Nueva York - La Corte de Manhattan condenó ayer a Bernard Madoff a 150 años de prisión, la máxima sentencia que podía imponer, por haber cometido delitos «extraordinariamente maléficos». El juez federal Denny Chin, que recibió aplausos de la audiencia, explicó que debió «enviar el mensaje más duro posible» al tratarse de un fraude «asombroso», por u$s 65.000 millones, el más grande de la historia.
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«Se debe transmitir el mensaje de que los delitos de Madoff fueron extraordinariamente maléficos y que este tipo de manipulación del sistema no constituye un simple delito sin derramamiento de sangre que se queda sobre el papel, sino que conlleva también impresionantes penas», argumentó el juez.
Antes de conocer la sentencia, Ira Sorkin, el abogado de Madoff, afirmó que la pena de 150 años de prisión reclamada por la fiscalía rayaba en lo absurdo, ya que, aunque su defendido «es un individuo tremendamente defectuoso», también es un ser humano. Por ese motivo pidió clemencia y propuso una condena de 12 años de cárcel.
Madoff, por su parte, reconoció que no había excusas para el «terrible error» que cometió. «Les mentí a mi hermano y a mis hijos, a inversores y empleados, vivo en un estado de tormento, cometí un error de juicio», expresó el asesor financiero. A las víctimas de sus estafas, algunos presentes en la sala para escuchar el veredicto, les pidió disculpas a sabiendas de que «esto no los ayuda». Sin embargo, sentado junto a sus abogados, de traje y corbata oscuros, escuchó sin dar muestras visibles de emoción las declaraciones de nueve de sus miles de víctimas, que relataron en la audiencia el drama padecido.
Todas reclamaron la pena máxima. Con igual rostro impasible, Madoff escuchó la condena a 150 años de cárcel.
Aunque el juez reconoció que existía «ansia de venganza» entre las víctimas, finalmente decidió no atender la petición de clemencia de Sorkin y tampoco la recomendación del departamento federal de libertad condicional, que proponía 50 años. Así, optó por la pena más larga para dejar claro que este tipo de delitos también puede conllevar duras sentencias, algo que podría influir en el fallo de la juez de Texas que pronto deberá dictaminar sobre el multimillonario Allen Stanford, que afronta una pena máxima de 250 años, acusado de montar un fraude de u$s 7.000 millones. En los últimos meses y a raíz de la crisis económica y financiera, salieron a la luz numerosas estafas ideadas bajo el llamado «esquema Ponzi».
«Los delitos cometidos fueron extraordinariamente graves, y la severidad de esta sentencia es un justo reflejo de los daños infligidos», resumió la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York en un comunicado.
Tras conocerse la sentencia, Ruth, la esposa de Madoff, rompió su silencio y, convertida ya en víctima de un hombre del que dijo que «ya no conocía», subrayó que estaba «avergonzada y apenada». «Como todo el mundo, me siento traicionada y confusa», aseveró. Ruth Madoff, de 68 años, sufre el vacío por parte de quienes fueron sus más íntimos amigos, muchos de ellos también víctimas, e incluso de la sociedad neoyorquina, pues ahora no sólo tiene problemas para ir al supermercado o a su peluquero habitual, sino que ni siquiera le quieren alquilar un departamento. «Nada de lo que diga parece suficiente ante el sufrimiento diario que viven todas esas personas inocentes. No pasa un día sin que me duelan todas las historias que oigo y leo sobre ellas», indicó.
Desde la Casa Blanca, Robert Gibbs, portavoz del presidente Barack Obama, celebró la señal «fuerte y clara» del juez Chin a quienes administran los dineros de otros en el mercado financiero.
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