3 de marzo 2009 - 01:12

Cristina abrió ciclo lectivo ajena a huelga

Cristina de Kirchner inauguraba el ciclo lectivo 2009 en el paraje salteño La Puntana, con teleconferencia incluida.
Cristina de Kirchner inauguraba el ciclo lectivo 2009 en el paraje salteño La Puntana, con teleconferencia incluida.
Cristina de Kirchner pareció tomarse un respiro ayer en medio del grave conflicto con los docentes de todo el país al abrir formalmente -vía teleconferencia- el ciclo lectivo 2009. En rigor, lo hizo efectivamente para los apenas 9 distritos que lograron superar los reclamos por mejoras salariales, ya que en el resto del país las clases aún no comenzaron.
La Presidente se contactó desde La Puntana, una pequeña localidad salteña ubicada casi en el límite con el vecino país de Bolivia, mediante el sistema de teleconferencia con la ministra de Desarrollo de la Nación, Alicia Kirchner, en el Chaco; con el ministro de Educación, Juan Carlos Tedesco, en San Juan; y con un puñado de alumnos de la Base Esperanza en la Antártida.
Allí, junto al gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, y miembros de su gabinete, pidió perdón a los pueblos originarios «por tantos años de olvido», y afirmó que «el Estado no es Jesucristo, no puede multiplicar los peces y los panes. Necesita, a través de una de las herramientas más importantes en materia de distribución del ingreso, la parte impositiva, gestionar para que una parte de la riqueza que genera y produce un país pueda llegar a todos sus habitantes».
«Hoy, aquí, en este lugar, como esos alumnos y maestros en la Antártida, en el Chaco o en San Juan, estamos construyendo lo que yo digo igualdad de oportunidades para todos los argentinos», expresó.
Propósito
Describió que el establecimiento salteño inaugurado «tiene el doble propósito de colegio y escuela agrotécnica, para dotar de herramientas del conocimiento para que el trabajo junto a la educación sean los grandes ejes para modificar y dignificar la vida de nuestros compatriotas».
Dijo que en lugares en donde «faltan tantas cosas» es donde se entiende «la necesidad de redistribuir el ingreso para lograr una Argentina más justa y más equitativa».
Agradeció la «infinita paciencia de generaciones de argentinos, de pueblos originarios, que esperaron décadas para tener este colegio» y destacó que lo hicieron «sin levantar un puño, sin agravios ni violencia, y sin descalificar».

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