19 de noviembre 2015 - 00:21

Corte: sólo tres acuerdos antes de nuevo Gobierno

• AGENDA DE FALLOS SENSIBLES PREVIO AL TRASPASO DE MANDO.
• EL DÍA DESPUÉS.

Ricardo Lorenzetti y Carlos Fayt
Ricardo Lorenzetti y Carlos Fayt
 La Corte Suprema de Justicia tuvo ayer su último acuerdo de ministros antes de la segunda vuelta electoral del domingo. Fue un encuentro de corta duración, en el cual no se firmaron fallos de peso a fin de no alterar el último tramo de la campaña. Los justices definieron que a la Corte le quedaran tres acuerdos, todos antes del traspaso de mando del 10 de diciembre y, lo más importante, antes de que Carlos Fayt deje el máximo tribunal el día después de la inauguración de la nueva administración.

A partir de ese momento se habilita un período de intensas elucubraciones que prometen dominar el verano ante la tentación para los políticos de cubrir dos asientos en la cima del Poder Judicial.

Cualquiera sea el ganador este domingo, las tres citas finales de la Corte actual (24 de noviembre, 1 de diciembre y 9 de diciembre) serán seguidas de cerca por las cuestiones en materia económica que allí se discuten, como reclamos impositivos, expedientes gremiales (derecho a huelga), causas de coparticipación federal y los siempre ásperos avatares referidos al mercado cambiario.

Al igual que otros momentos de naturaleza similar (2003), los fallos económicos de la Corte ofrecen la ambientación para diversas negociaciones con el nuevo Gobierno. En cambio, los fallos de orden más político tienden a la confrontación como sucedió las últimas dos semanas con la ley de subrogancias, el revés contra YPF por su contrato con Chevron y la extensión de la medida cautelar que favorece al monopolio Clarín en su cruzada contra la ley de medios. A diferencia de estas resoluciones que responden a peleas concretas, los casos que acuña el tribunal tienen la capacidad de trastocar la matriz económica vigente.

Este panorama será la antesala de una discusión más profunda sobre el futuro del máximo tribunal. Ricardo Lorenzetti ha reforzado en los últimos meses la idea de que la Corte es un poder en sí mismo, afianzada sobre su jurisprudencia y por fuera de cualquier padrinazgo político. Giro discursivo que se complementa con una cada vez mayor discrecionalidad sobre qué casos aceptar y cuáles rechazar, como viene explicando Cristián Abritta, hoy por hoy el secretario más rutilante del tribunal.

Esa tesis se pone a prueba ahora porque tanto Mauricio Macri como Daniel Scioli tienen planes concretos sobre la naturaleza de la Corte, su funcionamiento e integración. El presente es lo que ninguno de los dos candidatos desea: una Corte más identificada con el sello opositor que con el oficialista. De hecho, en sus conversaciones más reservadas, Macri ha sacado la conclusión de que el presente actual, de una Corte que expone fricciones con el Gobierno que la integró, es prácticamente la única excepción en la historia argentina.

Reflexiones que se conocen bajo la influencia del fallo contra YPF que nadie en el macrismo ha respaldado. Tampoco hubo críticas a Scioli por su foto con Miguel Galuccio al otro día. Es obvio: para los abogados de empresas que rodean al alcalde la resolución que perjudica a Chevron es un estiletazo para el mercado que pretende que los secretos estén bien guardados.

Audaz y siempre en busca del equilibrio, Lorenzetti ya ha hecho una jugada preventiva. Dio su visto bueno para formular una nueva ley de sociedades -el producto que arrojó el nuevo Código no satisface ni al justice ni a los hombres de negocios que lo frecuentan- y de hecho ha comprometido a un funcionario de su vocalía para que supervise los papers que se redactan en las reuniones del Colegio de Abogados de la Ciudad.

Desde el 11 de diciembre se pone en juego la lógica de Lorenzetti que ha sido la de ser un jefe indiscutido dentro del Poder Judicial. El ejemplo de esa vocación está impreso en las nominaciones de Domingo Sesín y Eugenio Sarrabayrouse, candidatos que el justice avala no sólo por sus méritos e ideas sino ante todo porque garantizan que la dinámica actual se extienda.

El tiempo que dure el esquema actual está condicionado a la voluntad política de quien sea el próximo presidente. En ambos campamentos de campaña abundan los planes para alterar el orden actual, pero como suele suceder, la política siempre responde más a la necesidad y el contexto que a la voluntad. De ahí también la importancia de los tres acuerdos finales, antes de la partida de Fayt.

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