Eduardo Costantini: El MALBA nació a partir de un largo proceso de coleccionismo y una oportunidad de adquisición de un terreno, en una localización estratégica, muy conveniente para museos. Fue un proceso de aprendizaje. En un comienzo, yo pensé donar la colección a una institución. A partir de esta oportunidad, fui evolucionando y teniendo la idea de fundar una institución nueva. El MALBA tiene una identidad específica a partir de una colección Latinoamericana. La colección tuvo como estrategia fundamental, en los últimos quince años, centrarse en el arte latinoamericano. Pone eje en eso. Si bien tiene un programa de exhibición que incluye muestras internacionales, cubre del período moderno hacia adelante. Ése sí que es un axioma del MALBA, no se va para atrás en la historia del arte.
V.: ¿Con qué premisas se gestiona actualmente el museo?
E.C.: La premisa nuestra es intentar manejarlo de la forma más profesional posible. Y hacia adelante, el MALBA tiene el desafío y el propósito de despersonalizarse. De inclusión, tanto en la parte de la financiación privada, como en el poder político, debemos producir esa descentralización. En este momento estamos reviendo los estatutos del MALBA para alcanzar estos objetivos.
V.:¿Cuál cree que debe ser el rol del Estado en el ámbito cultural y artístico?
E.C.: Sin duda, tiene que promover. Pero lo que me parece que ocurre en la Argentina es que el Estado no da el suficiente lugar a las inversiones sociales y los proyectos realizados por el sector privado. Eso incluye el arte. No hay una política de promoción, un reconocimiento y un llamado a los sectores privados para que ocupen un mejor lugar, y que aumenten el impacto de los beneficios de estas inversiones sociales en hospitales, universidades, bibliotecas, museos. Esto tiene algún origen histórico, porque en algún momento había desgravaciones impositivas y el sector privado metía la mula con los montos donados. Creo que debería haber un reconocimiento mutuo de los dos sectores y trabajar en conjunto para mejorar ese tipo de inversiones que Argentina necesita.
V.: ¿Cuáles son las causas de ese desencuentro?
E.C: Hay una causa ideológica, que piensa que lo público y lo privado son antagónicos. También hay una causa fiscal. Muchas veces, las políticas sociales tuvieron una hegemonía de la secretaría de Hacienda, por necesidades presupuestarias. Porque la desgravación produce una reducción a los ingresos fiscales. Muchas veces, el que trababa iniciativas en este sentido era el secretario de Hacienda. Hay causas ideológicas, que son muy importantes, que nosotros las vivimos en la discusión del nacimiento del MALBA. Porque pensaban que era un negocio, en lugar de ser una inversión social con impacto cultural, incluyendo el hecho de que parte del resultado económico del MALBA es pérdida. Pero lo veían como un beneficio del fundador, pedían cosas a cambio, o lo ponían en la vereda de enfrente. El MALBA, como cualquier ONG, realiza inversiones públicas. Son bienes públicos.
V.: ¿Cómo ve las políticas culturales a nivel nacional, en la Ciudad y en la provincia de Buenos Aires? ¿Qué aspectos destaca y cuáles critica?
E.C.: Creo que tiene que haber una mayor autarquía en las instituciones que están promoviendo el arte. Dependen excesivamente de una centralidad ejecutiva, entonces se manejan de acuerdo al vaivén de la política, o son decisiones que se toman fuera de la institución. Es más difícil tomar decisiones desde un mayor poder central. Es importante que las instituciones estatales tengan un presupuesto y mayor autarquía para que puedan gestionar con otro tipo de funcionamiento.
V.: El MALBA suele proyectar películas nacionales que, más allá de su éxito de taquilla, tienen otros valores como la calidad artística. Por ejemplo, "Cornelia frente al Espejo", o "Viola". ¿Qué opina de las críticas a la política de subsidios del INCA?
E.C.: Siempre es discutible el criterio de asignación de fondos cuando, en definitiva, hay un contenido de cierta subjetividad. El INCA es una institución con una influencia importante de los diferentes sectores sociales. Es necesario el subsidio y es positivo que haya una ayuda al cine nacional para proteger a la industria. Ahora, siempre va a ser discutible si es esta película, si es aquélla. Va a depender de la profesionalidad y la pluralidad en el otorgamiento.
