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Crecimiento chino, con cuento argentino
Agustín A. Monteverde
Queda claro así que si usamos números fraguados de inflación, el crecimiento al que arribaremos también será ficticio. Eso es lo que ocurre con las estadísticas oficiales, que para 2010 arrojaban hasta octubre (último dato publicado hasta el momento) un crecimiento a lo chino, de nada menos que el 8,9%. Lo grave es que, merced a subestimar la inflación, se viene defraudando a los tenedores de deuda ajustable por CER, en su mayoría argentinos, y a la ANSES. Y al inflar el crecimiento se dilapidan fondos públicos, obsequiando ajustes impropios -no contemplados por la ley de creación- a los cupones ajustables por PBI.
Con tres vías simples de análisis se puede comprobar la falsedad de las tasas de crecimiento publicitadas. En primer lugar, toda expansión de la actividad económica debe reflejarse en la recaudación del IVA colectado por la DGI. Como lo recolectado por el Impuesto al Valor Agregado resulta de las variaciones en precios y cantidades de toda la economía, refleja la evolución nominal del PBI. Si descontamos, entonces, del crecimiento nominal de la recaudación la inflación real, debiéramos arribar al crecimiento en términos reales de la actividad, es decir, en unidades.
La ventaja de este procedimiento para testear las estadísticas de actividad publicitadas por el Gobierno es que los registros de recaudación son mucho más difíciles de alterar. Durante el año pasado, lo recaudado por la DGI en concepto de IVA aumentó el 24,9% interanual.
Si a esa tasa le descontásemos cualquiera de las mediciones de inflación efectuadas por fuentes privadas -aun las más condescendientes con la óptica oficial- arribaríamos a un crecimiento de la economía notoriamente más modesto que el informado por el INDEC y por algunas firmas profesionales. Cabe aclarar que si nos referimos al mismo período de diez meses sobre el cual el INDEC ha difundido su registro de crecimiento y tomáramos los registros de recaudación a octubre, el resultado sería aún menor, pues el IVA DGI había acumulado una suba de apenas el 22,6%.
Podemos recurrir a otro procedimiento objetivo de testeo: el consumo de energía constituye un proxy mucho más confiable a la marcha de la actividad económica que los números del INDEC. Según la medición de Fundelec (Fundación para el Desarrollo Eléctrico), el consumo de energía eléctrica medido en watts/hora durante 2010 creció el 5,9% respecto del año previo; y en los diez primeros meses del año fue el 5,4% superior al registrado en el mismo período de 2009. Como se ve, ambos registros están bien distantes de las tasas chinas a las que habríamos supuestamente crecido.
En lo que hace al mes de octubre, la demanda neta total del mercado eléctrico mayorista fue de 8.560,8 Gwh para todo el país, lo que implica un aumento interanual de apenas el 1,7% contra el cuasi chino 7,2% de supuesto crecimiento informado por el INDEC para ese mes. Salvo en enero, agosto y diciembre, en 2010 la demanda eléctrica nunca creció por encima del 7%.
Por último, correspondería hacer una prueba de consistencia sobre las elevadas tasas de crecimiento anunciadas por algunas fuentes privadas, casi idénticas a las publicitadas por el INDEC. Apenas iniciemos ese análisis, surge evidente que tales tasas son inconsistentes con las tasas de inflación informadas por esas mismas firmas, mucho más elevadas que las del INDEC.
Esto significa que, si se toman la inflación y el crecimiento registrados por estas firmas, la expansión del PBI nominal debiera ser muy superior al relevado por el organismo estadístico oficial.
Que la inflación oficial es una fantasía, a nadie le caben dudas. Y que la economía argentina creció en 2010, es muy cierto. Pero que crecimos a tasas chinas, es cuento. Lo que no es cuento es que el mecanismo de defraudar a unos -bonos ajustables por inflación- es negocio para otros -cupones ajustables por PBI-. Cuento chino, negocio chino.


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