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¿Cómo se esfumaron u$s 70.000 millones?
Agustín Monteverde
La Lotería, el PAMI, los retiros militares y las cajas de jubilaciones profesionales debieron socorrer a este sistema de poder basado en el gasto clientelar. Hasta la AFIP ha implantado una suerte de default, demorando los reintegros a la exportación.
Tanto despilfarro nos ha devuelto a penurias que ya conocemos. Este año el déficit primario nacional será al menos de $ 2.000 millones y el consolidado provincial superaría los $ 14.000 millones.
En marzo, el superávit primario experimentó una caída del 61% interanual y el resultado financiero -luego del pago de servicios de la deuda- fue negativo en $ 733 millones (un año atrás había sido positivo en $ 850 millones).
El gasto se expandió el 28% interanual y fue récord para lo que va de 2009. Los gastos de operación -los más rígidos a la baja: principalmente son remuneraciones- saltaron el 45% interanual. Se trata más de un piso que de un techo de crecimiento para lo que resta del año. Las prestaciones a la seguridad social subieron el 35% interanual. La única buena nueva es que se desaceleró al 22% el ritmo de expansión de los subsidios al sector privado, aunque bien por encima del crecimiento de los ingresos. A pocas semanas de las elecciones, los gobernadores e intendentes desesperan: las transferencias corrientes al sector público aumentaron sólo un 10% interanual mientras que las de capital cayeron un 7%. Las obras públicas de la Nación, en cambio, saltaron un 107% interanual. Ante la previsible caída de la actividad, con las consiguientes urgencias económicas y sociales a corto plazo, y sin reformas estructurales en estudio, es impensable una desaceleración del gasto.
Los ingresos corrientes, en tanto, se expandieron algo menos del 16% interanual. Pero esta suba fue inflada por el salto del 51% en los ingresos captados por el sistema de seguridad social gracias a la megaconfiscación de los ahorros previsionales; si no, los ingresos corrientes crecerían apenas un 4%. Los ingresos tributarios crecieron menos del 12%, por debajo de la mitad en que lo vienen haciendo los gastos corrientes. La presión tributaria efectiva (la que soporta la franja formalizada de la economía), en tanto, supera un asfixiante 60%, insostenible en el contexto de una economía recesiva.
Luego de las elecciones, habrá que cubrir vencimientos de deuda por unos u$s 7.000 millones. Con el acceso cortado al financiamiento externo (salvo líneas «testimoniales» del BID y el BM), las únicas fuentes de fondos a las cuales echar mano serán las reservas internacionales y los ultrajados fondos de la ANSES. Para eso el Gobierno ya modificó encubiertamente las leyes del BCRA y el BNA como artículos de la Ley de Presupuesto.
Aún con esos recursos extra, la brecha a cubrir -dependiendo de los supuestos que tomemos- superaría los u$s 1.500 millones. Un default parcial y selectivo será difícil de esquivar: ya se puede descontar la refinanciación bajo presión del próximo vencimiento del Boden 2012.


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