"¿Podrá el sínodo encontrar una nueva forma de afrontar los problemas de las situaciones particulares de las familias?", se preguntaba ayer uno de los obispos que intervino, según explicó el rector de la Pontificia Universidad Católica de Buenos Aires, el arzobispo Víctor Manuel Fernández, durante la conferencia de prensa posterior a la asamblea de la que participaron los 253 prelados convocados por el Papa para debatir, hasta el 19 de octubre, la forma en que la Iglesia debe adaptarse a los nuevos fieles, principalmente aquellos divorciados y vueltos a casar, los gays y las madres solteras.
"Hay que tener en cuenta la realidad concreta de las personas y que no todos pueden llegar al ideal de perfección y de bien posible que defiende el catolicismo", dijo Fernández.
En el sínodo se enfrentan dos posturas, la de los conservadores (liderados por eclesiásticos estadounidenses) y la de los aperturistas, cercanos a Francisco, que insisten en "el realismo comprensivo que debe acompañar al sufrimiento de muchas familias, aunque esto implique que nos tengamos que manchar de fango", recordó el arzobispo argentino.
El Sumo Pontífice, de tradición jesuita, defiende una Iglesia cercana a los fieles, democrática y tolerante. Su postura fue inmediatamente respaldada por la Iglesia Católica en Alemania y comenzó a ser apoyada ahora por prelados latinoamericanos y europeos.
Ayer, la Santa Sede afirmó que el tema de los divorciados católicos que se volvieron a casar "se afronta con la prudencia que requieren las grandes causas, pero con la objetividad de la verdad y con la misericordia por la persona y su sufrimiento". "Muchos fieles se encuentran en esta situación no por su culpa", subrayó.
Por su parte, el arzobispo de Glasgow, Philip Tartaglia, pidió a los obispos que no "fallen" a quienes fracasan en su matrimonio y se quieren acercar a la Iglesia Católica. "En momentos de angustia y de desgracia, la gente regresa instintivamente a la Iglesia para recibir esperanza, consuelo e inspiración", indicó.
También durante la sesión de ayer, el cardenal brasileño Raymundo Damasceno Assis afirmó que "en una Iglesia que el papa Francisco definió como un hospital de campaña después de una batalla, no se puede no salir al encuentro de tantas familias en crisis".
El arzobispo de Aparecida, que se encargó de uno de los discursos inaugurales del encuentro de ayer, analizó la posibilidad de "acompañar" y mostrar proximidad a las parejas formadas por personas del mismo sexo, ya que la "Iglesia es la casa paterna en la que hay espacio para todo el mundo", declaró. El matrimonio homosexual también es analizado por la asamblea sinodal aunque, por lo conflictivo del tema para la institución, no se esperan grandes avances al respecto.
Assis, que en varias ocasiones citó frases del Papa, quien lo escuchó atentamente, subrayó que en la sesión los padres sinodales afrontan la "compleja temática" de las "situaciones pastorales difíciles".
Son situaciones, explicó, que "exigen un acompañamiento por parte de la Iglesia hacia las personas involucradas que viven sus experiencias como profundas heridas en la propia humanidad, en la relación con los otros y con Dios".
Los obispos latinoamericanos que intervinieron ayer coincidieron, en tanto, en que el machismo en América Latina es un problema importante para el catolicismo, pues se suma a la pérdida de valores que termina en la pérdida de fe. Explicaron que está relacionado con la violencia doméstica o con los problemas de las familias en la región.
La petición de apertura a las nuevas modalidades de familias es particularmente fuerte entre los prelados alemanes, pues el arzobispo de Múnich, el cardenal Reinhard Marx, informó que redactaron un documento conjunto que presentarán al sínodo y en el que apoyan la posición del cardenal Walter Kasper, conocido como el paladín de una mayor "misericordia" hacia los casos difíciles.
Durante la segunda congregación general de los padres sinodales se consideró que las parejas de hecho "en las que se convive con fidelidad y amor presentan elementos de santificación y verdad".
El sínodo, marcado por la peculiaridad de que todos los días un matrimonio de distintas partes del mundo presenta un caso de tolerancia, tuvo ayer la participación de una pareja mixta, formada por un musulmán y una católica procedentes de Costa de Marfil.
Jeannette Touré, católica, relató sus 52 años de matrimonio y contó cómo hallaron con su esposo formas de conciliar su relación sin abandonar sus distintas formas de fe.
El lunes habían comenzado a llegar las primeras muestras de la buena acogida que tuvo entre los obispos el pedido de apertura hacia los nuevos núcleos familiares.
Al término de dos semanas de debates será elaborado un documento final, que será sometido a votación y transmitido sucesivamente a las diócesis de todo el mundo junto con un cuestionario.
El fruto de ese proceso será la base para el sínodo ordinario que se celebrará el próximo año y en el que se podrían adoptar reformas importantes para la Iglesia.
La celebración de dos asambleas sinodales resulta además una forma de consulta interna inédita.
| Agencias EFE, DPA, AFP, ANSA y Ámbito Financiero |


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