29 de marzo 2012 - 00:00

Control de cambios no da reservas

Enrique Blasco Garma - Consejero académico Fundación Libertad y Progreso.
Enrique Blasco Garma - Consejero académico Fundación Libertad y Progreso.
Muchos analistas piensan que el control de cambios asegura el aumento de las reservas deseado por el Gobierno, independientemente de otras consideraciones. Ello no es exacto. En verdad, la economía argentina, como cualquier otra, está sujeta a varias restricciones simultáneas. Estas condi-cionantes no son teóricas, sino que surgen de la contabilidad. O sea, necesariamente estas relaciones deben cumplirse en toda circunstancia.

1. La variación de reservas internacionales debe igualar a la expansión de la base monetaria menos el aumento de los activos internos netos del BCRA, cualquiera sea el régimen cambiario. Cuanto más divisas compren, menos crédito al Gobierno podrían otorgar, dada una expansión de base monetaria. Entre 2003 y 2008, el fuerte incremento de las reservas internacionales fue facilitado por los superávit fiscales que no requirieron crédito del BCRA al Gobierno. Para comprender mejor, recordemos que los dos rubros principales del activo del BCRA son las reservas internacionales y los activos internos (créditos netos al Gobierno y a entes privados). Los dos rubros principales del pasivo son la base monetaria y los títulos emitidos por la entidad. Por eso, la variación de las reservas internacionales debe ser igual a la diferencia entre el aumento de la base monetaria más el aumento de los títulos de la entidad en el mercado menos el incremento de activos internos (créditos al Gobierno y a los privados). Esta igualdad rige cualquiera que sea el régimen de cambios, incluso bajo los controles más estrictos. Si la base monetaria aumenta igual que el crédito interno neto no hay forma de que BCRA compre más reservas, pues las reservas se compran con pesos. Y la emisión que se destine a expandir el crédito interno no puede adquirir dólares. El monto del financiamiento al Gobierno y a privados disminuye el monto disponible para la compra de dólares.

2. El volumen de las importaciones condiciona la producción de bienes y servicios, porque todas las industrias y servicios requieren adquirir insumos y bienes externos. En el corto plazo, especialmente, la sustitución de importaciones es muy reducida y extremadamente costosa. Si se restringen las importaciones se frenarán la actividad y el empleo. Además, la puesta de controles de importación alienta la formación de inventarios de dichos bienes en el país, elevando los requerimientos por encima de relaciones habituales. Así, al ponerse controles, la reacción natural de los agentes económicos es aumentar los inventarios de esos bienes en el país. Cuando no se sabe cuánto y cuándo podemos comprar, elevamos las existencias de mercaderías. Lo normal, sin los controles, es reducir los stocks en el país todo lo posible, pues es más económico. Al ponerse restricciones, se incentiva consolidar stocks en el país para responder a la demanda.

3. El financiamiento externo aportó u$s 7.000 millones en 2011. Debido a los controles, ese monto será menor en 2012. Los acreedores temen los controles de cambio, pues elevan la incertidumbre de la fecha de los cobros.

4. El saldo de la cuenta corriente con el exterior es igual al superávit de los privados más el fiscal del Gobierno. Cuando el Gobierno tiene déficit fiscal, la cuenta corriente sólo puede ser superavitaria si lo son los privados. El problema es que, cuando hay controles de cambios, los privados quieren tener superávit internacional para radicar capitales en el exterior y no para dárselo al BCRA.

La historia argentina atestigua demasiados años de control de cambios con superávit externo del país, radicación de capitales privados en el extranjero y escasez de divisas para actividades oficiales y privadas. Esos años sufrimos alta inflación, baja de ingresos y de ocupación.

La primera restricción citada da lugar a distintos escenarios alternativos de precios internos, tipos de cambio, diversos grados de control, emisión monetaria y crédito al Gobierno. La segunda abre un abanico de restricciones cuantitativas que impactarían en la producción y el empleo.

Por lo expuesto, como el perro que corre atrás de su cola, el control de cambios no asegura conseguir una meta determinada de reservas. Los países con controles sufren permanentes faltantes de divisas y restricciones. Finalmente, ningún país democrático mantiene controles a la salida de divisas por mucho tiempo. Cuando se libera el sistema cambiario, luego de años de controles, se hacen saltos monetarios-cambiarios importantes.

Las reservas internacionales netas cayeron en u$s 830 millones en los dos meses y medio iniciales de 2012. Por el contrario, en igual lapso de 2011, las reservas habían aumentado en u$s 858 millones, cuando había menos controles. Los pagos al exterior fueron mayores en u$s 1.700 millones en este año que en dicho período de 2011. Comprobamos: los controles y restricciones cambiarias no favorecen el aumento de reservas y generan grandes dificultades, despilfarros y reducciones de actividades.

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