15 de abril 2010 - 00:00

Compromiso argentino-ruso para ser aliados nucleares

Con Dimitri Medvédev en Buenos Aires, Cristina de Kirchner cerró 48 horas internacionales intensas. El ruso se sumó a las cumbres con Barack Obama y el chino Hu Jintao.
Con Dimitri Medvédev en Buenos Aires, Cristina de Kirchner cerró 48 horas internacionales intensas. El ruso se sumó a las cumbres con Barack Obama y el chino Hu Jintao.
La estela de la Cumbre sobre Seguridad Nuclear dominó ayer la visita del ruso Dmitri Medvédev al país. Más allá del conflicto por la carne y los acuerdos bilaterales firmados (ver notas aparte), el debate sobre la posibilidad de desarrollo de tecnología nuclear en los países no centrales, y el apoyo ruso a este proceso, fue el principal capítulo discutido por el visitante y Cristina de Kirchner en la reunión que mantuvieron en la Casa de Gobierno.

El principal foco de debate entre ambos jefes de Estado fue que Rusia siga apoyando la posibilidad para que países como la Argentina y Brasil continúen desarrollando el ciclo nuclear completo, con el compromiso de destinar el esfuerzo únicamente a la energía nuclear. Esto implica, además, que los países en desarrollo anularán la posibilidad de utilizar el uranio enriquecido para la fabricación directa o indirecta de armas nucleares.

Según profetizó la Presidente en la conferencia de prensa posterior al encuentro privado con Medvédev, «el mundo ha cambiado y la tensión Este-Oeste ha culminado», y sostuvo que existen «nuevos actores globales y nuevos dirigentes en América del Sur, quienes tienen visiones diferentes sobre las relaciones y la multilateralidad».

La de ayer fue la primera visita de un premier ruso en 125 años de relación bilateral. Esto incluye el período zarista y fundamentalmente las décadas de vigencia de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), además del proceso posterior a la caída del comunismo. Paradójicamente, los mejores años de relación económica bilateral se dieron durante los años finales de Leonid Breznev y Andrei Chernenko, y de la última dictadura militar argentina, cuando Rusia se convirtió en comprador casi único de trigo local y dio su apoyo abierto al país durante la Guerra de Malvinas.

Medvédev demostró ayer en la Argentina que, pese a la caída de la URSS, su puesto es uno de los más celosamente custodiados por las fuerzas de seguridad e inteligencia propias. Con un despliegue que no se vivía desde la visita de George W. Bush durante la cumbre de Mar del Plata de 2005, el premier ruso llegó a Ezeiza acompañado por cinco imponentes bombardeos TU-160, el avión de combate más pesado del mundo inmune a los radares; y a bordo de un IL-96-300, una aeronave de transporte de pasajeros que sólo tiene tres versiones en el mundo, destinadas al transporte de Hugo Chávez y a los hermanos Castro.

Según el visitante, «la Argentina sigue siendo uno de nuestros mayores socios latinoamericanos» (Brasil, Venezuela, Chile y Perú la superan en cuanto al volumen comercial). El principal proyecto es extender, además, las inversiones rusas en el país a proyectos dentro del sector petróleo, el gas y la construcción de barcos.

Moscú alberga la esperanza de vender también armas a la Argentina, un negocio que se le está dando bien en Latinoamérica, particularmente con Venezuela. Los dos países están también discutiendo ampliar su colaboración en las industrias espaciales y nucleares. Rusia ofrecería construir reactores de tercera generación, cuyo precio de base parte de los u$s 4.500 millones.

Medvédev permanecerá en el país hasta hoy a la mañana, cuando partirá a Brasil para participar de la primera cumbre del BRIC, junto con el anfitrión, India y China. Anoche se deleitaba en un espectáculo de tango frente al Obelisco, luego de una cena de honor en el Palacio San Martín.

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