V.: Está de acuerdo con la dicotomía "arte popular" y "arte de elite". ¿Cómo podría zanjarse esa separación?
E.C.: Nosotros lo vivimos. A veces hacés una muestra de muy buen arte pero te das cuenta de que va a tener poco público porque es complicada, requiere más conocimiento, o es un arte más conceptual, o icónicamente no es tan atractivo. Entonces, este tipo de instituciones tiene que manejar el arte de la seducción. El MALBA es una especie de centro cultural, porque tiene el programa de cine, de literatura; el programa educativo, el audiovisual. Trabajamos con diseño. Es necesario un programa diverso, convocar al público joven, programas para gente de la tercera edad. Hay arte, si querés, más fácil, pero tenés que guiarte por la calidad del arte. No creo tanto en arte de elite o popular. Hay que hablar de calidad, y que el tiempo, la gente y la crítica lo determinen.
V.: ¿Cómo ve la disputa entre artistas que defienden el modelo político kirchnerista y los opositores? Esta disputa influye en el ambiente y las actividades del MALBA?
E.C.: La discusión política atraviesa distintas actividades y el arte. Un exceso de esa actividad interfiere con lo artístico y surgen discusiones, como hay ahora, demasiado exageradas y antagónicas. Entonces, ensucian todo el camino. Por otro lado, hay muchos artistas que tienen un concepto político realista, que su protesta o su mensaje social, económico e ideológico lo colocan en su arte, y otros son totalmente asépticos. Son dos temperamentos diferentes. Y en definitiva, puede ser un artista ideológico, emocional y realista, y que sea muy buen o muy mal artista. El MALBA tiene que prescindir como institución de una posición ideológica o religión, y se guía exclusivamente por la calidad del arte. Tenés arte pop, conceptual. Eso es lo lindo, que venga uno de izquierda y otro de derecha.
V.: Hablando de política y arte, ¿con qué Gobierno tuvo mayor sintonía para el trabajo del MALBA? ¿Qué gestión destaca?
E.C.: A través de los años fuimos reconocidos y aceptados por distintas instituciones. Tratamos de promover esa relación y esa articulación. Hemos hecho cosas con el Bellas Artes (que depende de la Nación), con el Recoleta (municipal). Ahora tenemos un programa MALBA Federal que está recorriendo las provincias. Nos gusta prestar obras y que nos presten. Creemos en el reconocimiento mutuo de estos dos tipos de instituciones.
V.: ¿Cómo se puede federalizar el arte y hacer que llegue a las provincias y municipios. ¿Ve predisposición de los gobernantes?
E.C.: Hay oportunidades, lo que pasa es que Buenos Aires mira poco al interior. También hay dificultades, los presupuestos provinciales no son holgados. El MALBA tiene programas para las provincias, la idea es compartir el contenido. Hay mucho interés y una necesidad de compartir. Con internet las fronteras se empiezan a desdibujar. En ese sentido, estamos actualizando nuestra página.
V.: ¿Cómo se puede lograr un mayor financiamiento para la difusión de obras de arte?
E.C.: El sector privado en la última década tuvo iniciativas. El MALBA, el museo Fortabat, PROA, Fundación Telefónica. Creo que el sector público, los dirigentes tienen que convocar e invitar, y que pongan el marco legal para facilitar esa mayor participación. En el ámbito de la Ciudad, se ha aprobado el proyecto de desgravación, la ley de mecenazgo. Tiene que haber políticas de coordinación, comunicación, y un marco impositivo que favorezca estas inversiones. Que el sector público movilice la capacidad de gestión del sector privado, no sólo los recursos, sino también la cantidad de horas. Si ponés más empresas o familias, detrás de estos proyectos estás invirtiendo en gestión.
V.: Se habla mucho de la relación de Buenos Aires con la cultura. ¿Cuánto se diferencia respecto de las actividades, museos y artistas de otros lugares de referencia, como Nueva York, París y Londres?
