- ámbito
- Edición Impresa
Con sacar más votos no alcanza para que haya democracia
A la democracia se le contraponía el sistema representativo que, según aquellos conceptos, era el correspondiente: «El pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes», comienza el artículo 22 de la Constitución. -democracia era sinónimo de democracia directa (gobierno de todo el pueblo habilitado), sistema representativo era el gobierno ejercido por los representantes. A ello se agrega, en el artículo 1º, el modo republicano, que supone, además, la limitación del poder por medio de la separación e independencia de las funciones legislativa y judicial, como garantía de los derechos fundamentales, llamados también esenciales y, más adelante, humanos. En esto, la influencia de Montesquieu. Hoy (en puridad, hace ya mucho tiempo), la palabra democracia requiere, por lo menos, un gobierno representativo de origen popular y la garantía de la separación de poderes y respeto de los derechos fundamentales.
El diputado Rossi, presidente del bloque oficialista, dijo hace poco, respecto de las críticas que se hacen sobre el INDEC: «No creemos en esta cosa de la independencia en términos abstractos y asépticos. Si no les gusta el INDEC, decimos lo que decimos siempre: tienen que ganar las elecciones y hacer el INDEC que quieran». En esto es consecuente con el pensamiento fundamental del justicialismo, en la versión original de Perón. Para esa concepción la democracia es el derecho a gobernar sin tener frenos ni contrapesos, irrestrictamente. La primera versión, la de Rousseau aggiornada, no la moderna complementada por la idea de Montesquieu. Aquel concepto primero algo se morigeró, pero en muchos exponentes sigue dominando.
En esto finca una de las diferencias capitulares del largo desencuentro argentino durante muchas décadas. Para el justicialismo la democracia significaba el derecho a gobernar de quien ganaba la elección, sin limitaciones o, al menos, limitaciones mayores. Para los demás eso era insuficiente, exigía, además de ganar la elección, la separación de poderes y el respeto de los derechos individuales.
Si buceamos nuestra historia, a partir de 1943, encontraremos que los grandes momentos de tensión, concluidos muchas veces en rupturas institucionales que sólo sirvieron para abonar la decadencia argentina, encuentran su génesis en la contrapuesta manera de concebir la democracia. Gobierno irrestricto de quienes ganan, para unos, gobierno de poderes limitado por medio de su separación, para asegurar los derechos, para otros. Sirva lo dicho para demostrar cuánta influencia puede tener la falsa comprensión de los conceptos políticos, sobre los hechos históricos. Es que para que haya democracia no alcanza con sacar más votos.
(*) El autor fue profesor universitario, académico, diputado nacional (1985-2005), convencional nacional constituyente (1994).


Dejá tu comentario