años entre Buenos Aires y Caracas para concluir que todos esos condimentos -a los que agrega la pelea con periodistas- conforman el chavismo tardío del ex presidente.

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