Como Papa, elige a su sucesor en Bs. As.

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Jorge Bergoglio será, paradójicamente, el encargado de designar a un reemplazante para ocupar el lugar que dejó vacante en el Arzobispado de Buenos Aires al ser elegido ayer Papa.

Aunque por el momento suenen sólo presunciones, nadie duda que Francisco I buscará ungir a un obispo que el clero de Buenos Aires asuma como propio.

"Será un sacerdote de la línea del cura José Gabriel Brochero, 'nacional y popular'", evaluaba anoche un religioso de estrecha llegada a Bergoglio.

En el entorno ya mencionan a dos colaboradores permanentes de Bergoglio: Jorge Lozano, actual obispo de Gualeguaychú, y Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda y expárroco de San Cayetano.

Bergoglio construyó de entrada el sentido de su pontificado. La elección de Francisco I no es casual: si bien como jesuita podría haber pensando en San Francisco Javier -uno de los fundadores del movimiento religioso-, ayer desde el balcón de la basílica de San Pedro dio señales claras de austeridad, que lo identifican con el legado de San Francisco de Asís.

Según explicaba la radio del Vaticano, la costumbre de cambiar el nombre fue adoptada a partir del año 1000 para recordar que "la elección para el sillón de Pedro es como un segundo nacimiento". Desde entonces, el nombre más utilizado es Juan, elegido por primera vez en 523 por San Juan I, Papa y mártir.

La cordialidad inicial de Bergoglio con los feligreses del mundo y la sobria cruz pectoral determinan un cambio, incluso, mucho más amplio: es la primera vez que la Iglesia elige a un papa por su ministerio sacerdotal y no, entre otras cosas, por sus referencias como catedrático o teórico.

"Lo esperó toda su vida, eso mostraba el gesto de su rostro", leyó un sacerdote de Buenos Aires que todavía no se recuperaba de la sorpresiva designación.

"Los desafíos de Francisco I estarán en todos los niveles, pero especialmente en un plano evangelizador, misionero, en cambios internos en la Iglesia, y en desafíos en la relación con el mundo", evaluó el párroco de San Francisco Javier de Palero.

Visita a Brasil

El entusiasmo por el hecho histórico, que calaba profundo entre los creyentes de todo el mundo, hizo soñar ayer con su regreso fugaz al país, al menos para trasladar a Roma sus pertenencias. "De ninguna manera. Se llevó todo en su pequeña valijita", confió uno de sus colaboradores.

Por ello quizás anoche el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, José María Arancedo, dijo que a los obispos locales les encantaría recibirlo como a un papa argentino y que eso tal vez podría suceder en ocasión de la Conferencia Mundial de la Juventud que se realizará en julio en Brasil.

Arancedo contó, además, que habló con Bergoglio una semana antes de irse a Roma, y no pudo descar-

tar que el nuevo papa hubiera pensado que sería elegido, pero acotó que ahora "estará cambiando el pasaje de Roma a Buenos Aires". El trámite ya fue confirmado.

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