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Compromiso argentino-ruso para ser aliados nucleares
Con Dimitri Medvédev en Buenos Aires, Cristina de Kirchner cerró 48 horas internacionales intensas. El ruso se sumó a las cumbres con Barack Obama y el chino Hu Jintao.
El principal foco de debate entre ambos jefes de Estado fue que Rusia siga apoyando la posibilidad para que países como la Argentina y Brasil continúen desarrollando el ciclo nuclear completo, con el compromiso de destinar el esfuerzo únicamente a la energía nuclear. Esto implica, además, que los países en desarrollo anularán la posibilidad de utilizar el uranio enriquecido para la fabricación directa o indirecta de armas nucleares.
Según profetizó la Presidente en la conferencia de prensa posterior al encuentro privado con Medvédev, «el mundo ha cambiado y la tensión Este-Oeste ha culminado», y sostuvo que existen «nuevos actores globales y nuevos dirigentes en América del Sur, quienes tienen visiones diferentes sobre las relaciones y la multilateralidad».
La de ayer fue la primera visita de un premier ruso en 125 años de relación bilateral. Esto incluye el período zarista y fundamentalmente las décadas de vigencia de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), además del proceso posterior a la caída del comunismo. Paradójicamente, los mejores años de relación económica bilateral se dieron durante los años finales de Leonid Breznev y Andrei Chernenko, y de la última dictadura militar argentina, cuando Rusia se convirtió en comprador casi único de trigo local y dio su apoyo abierto al país durante la Guerra de Malvinas.
Medvédev demostró ayer en la Argentina que, pese a la caída de la URSS, su puesto es uno de los más celosamente custodiados por las fuerzas de seguridad e inteligencia propias. Con un despliegue que no se vivía desde la visita de George W. Bush durante la cumbre de Mar del Plata de 2005, el premier ruso llegó a Ezeiza acompañado por cinco imponentes bombardeos TU-160, el avión de combate más pesado del mundo inmune a los radares; y a bordo de un IL-96-300, una aeronave de transporte de pasajeros que sólo tiene tres versiones en el mundo, destinadas al transporte de Hugo Chávez y a los hermanos Castro.
Según el visitante, «la Argentina sigue siendo uno de nuestros mayores socios latinoamericanos» (Brasil, Venezuela, Chile y Perú la superan en cuanto al volumen comercial). El principal proyecto es extender, además, las inversiones rusas en el país a proyectos dentro del sector petróleo, el gas y la construcción de barcos.
Moscú alberga la esperanza de vender también armas a la Argentina, un negocio que se le está dando bien en Latinoamérica, particularmente con Venezuela. Los dos países están también discutiendo ampliar su colaboración en las industrias espaciales y nucleares. Rusia ofrecería construir reactores de tercera generación, cuyo precio de base parte de los u$s 4.500 millones.
Medvédev permanecerá en el país hasta hoy a la mañana, cuando partirá a Brasil para participar de la primera cumbre del BRIC, junto con el anfitrión, India y China. Anoche se deleitaba en un espectáculo de tango frente al Obelisco, luego de una cena de honor en el Palacio San Martín.


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