E.C.: Buenos Aires es, sin dudas, una ciudad activa, variada, abierta, que tiene muchos eventos culturales. Está bien. En la parte museológica, nos manejamos con un presupuesto mucho más reducido. Volviendo al arte popular, Madonna cobra lo mismo que en Nueva York y viene acá. La gente va, paga, y dan los números. Acá en los museos no nos pasa eso. No podemos traer ni a Picasso ni a Van Gogh. A lo mejor hacemos una muestra de Warhol, porque la Fundación respeta al MALBA, pero es muy difícil ser centro de gestión de obras, porque no dan los números. Es diferente el poder adquisitivo de los ciudadanos de Nueva York o París. En Londres y París, el Estado apoya con millones de dólares. O el caso americano (por EE.UU.), que es más de gestión privada y tiene otra cantidad de público y otros edificios, con entradas de 25 dólares. Hay que ingeniárselas para hilvanar un programa curatorial.
V.: ¿Qué tendencias artísticas está viendo en sus viajes y qué trabajos le resultan interesantes?
E.C.: El museo que más me gusta de arte moderno es el MOMA de Nueva York. Me agrada el Tate Modern de Londres. Artistas, muchísimos. Últimamente estuve un poco enganchado con Jeff Koons, por un proyecto específico. Es un artista interesante. Me gusta Gerhard Richter, que es muy distinto.
V.: ¿Los sorprendió la convocatoria de Yayoi Kusama en el MALBA?
E.C.: Nosotros sabíamos que íbamos a tener mucha convocatoria, porque la muestra tuvo colas larguísimas en EE.UU. y Europa, pero no tanta. Sigue traccionando. Es el proyecto más complicado del MALBA; una muestra muy costosa que está planeada para ir a cinco instituciones latinoamericanas. Tiene sus inconvenientes presupuestarios. Nosotros actuamos como principal responsable ante los prestamistas y la Fundación Kusama, y tenemos que caminar al vaivén de esa frágil situación latinoamericana. Para que vengan artistas de esta calidad, primero tienen que reconocer a la institución, aprobarla, y después, estar dispuestos a prestar. Y además, los números tienen que ser razonables. Acá se dio, también, porque Kusama es una artista japonesa y tiene obras espectaculares que no son tan valiosas como obras americanas de la misma calidad, que valdrían una fortuna.
V.: ¿Cómo es su mirada de la relación del Gobierno nacional con el mundo empresario, incluyendo a los medios de comunicación?
E.C.: Yo creo que nos está faltando diálogo, es lo más importante. Puede haber diferencias o distintos criterios. Si vos dialogás, con buena fe, te agredís menos. Cuando hay agresión, podés tener o no razón, pero el diálogo te lleva a aceptar la posición del otro. Cuando hay confrontación, no es bueno. A mí en lo personal, en lo corporativo, un día me desayuné con la sorpresa de que el Estado tenía el 26% de mi empresa... Si tenés un socio inesperado, tiene que participar en el directorio, tenés que mostrar lo que estás haciendo, que te lo critique o no. Si no, terminás a las patadas y no te conviene. Al Gobierno tampoco. Ahora, la Presidenta llamó al diálogo y yo tomaría esa oportunidad de dialogar; hay que ver con qué resultados. Por primera vez en décadas, tenemos la oportunidad de hacer una transición no traumática. Si hubiera diálogo, no iríamos de un extremo al otro. Siempre hacemos lo mismo, a las patadas, se niega lo anterior. Eso, países como México, Chile, Uruguay, Brasil lo han aprendido. En eso estamos frente a otros países hermanos claramente atrasados. Estamos en una situación con baja deuda, reservas (no nadamos en dólares, pero no es la situación de Cavallo), y hay bajo costo del dinero. Están dadas las condiciones, es un tema nuestro.
| @CMVeronelli |
BIO
Buenos Aires, 17 de septiembre de 1946
Estudios: Licenciado en Economía (UCA) y Master of Arts in Quantitative Economics (Universidad de East Anglia, Inglaterra).
Trabajos: Presidente de Consultatio SA (Argentina), Consultatio Asset Management y Consultatio Real Estate Inc. (Estados Unidos); presidente de Nordelta SA y vicepresidente de la Fundación Nordelta y presidente de Malba - Fundación Costantini.
Está leyendo: "Lo bello y lo triste", de Yasunari Kawabata. ("Releyendo").
Rutina informativa: La Nación, Ámbito Financiero, El Cronista, Financial Times y The New York Times.



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