27 de agosto 2014 - 00:00

Crédito privado: sin señales de recuperación

Durante julio la demanda de préstamos privados mantuvo la tendencia declinante que viene evidenciando desde principios de año. De modo que el impacto de las medidas del Banco Central de junio tendientes a incentivar precisamente la demanda de crédito mediante, fundamentalmente, el establecimiento de topes a las tasas de interés activas para prendarios y personales, no fue el esperado. El stock de préstamos privados en pesos creció $ 4.840 millones (1% mensual), a un total de $ 487.957 millones. A nivel interanual, el ritmo de crecimiento se ubicó en el 22,7%, cuando un año atrás lo hacía a una velocidad de casi el 40%.

En agosto, con datos oficiales hasta la primera quincena, parece observarse cierta reacción, principalmente de la mano de los préstamos personales y las financiaciones con tarjeta de crédito. Pero el panorama general no muestra señales de una recuperación ni significativa ni sostenida. Es que el enrarecimiento del contexto micro y macro, y el aumento de la incertidumbre, sin duda desalienta a los tomadores de nuevos créditos. No sólo entra a jugar en la decisión la preocupación por la estabilidad del empleo, sino también la erosión de los ingresos reales del grupo familiar.

Los límites máximos dispuestos a las tasas de personales y prendarios (en el caso de personales las tasas promedio han caído de casi el 45% al 37,5% en dos meses), que no distinguen por plazo ni por tipo de cliente, no hicieron más que reducir la oferta de crédito hacia aquellos plazos más largos y segmentos más riesgosos. Fue así como hasta algunas entidades redujeron sus préstamos a tasa fija y otras directamente eliminaron algunas líneas de crédito, advirtieron en la plaza financiera.

En julio el aumento de los préstamos privados en pesos fue impulsado por el crédito a las empresas por la mayor utilización de acuerdos en cuenta corriente y descuento de cheques. Entre ambas líneas de financiamiento sumaron un aumento de $ 6.825 millones ($ 4.120 y $2.705 millones, respectivamente). En cambio, los préstamos personales crecieron sólo $ 253 millones, el menor aumento de los últimos 60 meses, y los prendarios cayeron $ 170 millones porque los nuevos créditos no llegaron a compensar las cancelaciones.

Pero el gran ajuste se dio en las financiaciones con tarjetas de crédito, donde se observó una caída de $ 3.529 millones en el stock total promedio mensual. En tal sentido, los economistas de Curat, Martínez Larrea y Asoc. explican que el cobro del medio aguinaldo se destinó precisamente a la cancelación de saldos de tarjeta de crédito. Los ingresos reales de las familias caen, pese a las paritarias, y los límites de endeudamiento se agotaron, lo cual obligó a destinar ese dinero al pago de las deudas con las tarjetas. Vale señalar además que la devaluación del peso junto con el mayor costo impositivo coadyuvaron para el derrumbe de los consumos con plásticos en dólares. Es así que las financiaciones con tarjeta en dólares muestran una caída cercana al 50% con relación a un año atrás. En el primer semestre de 2013 las financiaciones promediaban los $ 440 millones mensuales, mientras que este año han bajado a $ 230 millones. Claro que también en un contexto recesivo e inflacionario no debe soslayarse el correlato en el nivel de la morosidad, que si bien aún se mantiene en ratios bajos, ya se hace sentir sobre todo en la cobranza de los préstamos de consumo de los bancos privados. En este caso, el nivel de préstamos irregulares superó el 5% del total. Otra historia es la calidad de la cartera comercial, que se vio beneficiada por el crecimiento de las financiaciones compulsivas a mediano plazo y tasa subsidiada.

Más allá de los deseos oficiales, la recuperación del crédito es determinante para esperar alguna reacción del nivel de actividad, ya que más del 70% de las transacciones que se pactan en la economía se hacen con crédito bancario.

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