Es casi una vergüenza. Uno de los principales responsables de la desregulación de los 90, que terminó en la crisis sin precedentes que todos conocemos/sufrimos, dio un giro de 180 grados, olvidó su pasado y buscando otra vez el cobijo del poder se aunó al presidente más extremista de las últimas décadas. Hablamos de Larry Summers quien en 1999 como secretario del Tesoro de la administración Clinton fue responsable de instrumentar la rebaja al impuesto por ganancias de capital, el rechazo de la Ley Glass-Steagall y el Acta de Modernización de los Futuros sobre Commodities. Hoy estas tres medidas son consideradas el puntapié inicial al proceso que desemboco en la crisis global de 2007. Hoy, Summers al frente de la NEC es el principal asesor económico de Barack Obama -en EE.UU. no existe el cargo de ministro- y el más fuerte contendiente de Ben Bernanke -otro responsable de la crisis para presidir la Fed a partir de enero. Claro que no está todo dicho, la recepción que tuvo el discurso de Bernanke en la reunión anual de la Fed en Jackson Hole asegura que no está todo dicho. Esta discusión no es banal porque de ella depende en gran medida cómo será el proceso posterior a la crisis. Claro que nada parece más lejos de mirar estas cosas que el mercado financiero.
El viernes, de la mano del mayor incremento mensual en la reventa de viviendas en 10 años, el Dow trepó un 1,7%, a 9.505,96 puntos, alcanzando el máximo de los últimos 10 meses. El petróleo, que sigue actuando en consonancia con las acciones, hizo otro tanto (cerró u$s 73,89 por barril), lo mismo que las Bolsas europeas. La única señal de cierta desconfianza la siguen dando los treasuries, cuya tasa quedó en un 3,569%, y el dólar.
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