Quito - Tras su histórica reelección, Rafael Correa prometió radicalizar el socialismo en Ecuador y al cabo de un mes los cambios muestran a un presidente endurecido con la prensa, los banqueros y antiguos aliados, y resuelto a extender, con el apoyo de Venezuela, su liderazgo en la región.
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Con dos años y medio en el poder, el mandatario abrazó la gloria el 26 de abril, cuando se convirtió en el primer presidente reelegido en los últimos 30 años, logrando además un arrollador triunfo en las legislativas. Al día siguiente, Correa -cuyo triunfo no fue reconocido por su rival Lucio Gutiérrez, quien adujo un supuesto fraude- prometió «radicalizar la revolución».
Incluso puso en alto el puño de la victoria frente a sus aliados, los presidentes de Venezuela y Bolivia. «No vamos a cambiar de rumbo; por el contrario, vamos a radicalizar y profundizar nuestra revolución ciudadana», afirmó en un encuentro realizado hace una semana en Quito.
Las primeras señales no se hicieron esperar. Correa rompió su alianza con los sindicatos y el partido de izquierda más radical, grupos con los que había enfrentado a varios «enemigos comunes de la de-recha» al inicio de su Gobierno.
El mandatario se propuso regular la contratación colectiva, desatando la rabia de las centrales obreras, que iniciaron acciones de protesta.
Al mismo tiempo echó a rodar un sistema de evaluación para los profesores que prevé su destitución en caso de que, previa capacitación, pierdan las pruebas.
Pero los maestros no fueron los únicos en experimentar el socialismo radical de Correa. Los medios de prensa aparecen como el blanco de sus más feroces críticas, y pronto -según prometió el sábado- de acciones legales.
Correa juzga como principales «opositores y enemigos del cambio» al periódico El Universo y el canal Teleamazonas, duros críticos de su gestión. Junto a su aliado venezolano, Hugo Chávez, anunció que propondría a la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) la creación de una instancia que «defienda a los gobiernos de los abusos de la prensa».
Al tiempo que redobló sus advertencias, Correa proclamó una ley que obliga a la banca privada -también centro de sus dardos- a repatriar capitales por u$s 1.200 millones para forzarla a dar más crédito.
Asimismo, promoverá el rechazo al Banco Mundial -del que se retirará Quito- y dará un nuevo impulso al recién conformado Banco del Sur. «Son cosas que hay que enfrentar para la liberación de nuestros países, porque esto significa coloniaje, esclavitud frente a transnacionales, frente Washington, frente al Banco Mundial y eso no lo podemos seguir tolerando», señaló. Agencia AFP
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