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Cómo Capriles se hizo chavista para poder competir con Chávez
Giros discursivos, vestimenta y hasta promesas de continuidad en el candidato opositor para romper su techo
Henrique Capriles Radonski saluda ayer a sus seguidores en un acto de campaña en Guanare, estado de Portuguesa.
Cuatro días después, esa estela de furor, alegría y esperanza no decanta. Y mientras flota en el aire, cabe preguntarse: ¿no está soplando el mismo viento que en noviembre de 1998, cuando millones de venezolanos se impregnaban del fenómeno electoral que suponía Hugo Chávez?
Si bien esa semejanza no garantiza la repetición de la historia ni le asegura el triunfo a Capriles el domingo, sí explica, en buena parte, la conexión que el candidato opositor está logrando con muchos votantes. ¿Cómo? Tocando las mismas cuerdas emocionales que hasta ahora habían sido exclusivas del Presidente.
Exultantes, los seguidores del candidato de la Mesa de Unidad Democrática dicen que la «corriente Capriles» se transmite desde un único motor: la esperanza entusiasta de sus simpatizantes, a quienes el candidato escucha y abraza. Como lo hizo Chávez desde 1998. Desde el otro lado, molestos, los partidarios del bolivariano hablan de una «chavización», tanto en el discurso como en las movilizaciones de Capriles.
No se trata de una mera cuestión de estilo. Si se escucha lo que Capriles promete, surge que planea mantener aspectos centrales de la política social chavista, desde las «misiones» en educación, vivienda y salud, hasta la cadena Mercal, que comercializa productos de la canasta básica a precios populares.
Ayer volvió a hacerlo en el estado de Zulia, donde señaló que los trabajadores petroleros conservarán sus empleos, y que el único hombre de PDVSA que lo perderá es su actual presidente, Rafael Ramírez, por haber «saqueado» los recursos del país. En su Gobierno, afirmó, no se regalará ni una gota de petróleo a nadie, PDVSA seguirá siendo «tricolor» (nacional), se discutirán convenios colectivos mejores y el crudo se utilizará para desarrollar otros sectores de modo que el país deje de depender de los hidrocarburos.
Además, hábil, anunció que, de ganar, la señal de Radio Caracas Televisión (RCTV, el canal de las telenovelas, que Chávez sacó del aire al no renovarle la licencia) volverá a entretener a las clases populares.
Capriles sabe que en un país en el que las llamadas clases populares C, D y E constituyen el 74% de la población, el hasta hoy único paladín de la justicia social es Chávez, que hasta acá se impuso «sobre una oposición que, si bien había logrado erigirse como defensora de las libertades políticas, no estaba en condiciones de representar los intereses de los sectores más desposeídos», según señala Fernando Mires, filósofo y profesor emérito de la Universidad de Oldenburg, Alemania.
«No es Capriles el candidato vencedor de un cenáculo que un día decide mirar a los pobres», explica, por su parte, el sociólogo y periodista Jesús Torrealba a esta enviada.
«Chávez enamora y sigue enamorando a los pobres», dice Roberto Hernández Montoya, director de la Celarg y del Instituto Rómulo Gallegos, a Ámbito Financiero. «Reconoció la humanidad en aquellos a los que ni la burguesía ni el liberalismo reconocía como humanos, redujo la extrema pobreza del 29% que había en 1999, al 7% de hoy», agrega. Hernández hace una pausa y asegura, en referencia a la mística del discurso chavista, que «hay algo de Cristo en él».
Mires habla de «fieles», también, pero desde otro ángulo. Cree que los de Chávez «son transportados a una suerte de catarsis en esas misas profanas en que convierte cada una de sus apariciones públicas», porque «apela al inconsciente religioso e incluso mágico de su pueblo». Y por eso, concluye, el mensaje del Presidente, dirigido a los pobres, no es simplemente político. Sí, en cambio, lo es el de Capriles, «cuyo discurso emerge de un encuentro entre el candidato y la realidad que lo circunda». «Capriles no habla de cambiar el orden económico mundial, ni de salvar al planeta, ni de guerras en contra del imperio. Pero sí de construcción de caminos y puentes, de escuelas y hospitales, en fin, de los temas de la vida cotidiana. Capriles está contribuyendo a desideologizar el idioma político venezolano».
*Enviada Especial a Venezuela


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