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Contagiado de ilusión
Todos van a abrazar a Mascherano, autor del segundo gol del seleccionado argentino. El equipo de Sabella tuvo un cómodo adversario para despedirse en el Monumental y pudo haber sido más amplio el marcador si no erraba tantas situaciones de gol, sobre todo en el primer tiempo.
Para muchos chicos será el sueño cumplido de "ver en la vida real" a Lionel Messi, Ángel Di María o Mascherano, a quienes sólo ven por televisión o son sus mejores figuras en la play. Para sus padres, es la oportunidad de llevar a sus hijos a la cancha sin la amenaza constante de las barras bravas y en un clima familiar, ése que algunos tildan despectivamente como "público no futbolero", pero en realidad es de los que más le dan de vivir al fútbol consumiendo sus productos, aunque no vaya seguido a la cancha porque lo echaron el maltrato y la violencia.
Dentro de este auténtico folclore, donde la mayoría vino a disfrutar y no a sufrir un espectáculo deportivo, estuvo flotando la ilusión sobre que esta vez puede ser, que este Mundial puede ser el de Argentina, que como en el 86 tenemos al mejor jugador del mundo y lo tenemos con "hambre de gloria", a pesar de todo lo logrado, porque quiere quedar en la historia como Diego Maradona y no como Johan Cruyff, que siendo el mejor en su época no pudo lograr un Mundial con Holanda.
Es más, si comparamos con el 86, Messi está mejor rodeado que Maradona, ya que a su lado están Agüero, Di María e Higuaín, tres jugadores desequilibrantes, mientras que Diego sólo tenía dos (Burruchaga y Valdano). Muchos marcan como talón de Aquiles de Sabella a su defensa, pero ésta sufre el síndrome de la "manta corta", ese principio que lanzó el brasileño Tim diciendo que si te cubrís la cabeza te descubrís los pies. Pero tiene un arma fundamental: es su poder de fuego y si en un Mundial te ponés en ventaja es muy difícil que te lo den vuelta.
Ayer jugó con Trinidad y Tobago, en lo que fue sólo una anécdota. Con un primer tiempo en donde la Selección se cansó de desperdiciar situaciones de gol y recién pudo ponerse en ventaja sobre el final, con un cabezazo de Palacio y mucha cooperación del arquero Williams, al que se le escapó la pelota hacia adentro.
La Selección jugó dentro de lo previsible, cuidando las piernas, no esforzándose demasiado y le alcanzó para terminar 3-0, aunque el estadio se quedó con las ganas de gritar un gol de Messi. Lionel demostró por momentos su gran habilidad, no tuvo suerte con el arco rival, pero fue factor fundamental en el segundo tanto, que nació de un tiro libre ejecutado con maestría por él, que rebotó en el ángulo y le dio la oportunidad a Mascherano de marcar su tercer gol en 98 partidos en la Selección.
Después, una corrida espectacular de Palacio terminó con el gol de Maxi Rodríguez, que había ingresado por Lavezzi. A partir de ahí la Selección volvió a toquetear la pelota y elegir las oportunidades, esperando que Messi marque el cuarto, cosa que no pasó.
Trinidad y Tobago jugó dentro de lo previsible; fue un equipo muy limitado en lo técnico, que no golpeó a mansalva, pero a pesar de eso en la Selección argentina se tuvieron que ir primero Martín Demichelis, con un golpe en el tobillo derecho, y después Rodrigo Palacio, con un esguince en el tobillo izquierdo.
Ahora, el sábado será el turno de Eslovenia, en un partido donde Sabella volverá a rotar jugadores y tratará de que lleguen todos sanos a Brasil.
La Selección empezó el camino a la gloria y sabe que tiene fuerzas como para alcanzarla.


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